THE NEWSROOM: la primicia versus la información

THE NEWSROOM: la primicia versus la información

por - Series
29 Jun, 2012 09:02 | comentarios

Ayer me tocó ver THE NEWSROOM en el mismo período de tiempo en el que se desarrollaba el «affaire Badía» en Twitter. Para los que no leen esto desde Argentina -o los que no se enteraron de lo que sucedió-, Juan Alberto Badía fue un muy famoso conductor de radio y televisión que estaba enfermo […]

Ayer me tocó ver THE NEWSROOM en el mismo período de tiempo en el que se desarrollaba el «affaire Badía» en Twitter. Para los que no leen esto desde Argentina -o los que no se enteraron de lo que sucedió-, Juan Alberto Badía fue un muy famoso conductor de radio y televisión que estaba enfermo de cáncer y falleció a la medianoche del jueves. El problema fue que, empezando por Twitter, varios periodistas fueron dando la «primicia» de que Badía había muerto desde la tarde. Se negaba una y otra vez, pero la noticia volvía a salir. Finalmente, alrededor de las 9/10 de la noche se empezó a difundir como oficial: salió en radio, televisión, en los sitios web de los diarios, se hicieron homenajes con videos en los programas de noticias. Pero Badía no había fallecido y todos esos medios debieron disculparse por el error públicamente.

El tema hizo que viera THE NEWSROOM en varias partes -cortaba cada tanto porque estaba atento al tema-, pero también que lo analizara un poco desde otra perspectiva, como si el «affaire Badía» se colara en la narración del episodio inicial de la nueva serie creada por Aaron Sorkin. Es que las reflexiones que el asunto dispara (ética periodística, chequeo de fuentes, la noticia como show vs. la información «real», la desesperación por la primicia a costa de la verdad) se pegan, y mucho, con lo que sucede en la serie.

Si bien THE NEWSROOM apenas toca el tema Twitter, tuve la sensación ayer que esa red social se presta fácilmente a cualquier cosa. Dar una noticia antes para convertirse en un medio o periodista «informado» puede hacer que uno informe mal. La copia y el RT (retweet) de «la información» sin chequeo previo hace que esa «información» se expanda ya sin límites. Y el problema allí no lo tienen los lectores que copian a los medios -los suponen informados-, sino los propios medios, o periodistas, dispuestos a ganar una batalla que no tiene sentido si la información que se da es incorrecta y hasta dañina.



Varias veces pensé en hacer la prueba. Si bien mi Twitter es personal, tomando en cuenta que mucha gente me conoce por mi trabajo en Clarín hace años, tranquilamente podría dar cualquier información falsa, digamos, sobre una película o lo que sea, y muchos la copiarían como si tal cosa. Digamos: «Ayer, La era de hielo 4 llevó 150 mil espectadores», o «falleció tal o cual actor o director», y sé que mucha gente copiaría lo que pongo sin siquiera cotejarlo con alguna otra fuente. El medio es una fuente de información para el lector, pero esa información no proviene generalmente del propio medio: el origen es otro. Y es ahí donde se supone que los periodistas debemos ir. No «reenviar» información sin chequearla previamente.

En THE NEWSROOM se plantea esto en su mejor parte -o la que me pareció mejor en función de las particulares circunstancias en que la vi-, la que surge cuando la redacción del canal de noticias se entera del derrame de petróleo en el Golfo de México. El funcionamiento del equipo de trabajo, los debates, los chequeos, las fuentes, las discusiones, seguramente retrasaron la salida al aire de la información (uno pensaba en el tiempo que pasaba desde que se enteraron del tema hasta que lo sacaron al aire, teniendo varias reuniones en el medio, haciendo y recibiendo llamados), pero es la única forma de dar una noticia, especialmente una de tamaña gravedad.

Twitter no funciona así. Alguien comenta algo, el siguiente lo da como verdadero y ya no hay vuelta atrás. Es cierto que democratiza la información, que permite que personas sin «medios» puedan informar, abre un montón de puertas y accesos a hechos de todo el mundo. Pero eso no quita que el trabajo periodístico serio es otra cosa: se averigua, se llama, se chequea, se comprueba.

THE NEWSROOM es mejor en esa parte, además, porque los conflictos de los personajes -sus cuestionamientos políticos, sus relaciones personales, sus formas de trabajar- están puestas en la acción, entrelazadas en los hechos que la serie cuenta. Su primera parte es, si se quiere, más declamativa y «discursiva», con citas y discursos -algunos, brillantes, como el de Will McAvoy (Jeff Daniels, muy bien) cuando empieza el programa, discurso que algunos leen como «antiamericano» y que lo mete en problemas-, que suenan como declaraciones de principios… de la serie. Pero hay que tener en cuenta que es un capítulo de presentación y tal vez Sorkin pensó que era necesario «disparar» la trama con un choque frontal y, si se quiere, esquemático, para luego ir metiéndose en los vericuetos narrativos más interesantes y complejos.

Imagino que los demás capítulos explorarán la parte que más me interesó de la serie y que las discusiones «de café» sobre el trabajo del periodismo, sobre cuestiones políticas, el rol de los medios como portadores de información dura o de «shows informativos», etc, estarán más y mejor ensambladas en el curso del relato.

Me cuesta entender que la hayan tratado tan mal los críticos en los Estados Unidos. Es cierto que es larga, imperfecta, «speechy», pero captura perfectamente el «detrás de las noticias» de una cadena televisiva. Y si bien mi experiencia personal es en medios gráficos -donde la carrera contra reloj no es tan virulenta-, es más que palpable que hay bastante de verdad en lo que se ve.

La serie empezará a verse en breve por HBO en la Argentina. Creada por Aaron Sorkin, a quien conocí por CUESTION DE HONOR y que me fascinó en RED SOCIAL –aunque admito no haber visto más que pedazos de THE WEST WING y nada de SPORTS NIGHT-, seguro llevará a muchos debates aquí debido a que el rol de los medios en el manejo de la información y la relación con los poderes de turno está en un punto, digamos, álgido. Solamente por eso, y por el lamentable manejo de la información que se produjo ayer en el caso Badía, queda claro que THE NEWSROOM propone temas de discusión. Sería extraordinario que pueda ir más allá de ese loable pero limitado nicho (es una serie de televisión, no un programa político) para convertirse en la gran serie que muchos queremos que sea.