De jurados y festivales: el caso Apichatpong

De jurados y festivales: el caso Apichatpong

por - Críticas
17 Jun, 2011 01:51 | comentarios

La designación de Apichatpong Weerasethakul como presidente del jurado de la sección Orizzonti del Festival de Venecia me resulta interesante para pensar la política de los festivales en torno a la relación entre su programación y sus jurados. Entiendo que, como trabajo para ese festival, algunos de los lectores puedan llegar a tomar mi opinión […]

La designación de Apichatpong Weerasethakul como presidente del jurado de la sección Orizzonti del Festival de Venecia me resulta interesante para pensar la política de los festivales en torno a la relación entre su programación y sus jurados. Entiendo que, como trabajo para ese festival, algunos de los lectores puedan llegar a tomar mi opinión como parcial y/o interesada. Pero creo que es de sentido común. O, al menos, cualquiera que conozca algo de mis intereses cinematográficos, sabrá que eso no cambia nada.

A muchos les sorprendió que el ganador de la Palma de Oro de Cannes acepte presidir un jurado paralelo en un festival en principio considerado menos importante que el francés. Pero creo que ahí está la inteligencia del realizador y la de la organización. En ese gesto no sólo se realza la importancia de esa sección –a la que se le infiere no sólo un peso propio sino que se le define públicamente una cierta búsqueda estética– sino que se advierte la inteligencia y la falta de divismo del realizador, que se ubica en una sección más afín al tipo de cine que él realiza.

Ahora bien, otros podrán decir que esa designación y la consiguiente aceptación ponen a un cierto tipo de cine en una especie de Clase B. Digámoslo de otra manera: con Darren Aronofsky como presidente del jurado, la competencia sería para películas más «convencionales» mientras que con el tailandés al frente de Orizzonti queda en evidencia el carácter «experimental» de la sección y que todo cine, digamos, «difícil» irá a parar allí. Es una mirada válida, en un punto, pero me parece que es un riesgo a correr si se quiere reforzar esa sección.


El caso Apichatpong/Orizzonti debería servir para avanzar en una lucha que a todos los festivales les resulta muy complicada: la de demostrar a cineastas, críticos, prensa, compradores, vendedores, etc, que las secciones paralelas son valiosas, importantes, originales, creativas y ameritan ser tan atendidas como las oficiales por las Palmas, Leones, Osos, etc. Ok, tal vez no a los vendedores, que imaginarán que allí se apelotonan las películas «invendibles» e «incomprables», pero sí a todos los que nos interesa el cine más allá de esos parámetros.

Las competencias oficiales, me parece, se defienden solas en cuanto a convocatoria. Un buen jurado en ellas puede asegurar una premiación más justa e inteligente, pero no cambia demasiado la apreciación de lo que allí se va a ofrecer ni el deseo de la mayor parte de los cineastas de estar allí. Todos saben en general lo que proponen los festivales grandes en sus competencias principales, así que mucho no cambia si es Robert De Niro, Tim Burton, Quentin Tarantino o Aronofsky. Serán mejores o peores los premios, pero no va a cambiar mucho la programación, a excepción de alguna película que parezca puesta para un jurado en especial (como pasó con muchas películas de acción asiáticas que estaban en competición en Venecia cuando QT era presidente del jurado).

Pero la designación de Apichatpong define un estilo como no lo define, para mí, la errada elección de Emir Kusturica como presidente del jurado de UN CERTAIN REGARD en el Festival de Cannes de este año (sí lo era en 2010, con Claire Denis). No estuve allí, pero todos los que vieron las películas aseguran que las premiadas estaban entre las peores. De alguna manera, un buen jurado en una sección paralela le puede agregar o quitar interés a una sección en general, generando una convocatoria que antes no tenía. El pensamiento es sencillo: si eligieron a Apichatpong como presidente del jurado será que tienen películas como la suya, o que le pueden gustar a él. Esto no tiene que ser necesariamente así, pero la sensación existe.

Con las secciones oficiales de los grandes festivales claramente impuestas, lo que se está volviendo difícil para ellos es darle entidad a las paralelas. Cannes perdió mucho con la partida de Olivier Pére de la Quincena de Realizadores, que se desdibujó en los últimos dos años. Eso hizo crecer en peso, atención e importancia a UN CERTAIN REGARD, en 2010, y este año, me da la impresión, a la SEMANA DE LA CRITICA. De cualquier manera, no me imagino que a Bruno Dumont le haya causado simpatía que su película fuera a UCR.

Si lo de Apichatpong no es casual sino una idea a sostener a futuro, me parece que Venecia busca posicionar a Orizzonti en ese lugar que perdió la Quincena y que hoy le disputa Locarno, con Pére a la cabeza: esa parte de los festivales grandes que busca el tipo de películas que habitualmente circulan por Rotterdam, Viena, Bafici y, claro, también Locarno. Especialmente si se toma en cuenta que VENICE DAYS, la sección paralela que cumpliría la función de la QUINCENA en Cannes, se parece más a lo que es la Quincena ahora y no a lo que era con Olivier a la cabeza: una programación sin una identidad demasiado definida.

Estoy convencido que las secciones paralelas tienen que tener una identidad, aunque esto suene limitativo, sectario, «talibán». De otra manera, son Segundas Divisiones, Primeras B o el enorme rejunte del Panorama berlinés (el Forum, en cambio, está más cerca de lograrlo). De hecho, trabajando para el festival italiano, me he topado con más de un realizador que -mitad en broma, mitad en serio- me ha dicho ahora que prefiere ir a Orizzonti que a la competencia oficial. Eso es algo que, desde ya, habla a las claras de lo acertado de la decisión…