Semana de Cannes: críticas y recomendaciones

Semana de Cannes: críticas y recomendaciones

por - cine, Críticas, Festivales
28 Nov, 2016 03:37 | 1 comentario

Esta noche comienza la ya habitual Semana de Cine de Cannes en el Gaumont, en la que se verán cinco películas que pasaron por ese festival. Además, la actriz Isabelle Huppert dará una Master Class el jueves a las 18. Aquí, críticas de cuatro de los cinco filmes que se verán allí, todos los días a las 20.

CAPTAIN FANTASTIC, de Matt Ross

captain-fantasticBen (Viggo Mortensen) es un padre libertario/anarquista que ha decidido educar a sus hijos fuera de la sociedad. Y con su mujer lo han hecho así desde siempre: viven en unas tiendas en medio de la naturaleza, los chicos no saben lo que es la Coca-Cola pero festejan el Día de Noam Chomski y han leído los clásicos de la literatura contracultural. El problema es que su mujer fallece y, con varios de sus hijos ya adolescentes, se le vuelve cada vez más difícil mantener ese estilo de vida de buen salvaje, esa especie de “El Bolsón” llevado al extremo.

Además, la muerte de la madre los lleva a ir a la ciudad, a su entierro, donde la estructura libertaria pero también de encierro con el mundo –parecen miembros de una secta bizarra– se pone en riesgo más aún. La película narra ese choque y las diferentes circunstancias y problemas que atraviesan Ben y sus muy inteligentes pero socialmente ineptos chicos una vez enfrentados al mundo real y a la familia de su madre, quienes representan casi todo lo contrario a lo que sus padres les enseñaron.

Si bien sobre la última media hora la película se pasa un poco de rosca con algunas subtramas y desventuras de película de suspenso que Ross les hace vivir a Ben y a sus hijos y que no aportan demasiado a la credibilidad del todo, CAPTAIN FANTASTIC es una película noble e inteligente, una emotiva historia del amor de un padre por sus hijos, de los conflictos que eso presenta ante inesperadas circunstancias (las escenas en las que Viggo empieza a pensar que tal vez se equivocó en su manera de educarlos son extraordinarias y su contenido estilo actoral ayuda muchísimo) y de lo que significa crecer, en las distintas etapas de la vida.

Martes 29 a las 20 (seguida por un Q&A con Viggo Mortensen)

 

ELLE, de Paul Verhoeven

elle-poster-600x815Si uno resumiera la trama de ELLE, la nueva película de Paul Verhoeven protagonizada por Isabelle Huppert, como un thriller sobre una mujer que es violada confundiría por completo al espectador, le haría imaginar una película que no es. Sí, Huppert encarna a Michèle, una mujer que en la primera escena del filme es brutalmente violada por un hombre encapuchado, pero lo que sucede de ahí en adelante hace girar sobre su eje todos los conceptos prestablecidos. Especialmente, los de la corrección política.

Michèle es la dueña de una empresa de videogames especializada en juegos violentos, muchos de los cuáles incluyen fantasías eróticas agresivas. Y ella misma es una persona que lleva su sexualidad sin tapujos ni miedos ni timideces. Tiene de amante al marido de su mejor amiga, coquetea con quien se le cruza y no tiene problemas en hacerse cargo de sus fantasías sexuales. Es por eso que cuando es violada trata de hacer como si nada pasara: no hace la denuncia, no se lo cuenta a nadie, sigue como si tal cosa. Solo de noche la agarran pesadillas y fantasías de venganza. En un momento decide contárselo a su ex marido, su amiga y su amante y ellos insisten en que hay que hacer la denuncia. Pero ella no quiere.

Además, Michèle tiene un pasado difícil. Cuando era niña su padre cometió una serie de salvajes crímenes por los que está en la cárcel de por vida, pero ella vivió en carne propia la vergüenza y la venganza de los que sufrieron las consecuencias. No visita a su padre, pero no se descarta que el agresor venga por ahí (no revolver ese pasado públicamente es otro de los motivos que la hacen no denunciar al violador). O tal vez el agresor sea uno de sus empleados, con los que no se lleva del todo bien. Otros personajes de la trama son su hijo –un ex drogadicto que está tratando de recuperarse, está en pareja con una mujer insoportable y trabaja en una casa de comidas rápidas– y unos vecinos que viven enfrente de su casa y que, a diferencia de ellas, son religiosos y muy “correctos” en todo.

elle-cannesSi todo esto suena como un thriller oscurísimo, por la forma en la que Verhoeven lo presenta no lo es. ELLE funciona, casi, como una comedia perversa con elementos de thriller, donde se juega con los límites de lo que está permitido y lo que no, lo que es fantasía erótica y lo que es agresión, lo consensuado y lo que no lo está. La madre de Michèle tiene un amante/taxi boy y a ella la situación la abochorna, pero no tiene problemas en masturbar a su amante en la oficina, desnudar a sus empleados o masturbarse ella misma viendo a sus vecinos ultramontanos. Michèle no es amable ni simpática ni muy querible, pero es 100% auténtica, un papel que parece hecho a la medida de Isabelle Huppert.

Buscar al violador es solo un elemento más de esta suerte de comedia sexual con tonalidades chabrolianas y, por ende, en una línea que la une al cine de Alfred Hitchcock y de Brian De Palma. A eso habría que agregar, tal vez por el tema y la forma, una obligada referencia a Roman Polanski. Pero a esta altura uno debería decir que es una obra “verhoeveniana”, ya que sus antecedentes más obvios son BAJOS INSTINTOS, PASION OBSESIVA, EL CUARTO HOMBRE y hasta SHOWGIRLS, su controvertida película de 1995. Como buen europeo (holandés, específicamente) este cineasta de 76 años no se toma el sexo de la manera en la que suelen hacerlo sus colegas hollywoodenses y si bien es claro que la situación que dispara la acción de ELLE es una de violencia sexual, la mirada sobre el tema es por momentos lúdica, juguetona, de un modo que seguramente ofenderá a los dueños de la corrección política al uso.

elleNo es que Verhoeven entienda o perdone la violación, pero no maneja la relación víctima/victimario de la manera habitual. Y cuando el agresor se conoce, lo que Michèle hace con él está muy lejos de parecerse a lo que se haría habitualmente en un thriller clásico y entra en un terreno, casi, de ver quién es más jugado y audaz que el otro en ciertas cosas. “La vergüenza no es una emoción lo suficientemente fuerte para que nos impida hacer las cosas que queremos”, dice Michèle en un momento. Y ése parece ser el mantra del filme: hasta dónde los personajes son capaces de llegar sin preocuparse por el qué dirán los demás, por los límites de la “decencia” en asuntos del tipo sexual y en otros también. Algunas personas lo manejan dentro de coordenadas más o menos aceptables dentro de ciertos contratos sociales (que Michèle tenga por amante al marido de su mejor amiga tampoco es del todo correcto, digamos), pero otros –como el violador o, en otro sentido, el propio padre de Michèle– pasan al lado prohibido de esas tentaciones. En ambos casos, de todos modos, hay potenciales víctimas y victimarios.

Lo interesante del cine de Verhoeven y de esta película en particular es que –a diferencia de otros autores europeos supuestamente audaces como Von Trier o Haneke–, Verhoeven se sale de la línea de la corrección política y provoca pero lo hace desde el humor, la ligereza y de cierta liviandad, comprendiendo a casi todas sus criaturas y no poniendo sobre ellas un dedo acusador de demiurgo que sabe cómo deberían ser las cosas. Los seres humanos, según ELLE, son complejos, raros, con deseos curiosos y actitudes no del todo aceptables socialmente. Algunos, claro, son delincuentes. Pero la línea entre el bien y el mal –lo correcto o incorrecto, lo moral o lo inmoral– es más fina y sinuosa de lo que buena parte del cine nos quiere hacer creer.

Miércoles 30 a las 20 (la Masterclass con Isabelle Huppert es a las 18)

 

TRAIN TO BUSAN, de Yeon Sang-ho

train-to-busan1Una de las sorpresas del pasado festival de Cannes, esta película coreana podría sintetizarse como “SNOWPIERCER con zombies” y no estaría mal como una muy general y escueta sinopsis. Es que la película tiene un desarrollo muy parecido, aunque las circunstancias y temores son diferentes. Aquí la historia comienza en Seúl, cuando una epidemia comienza a expandirse por la estación de tren mientras un padre workaholic tiene que llevar a su hija a visitar a su madre en Busan, algo que le resulta un incordio debido a su devoción por el trabajo y a la poca relación que tiene con la niña. Al tren sube también una chica infectada del virus y ya se imaginarán lo que sigue luego: una tensa y desenfrenada carrera por salvarse de ser infectado con el tren en movimiento y sin más opciones que moverse en ese limitado espacio físico.

Pero los problemas a veces están más ligados a los propios humanos que a los zombies en sí. Si bien cada vez más son los que van “pasando del otro lado”,  los más peligrosos pueden ser los otros pasajeros que, con tal de salvarse ellos, son capaces de entregar a quien sea y como sea. El mismo protagonista, de hecho, empieza así y a lo largo del filme es su hija la que lo va llevando a entender que la mejor forma de salvarse es colaborar entre todos. Pero otros no piensan lo mismo, lo cual hace que la trama funcione con dos combates en paralelo: entre humanos y zombies y entre los propios sobrevivientes.

train-to-busan-2El pasado como director de películas de animación de Yeong (SEOUL STATION) queda claro en el uso de recursos visuales muy ingeniosos para resolver determinadas secuencias de persecución y escape aunque eso lo lleva por momentos a crear personajes un tanto caricaturescos, algo que se hace más evidente en el explosivo final. Pero esa exageración actoral –que es bastante habitual en el cine de acción asiático– no echa a perder el disfrute y la tensión constante que genera este tren en el que no queda otra que el ingenio y la inteligencia para escaparse de los zombies.

Jueves 1 a las 20

 

IT’S ONLY THE END OF THE WORLD, de Xavier Dolan

itsonlytheend posterImagínense estar en una reunión familiar en la que nadie parece soportarse entre sí, todos gritan y se agreden casi todo el tiempo y no poder salir de ella ni para ir al baño. Esa es la clase de tortura a la que Xavier Dolan somete al protagonista y a los espectadores de IT’S ONLY THE END OF THE WORLD, adaptada de una obra de teatro francesa de 1990. Lo teatral del proyecto es más que evidente, no sólo en la manera en la que los actores gritan como si la cámara no captara sus voces sino en su propia estructura narrativa, armada en base a largas escenas entre distintos personajes de pura extracción escénica. Pero eso sería el menor de los problemas del filme.

Además hay que sumarle lo desagradable de la mayoría de los personajes, lo absurdo y ridículo de la mayoría de las discusiones que se producen y la idea de Dolan de que para volver “cinematográfico” al asunto lo mejor es cortar constantemente entre primeros planos de unos y otros gritándose entre sí. Con estos elementos –y sin un núcleo dramático al menos inquietante que justifique el maltrato generalizado, más allá de las obvias diferencias de personalidad– lo que la película produce en el espectador es un agotamiento y fastidio superior al que causa en el personaje. El, por lo menos, sabía al llegar a lo que se atenía. A nosotros nos toma por sorpresa.

its-only-the-end-of-the-world-3Con 27 años y una décima parte del talento que cree tener y que, por razones que no logro comprender (más que en ciertos momentos de algunas de sus películas y en la aceptable TOM A LA FERME) muchos creen que tiene, el canadiense Dolan se reunió con un  grupo de superestrellas del cine francés y las puso a ladrarse entre sí –o tolerar los ladridos de los otros– durante semanas. Por suerte, a nosotros nos dejaron solo 100 minutos de toda esa experiencia.

Gaspard Ulliel encarna a Louis, un autor de teatro gay que regresa a su hogar familiar tras doce años a anunciar que tiene una enfermedad terminal y que le queda poco tiempo de vida. Allá lo espera su madre, la histérica, gritona y negadora Martine (insoportable Nathalie Baye), su hermana menor, la torturada Suzanne (Léa Seydoux, a voz en cuello casi todo el tiempo), el violento y agresivo hermano mayor Antoine (Vincent Cassel, pasadísimo de rosca) y la mujer de éste, la nerviosa y tímida Catherine (Marion Cotillard), que se suma a Louis y a los espectadores en el sufrimiento de la tortura familiar.

Its only the end of the world - Juste la fin du mondeNo hay un eje demasiado claro ni un reproche ni un trauma específico que sostenga la cantidad de barbaridades y el nivel de agresiones que se lanzan en el filme. Comparativamente a estos muchachos, cualquier familia italiana o judía parecerían nórdicos. Es una catarsis sin catarsis, porque se agreden la mayor parte de las veces por tonterías, en especial Antoine que no tolera a nadie y que tiene más ganas de pegarle a sus hermanos –y a su mujer– que de estar ahí. Lo mismo nos pasa a nosotros, pero lo incluiríamos a él, que evidentemente se merece un tranquilizante para caballos en la bebida.

Las tensiones reinantes llevan a que nada cambie demasiado, el agobio visual y verbal se vuelva intolerable y uno empiece a pensar en que, después de todo, sus propias reuniones familiares –aún las menos agradables– no son tan graves. Los momentos en los que la película sale del caos de la mesa familiar o de los distintos tête à tête es para pintar algunos recuerdos que Dolan filma y musicaliza a la manera de convencionales videoclips de moda. Y para el final alguna metáfora terminará dando a entender al espectador que a este chico todavía le falta mucha experiencia de vida para entender la mecánica de una familia. Y mucho cine para saber cómo contarla.

Viernes 2 a las 20hs.

 

TONI ERDMANN, de Maren Ade

tonierdmann2Siete años después de su premiadísima y extraordinaria EVERYONE ELSE, Maren Ade vuelve a la dirección (y debuta en Cannes) con una película que, al menos en apariencia, poco y nada tiene que ver con aquel drama de pareja. TONI ERDMANN sorprende, primero, por su duración (son más de 160 minutos), pero eso se olvida rápidamente cuando uno empieza a ver el filme y se encuentra con una comedia encantadora, deliciosa, libre y muy humana. Es la clase de película que seguramente tendrá una remake hollywoodense (apuesto que a Bill Murray se la muestran esta semana), pero que en su versión original y alemana logra escapar de las zonas más convencionales a las que seguramente arribará en su adaptación.

La línea básica de la película es simple y ya hemos visto versiones de esto mismo. La protagonista es una mujer independiente y obsesionada por su trabajo que no tiene tiempo ni para relaciones, hijos, ni para ser demasiado sociable y, mucho menos, para su familia. Inés vive en Bucarest donde trabaja en una de esas empresas anodinas y prolijas cuya función no se entiende bien pero queda claro que parte de su trabajo consiste en reducir personal en otras empresas, hacerlas “rendir” más. Pero el otro lado de la ecuación parece ser su polo opuesto. Su padre, Winfried, es un sexagenario simpático y “perdedor”, un profesor de piano, maestro de escuela y uno de esos bromistas permanentes que no se toman nada en serio, a mitad de camino entre el tío simpático y loquito y esos parientes pesados que se creen más graciosos de lo que son. Especialmente para los hijos que crecieron con ellos y están un poco agotados de sus bromas.

tonierdmannAmbos se reencuentran en una viaje de Inés a Alemania, quien va a visitar a su madre (Winfried está separado de ella, que se volvió a casar). Es claro de entrada que la relación está plagada de tensiones y que el humor de Winfried –que intenta aflojar a su hija y a todo aquel con que se cruza, casi como un mecanismo de comunicación por la via del humor constante– irrita a la tensa Inés y también a los demás. Ade logra que entendamos a ambos: la bonhomía aparente del padre esconde algunas frustraciones que iremos conociendo mientras que la aparente dureza de Inés es también una reacción a un tipo cuya gracia muchas veces da pudor y verguenza, logrando el efecto opuesto al buscado.

Pero el padre no se  amedrenta y decide visitarla en Rumania por sorpresa. Las cosas no salen demasiado bien pese a los intentos de acercamiento y Winfried se va. Al menos, eso es lo que Inés cree. Pero al otro día, en un bar en el que está tomando algo con amigas, se topa con el tal Toni Erdmann, que no es otra cosa que su padre, disfrazado con peluca y dientes postizos, que se vuelve a meter no solo en su vida sino ya en la de su empresa, jefes y amigos, con la intención siempre de “humanizarla” pero consiguiendo el efecto contrario la mayor parte de las veces.

toni-erdmannConviene no adelantar más pero muchas cosas sucederán en las siguientes dos horas. La comedia llegará a niveles absurdos de esos que causan ataques de risa imparables (no recuerdo haberme reído tanto en la competencia de Cannes), pero Maren Ade no va directamente hacia el lugar más esperado y previsible. Si bien algún tipo de circuito comunicacional entre ambos empieza a abrirse, los resultados son impensados, llevando a la hija a una zona más cercana al ataque de pánico que al esperado reconocimiento de la intrínseca bondad del padre.

Elementos dramáticos y apuntes sociales sobre la Rumania contemporánea y falsamente cosmopolita se cuelan a cada minuto en un filme cuya libertad se extiende al guión, las actuaciones y la puesta en escena. Pero el centro está en el humor que Winfried/Toni causa en cualquiera de las situaciones en las que se presenta. Humor incómodo a veces (se tira o aparente tirarse pedos adelante del jefe de su hija y en una larga secuencia se hace pasar por el embajador de Alemania) mientras que en otras se acerca a lo conmovedor. Pero jamás es patético. O si lo es, es consciente de serlo, no es la película la que lo muestra así.

toni-erdmann-maren-adeUn par de escenas de la última parte del filme –un cover de Whitney Houston cantado por Inés con él al piano y una fiesta inesperadamente nudista– se llevarán la medalla de oro en cualquier competencia olímpica de la risa, pero TONI ERDMANN tiene muchos otros momentos acaso no tan graciosos pero que sin dudas aportan a que ese ida y vuelta entre padre, hija y espectador funcione a la perfección. Como detalle curioso, los que hayan visto otro filme clásico de la Escuela de Berlín como WINDOWS ON MONDAY, de Ulrich Koehler –que es el marido de Maren Ade–, recordarán un cameo de Illie Nastase, el famoso tenista rumano. Aquí no solo Rumania es central en la trama sino que se habla de otro famoso hombre de ese país ligado al tenis. Y, en un punto, el propio Toni se le parece…

Interesante es analizar también como esa escuela de cine que se caracterizaba por un cine análitico, contemplativo y, si se quiere, frío, seco y hasta clínico hoy es capaz de producir una comedia tan desternillante como ésta. Habría que ver si los realizadores del Nuevo Cine Argentino –movimiento con el que muchas veces se lo comparó– son capaces de encontrar un camino parecido para sus nuevos filmes. Uno que apueste al humor, que no le tema al ridículo y que, sin perder verdad, inteligencia y sutileza pueda dejar a los espectadores sonrientes por varios días como seguramente les pasará a todos los que vean esta maravillosa TONI ERDMANN.

Sábado 3 a las 20hs.