Diario de Londres 2: Bruno Dumont, Jeff Nichols, Sean Durkin

Diario de Londres 2: Bruno Dumont, Jeff Nichols, Sean Durkin

por - Críticas
23 Oct, 2011 07:58 | 1 comentario

Muchas películas juntas y poco tiempo para escribir sobre ellas. Este es el primer simple balance que puedo hacer desde Londres. A diferencia de otros festivales grandes (Cannes, Venecia, Berlín, Toronto, etc.), el de Londres no tiene la urgencia del día a día –casi todas las películas se vieron ya en otros lados-, y el […]

Muchas películas juntas y poco tiempo para escribir sobre ellas. Este es el primer simple balance que puedo hacer desde Londres. A diferencia de otros festivales grandes (Cannes, Venecia, Berlín, Toronto, etc.), el de Londres no tiene la urgencia del día a día –casi todas las películas se vieron ya en otros lados-, y el continuo andar por las salas de la ciudad no deja demasiado tiempo para sentarse a escribir sobre los filmes.

Además, este festival me está sirviendo como “recuperatorio” de lo que no vi en el año. Al no haber ido a Cannes, me quedaron varios títulos de allí en el “tintero”, y también algunos otros que pasaron por Toronto o San Sebastián, pero no fueron a Venecia. Sobre todos ellos se reportó ya antes (acá al lado, en otroscines, sin ir más lejos) y de muchos de ellos se volverá a hablar cuando se estrenen, por lo que no siempre es bueno, por cuestiones de urgencia, escribir rápido y breve. Mejor dejar madurar las películas e ir de a poco. Así que vayamos empezando, de a poco, a desentrañar el festival de Londres.

Como introducción, un breve párrafo sobre el festival. Sigue siendo un enorme “supermercado” del cine en el que entra de todo, pero para los habitantes de esta ciudad es la gran oportunidad anual de ver muchas películas a las que no accederán de otra manera. Se mezclan, claro, preestrenos sponsoreados con el cine más “arty” en una mezcolanza no siempre saludable, pero me parece que tiene su lógica en una ciudad como ésta, que busca tener su espacio de encuentro con el cine, aun cuando muchos títulos no estén del todo a la altura de las “circunstancias”.


HORS SATAN, de Bruno Dumont, claro que lo está. Es una película que debería haber estado en competencia en Cannes, pero se ve que allí no lo tienen siempre en tanta consideración y lo dejaron en UN CERTAIN REGARD. Y la película es excelente. En esta etapa, digamos, algo más mística de su filmografía, el director francés adopta a su estilo un relato muy sencillo acerca de la relación entre una chica solitaria y una especie de extraño vagabundo que viven en una zona con muy poca población (llamarlo “pueblo” ya es mucho, me parece) y que atraviesan una serie de extrañas y complejas situaciones juntos.

Entre Terrence Malick y Carl Dreyer, con la ya inevitable comparación con Bresson en el medio, Dumont logra meternos en otra relación extraña entre un hombre y una mujer y, a la vez, pintar un personaje masculino misterioso, intrigante, que va del “Bien” al “Mal” sin saber muy bien cuál es la diferencia entre ambos. Un personaje extravagante, milagroso, raro que se suma a la galería de los del director de LA HUMANIDAD, que cada vez va más a fondo en su búsqueda visual y que parece cada vez más querer acercarse al “filme como experiencia sensorial” que a otra cosa. Muy distinto al Malick actual, pero no tanto, aquí, al Malick de BADLANDS, especialmente en el “disparador” narrativo.

Hay algo de Malick, también, en las dos películas independientes estadounidenses que vi luego: TAKE SHELTER, de Jeff Nichols, y MARTHA MARCY MAY MARLENE, de Sean Durbin. En el primer caso, diría, la referencia es más geográfica que estilística o narrativa, ya que también cuenta una historia familiar en un pequeño pueblo campestre y en una casa ubicada en un lugar casi desolado, enfrentando un enorme espacio vacío y verde.

Este grupo familiar, en principio, es más unido y estable que el de Malick en EL ARBOL DE LA VIDA, (la «madre» es la misma, Jessica Chastain), pero de a poco empezará a resquebrajarse cuando el padre de familia (Michael Shannon) empiece a tener sueños, o visiones, apocalípticas respecto a una supuesta tormenta de proporciones bíblicas que lo lleva a construir un refugio en la entrada de su casa. Esa obsesión, paranoia y miedo lo van separando de su familia y amigos, si bien él hace todo lo posible por controlarla, especialmente tomando en cuenta su historia familiar de enfermedades mentales.

La película no es lo previsible que parece por su trama y su elección de Shannon como protagonista. Salvo una escena particular, no se trata de un maníaco gritón desafiant. Es, más bien, un hombre torturado y confundido, que no sabe bien lo que le pasa y que trata de que nadie se dé cuenta, pero que a la vez insiste, casi silenciosamente, en seguir los pasos que le dictan sus visiones. Por más que reconozca el grado de improbabilidad de sus pesadillas, no puede evitar hacer lo que ellas le dictan o trasladar sus sensaciones sobre las personas (su mujer, su perro, sus amigos, todos lo maltratan en sus sueños) a la vida real.

Todo irá llevando a una serie de finales que seguramente confundirán a más de uno, pero que tienen total sentido en el marco del filme y sus paralelas vías narrativas. Sin hablar, claro, de lo más importante que TAKE SHELTER tiene- y que no es su metafórica (y no tanto) vía de hablar de la crisis económica-, sino de la relación casi filosófica entre objetividad y subjetividad, la percepción y la distorsión, la forma en la que el mundo es como lo vemos más allá de como sea.

MARTHA MARCY MAY MARLENE tiene varios puntos en común con TAKE SHELTER, tanto en los escenarios campestres en los que sucede, como en un punto de vista de alguien psicológicamente dañado. Aquí es una chica que acaba de escaparse de una secta en la que estuvo durante años y trata de reacomodarse a la vida en la lujosa casa de campo de su hermana. El filme irá del pasado al presente, mostrando la vida de Martha en esa comunidad neohippie y que contiene una extraña violencia y una gran perversión –en un estilo Charles Manson, digamos-, y cómo trata de amoldarse al mundo de su hermana millonaria y sus obsesiones materiales.

Si bien los paralelismos son obvios y los dos universos son enfrentados de una manera excesivamente previsible, el personaje de Martha (Marcy May es como la llaman en la secta), muy bien interpretado por Elizabeth Olsen en su segunda película como actriz, tiene la suficiente complejidad y confusión interna como para mantenernos atentos a lo largo del relato, especialmente por sus imprevisibles actitudes al regresar al mundo “normal” y por lo poco que se nos cuenta de su pasado. También, como TAKE SHELTER, tiene un final que dejará a muchos algo fríos o confundidos, aunque sin la densidad del otro.