Estrenos: críticas de “Niñato”, de Adrian Orr y “Solar”, de Manuel Abramovich

Estrenos: críticas de “Niñato”, de Adrian Orr y “Solar”, de Manuel Abramovich

por - cine, Críticas, Estrenos
27 Nov, 2017 06:10 | Sin comentarios

Dos documentales con (aparentes) elementos de ficción llegan a las pantallas argentinas. La película del español fue la gran ganadora del último BAFICI retratando la vida de un hombre que sobrevive como puede con sus hijos. En tanto, el filme del director de la reciente “Soldado” es un retrato actual de Flavio Cabobianco, un niño que fue célebre en los ’90 al escribir un exitoso libro “new age”.

NIÑATO, de Adrian Orr

Con bajísimo presupuesto y lo que podría definir, sin ironía alguna, muchos “recursos humanos”, esta pequeña película se centra en la vida cotidiana del personaje cuyo apodo le da título al filme, un treintañero que se dedica al hip-hop, tiene que hacerse cargo de sus tres hijos y no le queda otra que vivir en la casa de sus padres. Interpretado por la verdadera familia en algo que podríamos definir como docuficción, la película de Orr se ocupa de detallar los esfuerzos diarios de David por cumplir su función de padre –que no son pocas– mientras intenta sobrevivir a la difícil situación económica en la que se encuentra.

El disparador dramático del filme es la posibilidad de que su novia actual se vaya al exterior a hacer una beca, pero en su breve desarrollo el acento del filme está puesto en el detalle de la relación del padre con sus hijos, que por momentos parecen no prestarle atención pero que, finalmente, dejan en claro que tienen un vínculo profundo con un hombre que, pese a sus limitadas posibilidades y caótico estilo de vida, hace lo posible por crear un fuerte lazo con ellos. Mostrándolos buena parte del tiempo en el espacio cerrado y bastante oscuro en el que conviven, la película deja por un lado una sensación de desamparo y angustia, pero a la vez deja entrever una pequeña luz ligada a ese protegido espacio familiar que logra construir pese a un desangelado universo que pone todas las fichas en su contra.

 


 

SOLAR, de Manuel Abramovich

Los que tenemos cierta edad recordamos, vagamente, el fugaz paso por la televisión de Flavio Cabobianco, un niño que a principios de los ’90 empezó a circular por los medios tras haber escrito un libro titulado “Vengo del sol”, una suerte de texto new-age que sorprendía por venir de un púber que encima decía haber empezado a escribirlo… a los tres años. Con su hermano Marcos, unos años mayor, y con su madre detrás de cámara (y de todo el andamiaje), el locuaz e inteligente Flavio se convirtió en una celebridad breve e instantánea.

Pasaron los años, poco y nada supimos de los Cabobianco fuera de los circuitos new-age que pululan por el mundo. Aquí, el director del corto LA REINA lo reencuentra para ver qué es de su vida hoy. Eso, en realidad, se resuelve fácilmente (ya lo verán) y lo que termina importándole al director es armar un documental en el que el realizador y el sujeto “documentado” discuten por ver quien controla el relato. Es así que SOLAR ocupa la mayor parte de su tiempo en poner en escena ese conflicto ya que Abramovich tomó la decisión de darle la cámara a Cabobianco para que él se filmara a sí mismo y luego el ahora treintañero gurú espiritual quiso tomar el control de la narración, de qué se filma y cómo.

solar flavioNo hay dudas que el tema de la relación entre documentalista y sujeto documentado da para varias tesis y cursos académicos, pero aquí por momentos la discusión sobre el dispositivo domina tanto el relato que prácticamente se pierde la historia de Flavio, con todas sus peculiaridades, las que pasan a segundo plano y parecen más ricas de analizar por momentos que los debates sobre lentes, cámaras o iluminación. Los mejores momentos del filme aparecen cuando los dos temas se funden bajo la cuestión de la autoría, ya que tanto el documental como el libro “mítico” ponen en discusión quien es, finalmente, el autor: ¿cineasta o sujeto? ¿Niño peculiar o madre ambiciosa?

En cierto modo SOLAR es la crónica de un fracaso: el de Abramovich siendo doblegado por su sujeto, quien parece terminar ganando la pulseada, boicoteando el documental desde adentro. Ese “fracaso” genera sin dudas grandes momentos cinematográficos: algunos reencuentros y conflictos familiares (el gran personaje parece ser en realidad el hermano) y algunas discusiones reveladoras entre el director y su muy sagaz e ingenioso (aunque un tanto insoportable) sujeto, a los que hay que sumar los insólitos materiales de archivo. No hay que desestimar, de todos modos, que buena parte de esos conflictos no sean del todo reales, sino parte de un juego metalinguístico de un documental que quizás tenga más elementos ficcionalizados de los que suponemos. Es noble y valioso el intento del realizador de alejarse del documental convencional, pero aquí tal vez se topó –al menos en apariencia– con un hueso demasiado duro de roer.