El paradigma Campanella

El paradigma Campanella

por - Críticas, Series
18 Jul, 2011 11:21 | comentarios

Debe haber pocos, muy pocos, cineastas en el mundo que, luego de ganar un Oscar a mejor película extranjera, deciden rechazar o dejar pasar las propuestas para trabajar en Hollywood. Y si el Oscar, encima, es seguido por una comedia para televisión en su propio país –tal vez el género menos exportable de todos-, el […]

Debe haber pocos, muy pocos, cineastas en el mundo que, luego de ganar un Oscar a mejor película extranjera, deciden rechazar o dejar pasar las propuestas para trabajar en Hollywood. Y si el Oscar, encima, es seguido por una comedia para televisión en su propio país –tal vez el género menos exportable de todos-, el caso de Juan José Campanella debe ser único en la historia.

Si bien es cierto que una superproducción animada de altísimo presupuesto y dirigida por él avanza con destino de tanque del futuro (METEGOL), el plan post Oscar de Campanella fue de muy bajo perfil: TV educativa, Academia de cine local y otros trabajos que se podrían llamar chicos. El 90 por ciento de las personas, con una oportunidad como la suya, agarra alguna buena oferta y/o una digna película de Hollywood (imagino que, más allá de la secuela de Los 4 fantásticos, el guión de algún thriller más o menos pasable le habrá llegado por FedEx) y “si te he visto no me acuerdo”.

Pero no Juan. Su caso daba fácilmente para eso ya que el hombre no sólo es un fan del cine clásico de Hollywood, sino que vivió en los Estados Unidos, ya dirigió películas y series allá, habla bien inglés y además del Oscar, EL SECRETO DE SUS OJOS fue un éxito de público (dato no menor en Hollywood), etc, etc, etc. Era el candidato perfecto para la mudanza. Demasiado perfecto.



Juan prefirió quedarse acá. No es la idea de esta columna “psicoanalizar” a Campanella. Lo que sí podemos decir, por conocerlo, entrevistarlo y leer entrevistas que le han hecho, es que el hombre no disfruta de vivir en Los Angeles, ya vivió las complicaciones de una producción estadounidense, lo movilizan más las historias locales y que, si la cuestión es ganar dinero (algo que moviliza a buena parte de los que se van), prefiere hacerlo dirigiendo episodios de series de televisión allá, y no cine. Sabe que ahí no puede ni cambiar una coma ni un plano de lo que está escrito, pero no le molesta como sí le molestaría en las películas. Pocas filmografías dejarán en claro cuál episodio de LA LEY Y EL ORDEN: SVU dirigió Juan. Es trabajo y punto. Sus motivaciones creativas (y su familia, claro) están aquí.

Leía ayer que tampoco está demasiado motivado para escribir o filmar acá, lo cual nos lleva a otra etapa, inesperada, de alguien que de distintas maneras ha tenido una carrera prolífica entre películas, series, especiales y otras cosas. Me daba la impresión, leyendo la entrevista de Mariano Kairuz ayer en Radar, que estaba entre desganado y descontento con algo. O, simplemente, falto de ideas.

Todo eso nos lleva a EL HOMBRE DE TU VIDA, la ficción que debutó anoche por Telefe con una muy buena audiencia gracias también a la reunión con Guillermo Francella, estrella incuestionable del medio. Me falta trajín en ficción televisiva argentina (no veo nada, ni unitarios ni novelas ni ningún híbrido) como para tener un contexto con el que medirlo. Los únicos que tengo son cinematográficos y, en el caso de la TV, series norteamericanas, aunque no las suficientes tampoco. Digo, hay gente que la comparó con HUNG, serie que conozco de nombre pero jamás vi.

ATENCION: ESTE PARRAFO CONTIENE LOS TEMIDOS SPOILERS! La premisa es simple pero, extrañamente (Campanella es un gran narrador y editor) se le torna algo confuso explicarla. Es un capítulo presentación en el cual el personaje principal, Hugo (Francella), termina aceptando ser parte de un servicio de citas organizadas por teléfono por la madrina de su hijo (Mercedes Morán), cuyo objetivo es, al costo de ocho mil pesos (¿no será mucho?), presentárselo a distintas mujeres solas con las que deberá fingir empatía y conquistarlas. Luego, la idea es dejarlas unas semanas después con una excusa que, da la impresión, será del tono de la que se usó en el primer episodio: la de su mujer internada al borde de la muerte. Algo que, de salir bien las cosas, haría “ganar” a todos: dinero para la empresa, autoestima levantada para la mujer, y así…

La serie tiene elementos ya prototípicos del mundo Campanella: la mezcla de costumbrismo con un guión aceitado y repleto de “one liners” a la americana, el personaje llevado a un dilema ético/moral del que le costará salir, un “romance” oculto en segundo plano (entre él y Mercedes Morán), la idea de las traiciones y engaños, una relación extraña con la Iglesia (el rol de Luis Brandoni se acerca a lo que se vio en EL HIJO DE LA NOVIA) y así.

A eso hay que sumarle solidez actoral en la mayoría de los casos, rubros técnicos impecables y todas las obviedades que ya no hacen falta decir, y menos en un producto de Campanella. Inclusive es muy suya una de las cosas que no me gustaron del episodio: la utilización de la música.

Es un episodio de presentación, con todas las complicaciones que eso implica, por lo cual no conviene escribir nada parecido a una crítica hasta que el asunto cobre su ritmo interno. Es cierto que cualquiera que ve todo lo que sale por TV abierta en el prime-time podrá decir que lo de Campanella le saca tres cuerpos de ventaja. Yo no lo dudo. Es por eso que no suelo ver ficción televisiva en los canales abiertos.

Si es o no mejor que la ficción local no lo se, y tampoco mucho me importa. En principio, EL HOMBRE DE TU VIDA me dejó una sensación mixta: fue un poco menos interesante de lo que esperaba, pero a la vez me dejó con ganas de seguir viéndolo, ver cómo evoluciona, para donde va. Tal vez, menos por la ficción en sí y más para seguir entendiendo la carrera, el mundo y las elecciones de Juan, una persona cuyo cine siempre me interesa (hay películas que me gustan bastante, otras menos) y cuya figura es relevante en el ámbito cinematográfico local. Además, claro, porque me interesa seguir pensando las relaciones entre cine y televisión (sobre las que tanto se habla últimamente) y las que existen entre los relatos cortos de la primera y los extendidos de la segunda.

Pensando en la extraña pero más que respetable decisión de Campanella de no ir a Hollywood a pelear en las grandes y pantanosas ligas de allá me acordaba de dos personas que comparten, para mí, algo similar a él: Viggo Mortensen y David Nalbandian. En los tres veo algo que me llama la atención, la sensación de que son personas que podrían apostar (o haber apostado) a llegar a lo que se supone es “lo más alto” de una carrera, y que han preferido hacer un camino algo más cercano a sus sensibilidades aún a costa de réditos económicos.

Tras EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, Viggo rechazó casi todo tanque que se le ha presentado, eligiendo muy bien por el prestigio de trabajar con David Cronenberg o en el cine extranjero, donde gana menos y tiene menos repercusión, pero se siente más a gusto. David, en lo suyo, se me hace parecido: tenía el talento para ser número uno del ranking, pero me da la impresión de que le alcanza con ser lo que es y ganar lo que gana, y que no está dispuesto a sacrificar su vida (familia, amigos, asados, lo que sea…) por esa carrera desesperada, seguramente enloquecedora y físicamente brutal.

¿A Campanella le pasará igual? Por lo poco que lo conozco me parece que algo de eso hay. Le sienta bien estar acá por distintos factores, sabe que tiene más libertad en términos laborales, y no desespera por altísimos contratos, prefiriendo la comodidad de los otros aspectos y, claro, sabiendo que igualmente no va a pasar hambre… Tal vez me estoy equivocando y proyecto cosas en él que no están. Como muchos otros, obviamente, este texto quizás hable más de mí que de otra cosa.