Honestidad brutal: una mirada sobre la sitcom «Louie»

Honestidad brutal: una mirada sobre la sitcom «Louie»

por - Series
09 Ago, 2011 04:25 | comentarios

Hasta hace unas pocas semanas no sabía quien era Louis C.K. Y tampoco sabía lo que era LOUIE, la serie que protagoniza, escribe, dirige, edita, produce y, probablemente, haga el catering con pizzas y cervezas. Su nombre era uno de esos tantos con los que uno se topa leyendo revistas internacionales, pero por algún motivo […]

Hasta hace unas pocas semanas no sabía quien era Louis C.K. Y tampoco sabía lo que era LOUIE, la serie que protagoniza, escribe, dirige, edita, produce y, probablemente, haga el catering con pizzas y cervezas. Su nombre era uno de esos tantos con los que uno se topa leyendo revistas internacionales, pero por algún motivo jamás le presté atención. Lo descubrí, con prejuicio y cierto fastidio, cuando leí las nominaciones a los Emmy a mejor comedia y descubrí que una sitcom llamada LOUIE estaba entre las nominadas. El fastidio vino porque me imaginé que era alguna serie idiota que estaba ocupando el lugar que para mí merecía COMMUNITY, otra joyita de la comedia televisiva estadounidense, aunque en una veta muy distinta.

Los favorables comentarios de colegas, compañeros y amigos que ven todas las series existentes me alentaron a probar. Cosa que hice, en lo que significó también mi debut en Cuevana, un sistema que hasta ahora había evitado pero que demostró ser bastante más «gauchito» y de mejor calidad que lo que imaginaba (el tema «calidad de Cuevana» lo dejamos para otro post). Fue hace unos días, y todavía no paré. Vi unos 8 episodios de la primera temporada, eso derivó en ver un documental sobre Louis C.K. (en realidad, un concert movie, un unipersonal suyo) y esto se transformó en una búsqueda por youtube que me remontó hasta videos de 1987 (pasando por una actuación en el show de David Letterman en 1995 que derivó en que Louis terminara en una lista negra que recién se «rompió» la semana pasada), una exploración acerca de la canción del programa (una versión excelente de BROTHER LOUIE, escrita por Hot Chocolate y popularizada por Stories en los ’70, y en la serie interpretada en una nueva versión por el cantante de esa banda, Ian Lloyd) y varios etcéteras más.

Pero vayamos a LOUIE, la serie, y a Louis C.K., su creador y protagonista. Una frase sencilla podría resumirla como un «Seinfeld neorrealista». O bien, como si Seinfeld hubiese vivido y su serie se hubiese hecho en los ’70 y no en los ’90. LOUIE tiene esa estética sucia, callejera, casual, que remite tanto a Taxi Driver (escuchar la música, la tipografía de los créditos, el look de los exteriores) como a cierto cine indie «cassavetiano» de ayer, de hoy y de siempre. Como Seinfeld, Louie es un stand up comedian, e incluye en su programa escenas de sus actuaciones en vivo. Lo hace más que Jerry, que sólo abría y cerraba así. Louis C.K. puede abrir o no, arrancar en el medio, volver en cualquier circunstancia, casi como un comentario, un coro permanente, de lo que pasa «en la ficción».



Louie, el personaje, se dice y se promueve, es una versión no demasiado ficcionalizada de la vida real de Louis C.K. Un tipo de 42 años, recientemente divorciado, con dos hijas chicas, con la frustración de tener que salir de nuevo al mundo del «levante», ya sin fuerzas ni paciencia ni estado físico, y con las cotidianas circunstancias que atraviesan su vida. A diferencia de Seinfeld (o de Larry David, que en CURB YOUR ENTHUSIASM explota una veta parecida pero más judía, neurótica y de comedia irreverente más clásica), LOUIE casi no envuelve sus circunstancias en plots redondos donde todo choca con todo y un auto mal estacionado en la primera escena termina siendo el punchline de la última. Al menos hasta donde yo llegué (en el último capítulo aparece algo más ostensiblemente guionado), lo que sucede es nimio, cotidiano, banal e intrascendente, pero a la vez es central a la vida de muchas personas. O al menos eso siento yo, ya que muchas de las cosas que a él le suceden -o dice, o piensa- son similares a las que me pueden pasar a mí.

El humor surge de una reunión de colegio, de un encuentro con su madre, de la relación con su hermano, de una chica que molesta en su show, de un viaje a actuar en el sur («She’s a big fan of yours», le dice el hermano pesado de una fanática catatónica) y cosas por el estilo. Es, en cierto sentido, un regreso a las primeras temporadas de SEINFELD, en los que la estructura de relojería absurda no estaba tan aceitada, las escenas eran más largas y parecían improvisadas, y las disputas y hasta agresiones verbales surgían como si tal cosa. Louie tampoco tiene, lo que se dice, amigos como los de Seinfeld. Tiene colegas, con los que se encuentra de vez en cuando, va a un excéntrico terapeuta, está su hermano y alguna chica que reaparece cada tanto. En el «delivery» de sus bromas, hay algo de LOUIE que es más británico que estadounidense, pero la angustia del tipo psicológico que expresan dejan en claro que es un producto y un personaje típicamente neoyorquinos.

LOUIE no tiene aplausos, está filmada de una manera casi torpe (dirige el propio actor) y tiene dos características que la hacen, para mí, imperdible. Por un lado, que bajo la pátina de humor un poco agresivo hay una figura triste, querible y melancólica que casi nunca sobreactúa su propia brillantez. De hecho, hasta da la impresión de que los chistes son escritos por otros, ya que a él siempre le gusta mostrarse más «loser» de lo que seguramente es. Y ver la serie genera un fenómeno raro, al menos en la comedia televisiva: la risa y la identificación generan en el espectador una suerte de introspección profunda. La broma es la válvula de escape de un comentario certero sobre una generación determinada en un punto específico de sus vidas.

Para los que sienten que Woody Allen se ha vuelto demasiado obvio, reiterativo, «safe» y poco original, el humor de Louis C.K. deja en claro la posibilidad de que se puede seguir explorando esa veta de una forma novedosa y no siempre ofensiva en el sentido más gratuito, irónico y facilón (vean, sino, la ejemplar discusión sobre la palabra «faggot» en una mesa de poker de comediantes). Larry David será su versión más judía y explosiva (extrovertida, políticamente incorrecta pero finalmente casi surrealista), y ante eso LOUIE se asoma como real, demasiado real. Graciosísima, autoparódica, tierna (la relación con sus hijas es un punto clave), zarpada e increíblemente realista, es para mí el descubrimiento cómico del año.

Me faltan muchos episodios para ponerme al día. Espero que no me decepcione. ¿Los que la ven qué opinan? ¿La magia se pierde en la temporada dos?