La competencia del Festival de Venecia y el crítico de Variety

La competencia del Festival de Venecia y el crítico de Variety

por - Críticas
29 Jul, 2011 10:17 | comentarios

Ayer se anunció la programación completa de la competencia del Festival de Venecia (ver aquí) y la aprobación de todos fue inmediata. No recuerdo haber leído ni un solo texto en contra o crítico de la selección, lo que me preocupa un poco. Es cierto, uno lee los títulos a ser presentados y los directores […]


Ayer se anunció la programación completa de la competencia del Festival de Venecia (ver aquí) y la aprobación de todos fue inmediata. No recuerdo haber leído ni un solo texto en contra o crítico de la selección, lo que me preocupa un poco. Es cierto, uno lee los títulos a ser presentados y los directores en juego y parece haber un balance casi perfecto entre autores populares, cineastas de renombre, algunos directores de más riesgo, un touch de cine asiático, en un todo aparentemente perfecto. Pero yo me permito sembrar alguna duda.

En principio, me asombra el dominio “angloparlante” de la selección y la predominancia del “autor accesible” que hay en la contienda, entregando casi un programa armado al gusto de las Variety, Screen y demás revistas similares. Me da la impresión de que no habrá errores ni excesos, nadie saldrá herido de la batalla y muy probablemente todos estemos contentos y volvamos sanos y salvos a nuestras casas, pero no estoy del todo seguro de que me cierre esa idea. Creo que los festivales deberían ejercer una cierta presión y exigencia sobre el espectador. De otra manera sería un festival de preestrenos, y para eso está el “inclusivo” Toronto.

No me molestan los errores ni los bochornos en las competencias. Prefiero toparme con un desconocido que hizo un filme intragable que confirmar que William Friedkin ya no filma como antes. Tal vez no sea así, pero: ¿qué descubro sabiendo que el tipo hizo una película buena y/o competente?Entiéndase: tal vez la programación sea excelsa y los nombres están ahí para probarlo (Cronenberg, Polanski, Ferrara, Friedkin, Garrel, McQueen, Arnold, Clooney, Alfredson, Lanthimos, Sokurov, Satrapi, Solondz, Sion Sono), pero a la vez siento que bordea el Grandes Exitos del Cine de Hoy. Parte de la lógica de un festival debería ser torcer ese rumbo directo al bronce, apostar a descubrir algo, una zona inédita, una cinematografía, un estilo, un tema, un movimiento.


Tal vez sea una gran competencia y un gran festival. De hecho, estoy casi seguro que lo será: todos quedaremos contentos. Estas jugando con un seleccionado de grandes nombres y tiene que ser una catástrofe como para no salir más o menos hecho. Pero me parece que el desafío debería ser otro: abrir un poco la cancha, apostar a un grado de riesgo, a una zona insegura, ese espacio que todo festival debe tener y al que yo llamo: “fastidiemos al crítico de Variety”. Acá no lo veo fastidiable en casi nada (Sion, tal vez, o si algún conocido la pifia feo), y si no fastidiamos al crítico de Variety un par de veces algo no funciona.

Se me dirá que para eso está Orizzonti, pero no estoy seguro de que eso sea así. Primero, porque la apuesta de Orizzonti es otra: allí se generó un espacio, admirable, para un cine experimental, en los márgenes, en donde lo que se pone en disputa es el cine narrativo, sus sistemas, su lógica, su formato. Orizzonti me parece una sección de identidad propia y -por más que no siempre coincida con las elecciones que ahí se hacen- en principio es bastante lograda: medios, cortos, documentales, experimentos, videoarte, etc. No es “el Nacional B” de la Competencia: es otra cosa.

Yo tengo la impresión de que el éxito del festival ya está asegurado y que los “medios de la industria del cine” aprobarán las películas aun más de lo que merecen solo para festejar la decisión de programarlas así, con una competencia que “no fastidie al crítico de Variety” y un Orizzonti al que el crítico de Variety no irá (bah, si irá, pero lo hará alguno que sabe lo que va a ver allí y no se fastidiará fácil), y en donde las reglas y distinciones sean claras y no haya lugar para la equivocación o el error.

El problema, para mi, es que sin ensayo y error nada cambia. Sin error, sin riesgo, el espectador no se sacude ni se altera. Y eso, me temo, ya existe. Se llama cartelera comercial.