Diario de Venecia: Pacino, Akerman, Sigur Ros, McQueen, Crialese, Solondz

Diario de Venecia: Pacino, Akerman, Sigur Ros, McQueen, Crialese, Solondz

por - Críticas
05 Sep, 2011 09:20 | comentarios

Algo le pasó a Al Pacino. Estoy seguro. No sé bien qué, pero algo le pasó. No digo que haya perdido la razón, pero un par de jugadores le expulsaron en estas últimas décadas. Lo que no me quedaba claro hasta ver WILDE SALOME es lo gracioso que podía llegar a ser este personaje absurdo […]

Algo le pasó a Al Pacino. Estoy seguro. No sé bien qué, pero algo le pasó. No digo que haya perdido la razón, pero un par de jugadores le expulsaron en estas últimas décadas. Lo que no me quedaba claro hasta ver WILDE SALOME es lo gracioso que podía llegar a ser este personaje absurdo que hoy responde al nombre de Pacino. Que lo hayan llamado para hacer de Phil Spector en una película es una elección de casting ideal: cuando filmó WILDE SALOME ya estaba idéntico, con esos pelos parados que tiene o aplique o lo que sea. Podría ser Liberace o algún personaje así. Se ha vuelto «camp» a todo trapo.

Tal vez su peinado explique su fascinación por Oscar Wilde. Al menos es el dato más claro que deja la película. Por lo demás, no se entiende que se haya metido en un proyecto complicado para explicar por qué SALOME es tan fascinante cuando alcanzaba con hacer actuar a Jessica Chastain contra cuatro muñecos. Dice que Jessica lo inspiró a hacer el filme: debería haberse dado cuenta que no hacía más falta que filmarla. Si bien no te explica todo sobre Oscar Wilde, te transporta a otra dimensión que la extraña película que Al le arma alrededor no alcanza a hacer desaparecer.

No soy de los que recomiendan una película por una actuación, pero acá voy a hacer una excepción. Chastain ya venía muy «hypeada» de Cannes, con TREE OF LIFE y TAKE SHELTER, pero lo que vi acá confirma que es un monstruo actuando… y que no está nada mal tampoco. Su actuación en la puesta de Salomé (cuando baila, cuando pide la cabeza de Iokanaan, todo, bah) le da vida a una película que es un mix de 200 cosas (cine, teatro, documental, backstage, ego-trip), algunas de las cuales están bien y la mayoría son bastante básicas. O berretas.



No he visto tantas películas de Chantal Akerman, unas cuatro, calculo, incluyendo JEANNE DILMAN, NEWS FROM HOME y D’EST. En un festival, hace unos once años, vi LA CAPTIVE y no me gustó nada, y desde ese entonces no me interesó seguir explorando mucho más. Sabía que seguramente me equivocaba y ahora lo comprobé con LA FOLIE ALMAYER, su primera película de ficción en como siete años, que logra transportarte hacia Malasia en una época indefinida que sólo notamos que es el presente en dos escenas.

Es una muy libre adaptación de la novela de Joseph Conrad y, característicamente, Akerman mantiene su estética de planos largos y sostenidos, sus movimientos casi coreográficos en el cuadro, sus planos fijos del rostro de Nina, la hija de Almayer, la mujer de raza mixta a quien envían a una «boarding school» para que aprenda a actuar como una europea. Akerman logra meterte en ese clima pantanoso, opresivo, denso, que recuerda al que consiguió Coppola en APOCALYPSE NOW, con sus historias de «traders» europeos mezclándose con los nativos y enfrentados en una lucha cultural entre su propia historia y la local. Todo esto, sazonado con canciones interpretadas por Elvis Presley. Sí, no pregunten…

Una corta entrada para INNI, un documental pequeño sobre un show en el Alexandra Palace, 2008, de la banda islandesa Sigur Ros, que estaba en la función (con excepción del cantante). Blanco y negro, baja resolución de imagen pero excelente sonido, la película es muy diferente a HEIMAT. En vez de mostrar a la  banda en relación a Islandia y la naturaleza, lo hace en función de la relación de su música con la psicodelia del primer Pink Floyd. Hay un efecto similar al de esas películas de Peter Whitehead de los ’60, aunque se queda corto en ambición, ya que nunca sale de al lado del show. Lo que me jugó en contra fue darme cuenta de que ahora la banda no me interesa tanto como cuando la descubrí, unos 8/9 años atrás…

SHAME, de Steve McQueen, arranca tan pero tan bien que cuando uno la termina de ver no puede evitar sentirse decepcionado por el recorrido de la película. Por suerte, ya con un tiempo de madurada, la película se puede pensar en su totalidad y valorar como una de las más interesantes vistas en los primeros días de Venecia. Pero es cierto que al verla te descoloca. Arranca de manera brillante, rigurosa, mostrando todo el talento que tiene McQueen para la composición y para contar miles de cosas con un par de planos, pero luego va agregando contenidos dramáticos que le van restando poder al filme, desde la hermana que encarna Carrey Mulligan (más un «plot development» que un personaje) y el que llamaríamos «tercer acto», donde la vida de este hombre solitario, que vive una intensa vida sexual pero sólo con pornografía prostitución, se desarma de una manera poco digna para lo que se venía contando.

Pasado el fastidio de las trampas narrativas en las que cae McQueen, uno no puede dejar de apreciar momentos y escenas increíbles que tiene el filme, en especial la relación de Michael Fassbender con una chica negra que trabaja en su empresa (la escena de la cena con ella es notable), la que tiene con su jefe, y otras escenas sueltas como su carrera por Nueva York o algunos de sus «levantes» nocturnos. Pero la película descoloca: tras una escena notabe va otra banal, tras un apunte sobrio e inteligente viene otro moralista o melodramático. No se entiende muy bien adonde quiere llegar McQueen cuando se vuelve medio «Taxi Driver» sobre los espectadores. La película merecía otro recorrido, no caer en manos de una guionista profesional que transforme todas sus notas y apuntes en «significados» claros y precisos.

No debería perder mucho tiempo en escribir sobre TERRAFERMA, de Emmanuele Crialese. Me tienta, de jodido que soy, pero no vale la pena. Nunca la van a ver y está bien que así sea. Estas películas no tienen mucha vida fuera del mercado local…

Respecto a Todd Solondz y a DARK HORSE habría que establecer algunas bases. A mí me gustó mucho WELCOME TO THE DOLLHOUSE y HAPPINESS. De allí en adelante, no sé si Solondz se empezó a repetir o si yo me empecé a cansar de su sistema, pero su cine empezó a interesarme cada vez menos. Cada tanto hay momentos que me recuerdan por qué me gustaba -como el que abre esta película-, pero al rato vuelve el otro –el cineasta de la humillación, el de la crueldad y la burla fácil, el impiadoso que castiga–, y se me acaba la risa. Me podrán decir -y yo me lo decía a mí también- que él es parte de esos burlados, que se identifica con esos losers a los que maltrata en sus películas, pero ese es un análisis que se puede hacer hablando con él o conociéndolo. La risa que surge al ver a sus personajes es pura y exclusivamente una risa de superioridad.

Aquí cuenta la historia de un treintañero que vive con sus padres, trabaja en la empresa familiar y no he hecho nada con su vida, que se enamora de una depresiva que le da bola, básicamente, porque no tiene ni fuerzas para decir NO a nada. Le va mal, claro, una y otra vez, con todo, y él sigue para adelante, tanto en el mundo real como en el que se imagina, como si nada pasara, sin registrar que el mundo le da vuelta la cara, y esperando algún grado de simpatía del espectador a partir de una pintura desagradable del resto de los personajes. No la hay -es cierto, Solondz no victimiza a sus perdedores, los hace merecedores de su «loserdom»- con el protagonista. Tampoco empatía. Es un imbécil rodeado de otros imbéciles a quienes les pasan cosas imbéciles para los que creemos no ser tan imbéciles nos matemos de la risa con lo imbéciles que son los demás. Eso, creo ahora, resume la película.

No hay reflexión sobre el tema (la había en STORYTELLING, hasta un punto en LIFE DURING WWAARTIME). Aquí es como si quisiera volver al humor cruel de su primer cine pero le salen una serie de chistes malos. Un buen elenco y algunos momentos ingeniosos sueltos por ahí, la levantan de tanto en tanto, pero el chiste sigue siendo el mismo de siempre, en su costado más básico, y ya mucho no se sostiene.