Mar del Plata: el triunfo del cine del Este de Europa

Mar del Plata: el triunfo del cine del Este de Europa

por - Críticas
22 Nov, 2010 01:37 | 1 comentario

Desde hace tiempo que el mapa del cine mundial está moviéndose hacia Europa del Este, prestándole cada vez más atención a esa zona del mundo. Uno podría decir, viendo los premios del Festival de Mar del Plata, que Europa del Este fue la gran triunfadora: salvo esa segunda mención del Premio del Jurado que fue […]

Desde hace tiempo que el mapa del cine mundial está moviéndose hacia Europa del Este, prestándole cada vez más atención a esa zona del mundo. Uno podría decir, viendo los premios del Festival de Mar del Plata, que Europa del Este fue la gran triunfadora: salvo esa segunda mención del Premio del Jurado que fue para “Aballay” lo demás se lo repartieron Polonia (2), Rusia (2), Georgia (1), Serbia (1) y Rumania (1).

Si bien no se puede decir que Mar del Plata se caracterice por estar a la vanguardia en el mundo festivalero, en esta ocasión se dio esa coincidencia, creo yo, por la presencia de dos nombres como Skolimowski y Iosseliani, veteranos más que reconocidos por un jurado que andaba por la misma edad que los realizadores, en promedio. Y por una película como “Silent Souls”, que engancha directamente con ese espíritu del cine ruso de los años 60.

El momento del cine del Este de Europa es innegable, como también lo es lo que, yo supongo, puede ser su rápido olvido. A excepción de Rumania y, en menor medida, Rusia y Grecia, los cineastas de la región no parecen haber quebrado demasiado con las tradiciones previas del cine de “detrás de la cortina de hierro” (esto es, cuando había cortina de hierro).

Skolimowski y Iosseliani no cuentan: filmaban cuando la mayoría de nosotros ni siquiera habíamos nacido. Así que habría que pensar en películas como “Silent Souls” o la serbia “White White World”, que no parecen modificar demasiado las tradiciones que ya nos son familiares de ese cine. Y lo mismo pasa con cineastas húngaros, como Kornel Mundruczó (“The Frankenstein Project”) o el de “Biblioteque Pascal”. Tampoco es demasiado original lo que hace la premiada Jasmila Zbanic (“On the Path”, “Sarajevo, mi amor”), de Bosnia. De hecho, estos dos últimos, junto al rumano Cristian Mungiu (“4 meses, 3 semanas, 2 días”) participaron en un proyecto colectivo titulado “Lost & Found” que estuvo en Mar del Plata unos cinco años atrás.

Por lo cual, salvo excepciones, parece inevitable volver a Rumania como único país que sigue generando nuevos realizadores quqe producen películas originales en el Este de Europa. De haber sido este el cine reconocido en Mar del Plata, la ganadora hubiera sido “Tuesday Alter Christmas”, de Radu Muntean. Pero no fue asi.

Pero Muntean junto a Florin Serban (“Si quiero silbar, silbo”), Cristi Puiu (con “Aurora” y antes con “La noche del Sr. Lazarescu”), Andrei Ujica (la notable “Autobiografía de Ceaucescu”), Corneliu Porumboiu (“Police, Adjective) y otros, conforman, si se quiere, la única escuela de cine del Este de Europa (podrían sumar a la Escuela de Berlín, en cierto punto, tomando en cuenta que algunos realizadores proceden del Este) que está renovando el lenguaje cinematográfico de esa región, más allá de los méritos que películas como las de Iosseliani y/o Skolimowski puedan tener.

Algunas otras, como “How I Ended This Summer”, acaso lo mejorcito del pack ruso que triunfó en festivales este año (las otras son “Silent Souls” y “My Joy”, de Sergei Losnitza) y que estuvo aquí, pero fuera de competencia, se podrían sumar. Y acaso Grecia, con “Dogtooth” y la reciente “Attenberg”, esté planteándose algo propio y original, aunque esas propuestas dejen helados a muchos.

No creo que haya sido ese cambio generacional y/o estético el que premió Mar del Plata. La “movida” hacia el cine de Europa del Este implica algunos cambios pero también el sostenimiento de una serie de indiscutibles grandes nombres (Polanski, Svankmajer, Bela Tarr, Alexei Guerman, y por suerte ya no Kusturica ni el impresentable Mikhalkov) que tornan un poco confusa toda esa moda.

En un punto es una suerte. El cine de Europa del Este no necesitó deshacerse de su pasado para crear algo nuevo (Rumania lidera en la materia porque casi no lo tenía). El tema es si mucho de lo que huele a nuevo, finalmente, lo es. O si se trata, simplemente, de más de lo mismo.