Festival de Venecia Parte 1: las películas que nunca llegarán

Festival de Venecia Parte 1: las películas que nunca llegarán

por - Críticas
24 Ago, 2011 11:06 | 1 comentario

En unos días viajo para Venecia, a trabajar en el festival y cubrir para Clarín y este blog (dentro de lo humanamente posible, claro), y una de las cosas que habitualmente se hace antes de emprender un viaje de este tipo es consultar con las distribuidoras locales para saber cuáles de los títulos que van […]

En unos días viajo para Venecia, a trabajar en el festival y cubrir para Clarín y este blog (dentro de lo humanamente posible, claro), y una de las cosas que habitualmente se hace antes de emprender un viaje de este tipo es consultar con las distribuidoras locales para saber cuáles de los títulos que van a estar en un evento así llegarán a la Argentina. Hay dos motivos para eso: por un lado poder saber qué títulos el espectador local podrá, tarde o temprano, ver. Y, por otro, la posibilidad de gestionar entrevistas a través de los distribuidores, ya que muchas veces (especialmente en las películas medianas/grandes para un festival), sólo a través de las compañías se pueden gestionar notas individuales y/o grupales, más allá de la habitual conferencia de prensa que ofrecen los festivales.

Uno podría pensar, por la cantidad de nombres y títulos que hay en Venecia 2011, que serían muchas las ofertas y películas ya compradas para la Argentina. Pero no. Son pocas, muy pocas. Apenas un puñado. De hecho, ni siquiera EL ARBOL DE LA VIDA, de Terrence Malick, ganadora de la Palma de Oro en Cannes, está comprada para la Argentina y por sus derechos continúan peleándose algunas empresas. Esto llama más la atención cuando se reciben los LINE-UPS que cada agencia de prensa maneja en los festivales. Allí cada «public relations agency» ofrece su listado de películas y directores/actores para entrevistar. Están los que no ponen restricciones (digamos, los no demasiado conocidos y que necesitan publicidad mundial) y los grandes o medianamente grandes que no andan regalando entrevistas así como así.

Viendo esos listados me topé con algo que cada vez es más notorio, especialmente si uno lleva ya varios años girando por festivales. Cada vez son menos las películas adquiridas para la Argentina -o para toda América latina- mientras que otros países que uno en principio podría considerar no tan «cinéfilos» como el nuestro, ya las ha adquirido para distribución. Es por esto que uno tiene más dificultades en acceder a ciertas entrevistas, digamos, que un periodista de Tailandia, Líbano o Portugal, ya que esos países sí han comprado los derechos de distribución de determinadas películas. Y nosotros no.


Explicar cómo funciona el tema de la distribución y la prensa es un asunto bastante complejo que excede este post (digamos, simplemente, que nadie regala nada para hablar con vos porque le caíste simpático, salvo casos muy específicos), pero lo que quería remarcar acá es lo poco, poquísimo, que se está comprando de las películas que participan de festivales internacionales. O, al menos, lo poquísimo que se compra en la etapa de guión, preproducción o rodaje. Da la impresión que los compradores prefieren esperar, jugarse a ver cuál es la recepción que cada película tendrá y salir a negociar precios recién allí. Esa apuesta puede ser buena si la recepción de la película no es gloriosa (los precios bajan, aunque también es cierto que baja la expectativa comercial), pero también puede ser terrible fracaso si no compraste una película chiquita y al otro día termina ganando la Palma de Oro y el precio se quintuplica.

Esto sirve también para explicar otra paradoja económica que seguramente los distribuidores, que tienen los números mucho más claros que yo, podrán explicar mejor. Una de las cosas que se suele hacer para conseguir precios más bajos es esperar. Esperar que pase la locura, la moda, que bajen los precios, que los vendedores internacionales se calmen y ya no les caliente tanto unos miles de dólares más o menos que puedan llegar de un mercado lejano y menor como cada vez más es la Argentina. Eso sucede a menudo (los formalismos contractuales son variables), pero finalmente lo que sucede es que el distribuidor local paga mucho menos dinero si compra una película mucho tiempo después, recibe el negativo varios meses más tarde y termina estrenando el filme, no se, un año o más de un año después de su debut internacional.

Esta «regla» bastante común hace ya muchos años se está convirtiendo en problemática por un motivo muy evidente: la piratería. El estreno «day and date» mundial (todo el mundo el mismo día) que implementaron los grandes estudios de Hollywood al menos para sus películas importantes, y la relativa brevedad con que llegan títulos medianos (piensen en QUIERO MATAR A MI JEFE, estrenada aquí algunas semanas después que en los Estados Unidos) hace que el estreno «un año después o más» de ciertas películas las obligue a enfrentarse a su propia piratería en internet. Esta semana pasa con EL AMANTE, estrenada hace dos años en Venecia, y BALADA TRISTE DE TROMPETA, que pasó por ese mismo festival en 2010. Y en breve se anuncia ANOTHER YEAR, de Mike Leigh, un Cannes modelo 2010. Es decir, casi un año y medio atrás.

¿Qué sucede? Los fans de Alex de la Iglesia ya la bajaron hace meses de internet (ni subtítulos precisan) y los más arties de películas como EL AMANTE pudieron también hacer lo mismo, o comprarla en ese videoclub que siempre consigue algo trucho «para la dama y el caballero» del barrio. Eso, claramente, implicará en una merma de espectadores a la hora del estreno, con los consiguientes balances periodísticos que juzga y condena: ya nadie quiere ver otro tipo de cine que no sea el norteamericano. El que se analiza es el consumo público, el privado es inmanejable…

No voy a ser estúpido ni negar que el interés por ver a Jennifer Aniston en ropa interior debe ser mucho mayor que toparse con los borrachines ya intragables de Mike Leigh, pero si sumamos que los últimos tuvieron mucho más tiempo por circular online, la proporción crece aún más. La pregunta que me hacían y me hago es ésta: ¿la diferencia de precios por comprar y estrenar una película un año o un año y medio después es tan grande como para aceptar que esa demora redunde en una pérdida importante de espectadores? ¿O será cuestión de reanalizar el negocio?

Más allá de que MEDIANOCHE EN PARIS funcionó mejor en todo el mundo que, por ejemplo, WHATEVER WORKS, de Woody Allen, ¿no tuvo que ver también el meritorio esfuerzo de estrenarla al toque de su explosión mundial y no dos años o más después? Seguramente MEDIANOCHE podría haber sido más barata si se traía en 2013, ¿pero cuántos espectadores habría perdido así? Supongo que los especialistas en cifras que leen podrán explicarme esto mejor.

Sé de primera mano que muchas veces las demoras en los estrenos no se debe sólo a decisiones de comprar tarde y/o barato. Muchas veces esas películas pequeñas no consiguen salas dignas de estreno porque están todas ocupadas por los tanques y no tan tanques de Hollywood, por lo que el ya importante retraso inicial, crece, crece y sigue creciendo. La falta de salas alternativas es otra clara señal preocupante: las películas no se compran porque no tienen siquiera donde exhibirse de una manera digna a la que el público pueda acceder a verlas.

Sé que usar a Woody Allen en defensa del cine arte es un poco tramposo de mi parte ya que no sólo no me gustó la película, sino que tampoco creo que califique como cine arte, pero el éxito de  MEDIANOCHE deja en claro que hay un público potencial fuerte para algunas películas alejadas de la norma. ¿Es el huevo o la gallina, entonces? Los distribuidores suelen sacar lápiz y papel y ser muy convincentes a la hora de mostrar porque no dan los números para estrenar como uno desearía. ¿Pero porqué sí pueden hacerlo israelíes, brasileños, neocelandeses y polacos? Supongo que tendrán mejores arreglos, pagarán menos dinero, tendrán algún subsidio estatal o algo por el estilo. Eso, que tampoco está funcionando del todo bien en la Argentina, sumado a la presencia permanente de tanques, hacen que esas otras opciones desaparezcan, o lleguen a las salas cuando todos ya la pudimos ver online o en manos del mantero de la cuadra.

¿Hay solución a eso? ¿Alguien pensará, cuando vea las cifras de EL AMANTE, que probablemente mucha más gente ya la vio online y que la cifra real debería ser, no se, el doble o el triple de la que reporta ULTRACINE? Difícil, complicado. Por mi parte, seguiré viendo cómo las películas llegan a los festivales, viajan por los festivales, algunas de ellas se alcanzan a ver apelotonadas a lo largo de diez días en el Bafici y luego siguen viaje, aterrizando en muy pocos países. Argentina, para usar la jerga de otro negocio, es un puerto de paso…