Diario de Viena 4: las películas de la competencia (II)

Diario de Viena 4: las películas de la competencia (II)

por - Críticas
02 Nov, 2011 12:31 | Sin comentarios

Siguiendo con otras siete películas de las que vi para la competencia FIPRESCI acá en Viena le toca el turno ahora a THE COLOR WHEEL, película de Alex Ross Perry que se podría sumar al movimiento llamado «mumblecore» aunque con algunas diferencias. Los personajes de Perry (él mismo es el protagonista, de hecho) son, a […]

Siguiendo con otras siete películas de las que vi para la competencia FIPRESCI acá en Viena le toca el turno ahora a THE COLOR WHEEL, película de Alex Ross Perry que se podría sumar al movimiento llamado «mumblecore» aunque con algunas diferencias. Los personajes de Perry (él mismo es el protagonista, de hecho) son, a la vez, un poco más articulados para hablar que los «mumblers» de aquellos filmes, pero un poco más tontos, entre inocentes y despistados. Lo mismo el filme, que se presenta un poco más «profundo» que aquellos filmes, aunque por momentos parece todo lo contrario.

Es la historia de hermanos (él y ella) que se reúnen cuando ella necesita su ayuda para mudarse del departamento que compartía con su pareja. Son, a su manera, dos perdedores: no están bien laboralmente ni socialmente ni económicamente. Sólo se tienen a ellos mismos. Y ese viaje que emprenden para buscar las cosas se va a convertir en una exploración de su relación que no pasará de los inconvenientes prácticos y sociales que tienen entre ellos y con los demás en fiestas, hoteles y diversas circunstancias. Finalmente la película cobrará cierto «vuelo», si se quiere, emocional, con una larga escena entre ambos que tendrá inesperadas consecuencias. Es una buena, tal vez muy buena escena. El único problema es que la película no llega demasiado «entera» a ella.

También muy pequeña, pero bastante más interesante, es la película italiana L’ESTATE DI GIACOMO, dirigida por Alessandro Comodin. Se centra en un adolescente hipoacúsico, con dificultades para hablar y escuchar, y un verano que pasa en lo que parece ser el pueblo en el que vive. El filme se centrará en la relación que tiene con una amiga y en las horas y días que pasan juntos: en el río, caminando, andando en bicicleta, tomando sol, hablando un poco, tocando la batería, escuchando música, y así. Hecha con mínimos recursos e igualmente minimalista en su búsqueda estética, la película sin embargo es un sensible encuentro con estos personajes y su relación en un verano que, de alguna manera, se presenta idílico, casi paradisíaco, como si la película fuera un álbum de fotografías (o un video) familiar de una temporada estival adolescente que se recuerda con cariño y cierta nostalgia.


Una buena cantidad de documentales fueron también de la partida, de los cuales dos aportes recomendables -y algo similares entre sí- es el mexicano EL LUGAR MAS PEQUEÑO, de Tatiana Huezo Sánchez, y el checheno BARZAKH, de Mantas Kvedaravicius. El primero se centra en un pequeño pueblo salvadoreño que fue arrasado por el Ejército en los ’80 durante la guerra civil en ese país y las consecuencias de esos hechos en las personas que hoy intentan reconstruir el lugar. Sus voces en off se cruzan con sus rostros para contar varias historias dramáticas de las luchas civiles y las pérdidas hasta llegar a la actualidad, donde esa pasión combativa permanece y se refleja en la persistencia de la gente en volver a vivir allí. Pese a algunos apuntes visuales que uno podría calificar como algo preciosistas (el paisaje es espectacular y la directora por momentos, entendiblemente, se regodea en él), la película es un documento duro pero esperanzado de las consecuencias de las guerras internas.

Un poco más oscuro y desesperanzado es el filme checheno, centrado también en un pequeño grupo de gente y en un pequeño pueblo, y con el eje en las personas desaparecidas tras las intervenciones militares y policiales en el lugar. En cierto sentido, esos personajes que recuerdan a otros que ya no están (en el otro filme se trata de gente que murió, en este caso su muerte no está oficialmente confirmada) hacen que los filmes se parezcan bastante. De hecho, este filme también aspira a un vuelo poético, acaso algo metafísico, para hablar de los desaparecidos en torno a alguna leyenda popular sobre una suerte de limbo en el que ellos están para sus más supersticiosos o religiosos familiares (ese «lugar» da el título a la película). Acaso su mayor diferencia es la duración: BARZAKH no llega a la hora.

Otro bastante recomendable documental, caótico como su protagonista, es DRAGONSLAYER, dirigido por Tristan Patterson, y premiado en South By Southwest. El filme sigue a Skreech, un skater de veintipico, ya con un recorrido largo, que sigue dedicándose a competir, por un lado, y a andar con su skate recorriendo piletas abandonadas, competencias en Estados Unidos y Europa, y así. Pero lo más interesante del filme es su acceso profundo al mundo ambulante de los skaters, sus relaciones y forma de vida, haciendo eje en este personaje bastante peculiar, al que pocas veces vemos sobrio o entero. En medio de todo este caos anárquico que es su día a día, el eje del filme son las relaciones que tiene con su pequeño hijo que tuvo con una ex novia y su ¿pareja? actual. Entre esos dos no siempre acomodables mundos se mueve el personaje y la película que, como el propio Skreech, puede ser atractiva, irritante, caótica o divertida, según las circunstancias.

Hay otras dos películas que estuvieron en nuestra competición que ya fueron analizadas en anteriores posts, como MARTHA MARCY MAY MARLENE y LA GUERRE ESTE DECLAREE, dos filmes bastante dignos que ya pasaron por varios festivales. En ese sentido, poco se puede descubrir al premiarlos, pero eso no quita que son dos aportes interesantes al festival, en su costado si se quiere «más comercial».