Series: crítica de “El lobista” (Temporada 1)

Series: crítica de “El lobista” (Temporada 1)

por - Estrenos, Series
10 Ago, 2018 10:24 | Sin comentarios

La serie dirigida por Daniel Barone, escrita por Patricio Vega y protagonizada por Rodrigo de la Serna, Darío Grandinetti, Julieta Nair Calvo, Leticia Bredice y Luis Machín, entre otros, es una pintura del mundo de la corrupción político-empresarial local con muchos contactos con la realidad.

Me cuesta ver series argentinas. No se me hace fácil. Al contrario de lo que me sucede con las estadounidenses, las argentinas me hacen pensar demasiado en que estoy viendo televisión. Y no soy de los que ve mucha televisión. Más bien, nada. Por eso, y por otras cosas más prácticas (el tema de ver algo en un horario fijo y determinado se me volvió imposible), es que veo pocas series nacionales. Es decir: veo un episodio, acaso dos, y me olvido, las dejo, me fastidio, me aburro.

El otro problema que tengo es que lo que me gusta de la ficción argentina no se lleva demasiado bien con el concepto serializado tal como se lo maneja ahora. El cine argentino que prefiero no se destaca necesariamente por su solidez argumental o por tener tramas muy bien desarrolladas sino por otros elementos (de puesta en escena, temáticos, de personajes, etc). Y, por lo general, cuando veo películas “de trama”, gran parte de ellas tienden a decepcionarme. Siento que la tradición del guionista de escuela más o menos clásica es una que no hemos sostentido/fomentado/actualizado demasiado bien. Los que hay, siento, funcionan con la pesada carga de la tira televisiva o los modelos más rancios de los años ’80.

Pero a veces sucede que –por los nombres que hay detrás de ellas– hago ese esfuerzo extra por ver series nacionales. Y no siempre me fue mal. HISTORIA DE UN CLAN y UN GALLO PARA ESCULAPIO me gustaron bastante, pero admitamos que tienen poco en común con las tradiciones televisivas y beben más de ciertas líneas del Nuevo Cine Argentino, al igual que OKUPAS, en su momento, o EL MARGINAL actualmente. Al enterarme de una nueva serie escrita por Patricio Vega, uno de los guionistas de LOS SIMULADORES (acaso la serie “de trama” más sólida hecha jamás acá) me pareció que era una buena posibilidad de reconciliarme con ese tipo de narrativa en su formato local.

Me costó arrancar con EL LOBISTA. Vi un episodio y lo dejé ahí, pensando que no iba a seguir. Si bien el personaje que da título a la serie, muy bien interpretado por un siempre efectivo Rodrigo de la Serna, era por lo menos intrigante y su “trabajo” inusual, el mundo que lo rodeaba tenía algo de trillado, convencional, en especial al finalizar ese episodio con el obligatorio cadáver. Matías Franco es un bastante inescrupuloso influencer político, alguien que maneja datos, opera sobre gente, los conecta con otros, se queda con comisiones y utiliza sus contactos en todos los rubros para hacer dinero sin importarle las consecuencias de sus actos. Pero ahí parecía acabarse la originalidad del producto ya que el hombre conoce a chica buena de la que se enamora o algo así (Julieta Nair Calvo), entra en negocios con una institución religiosa controlada por un sujeto claramente inescrupuloso (Darío Grandinetti con bigote a lo Martín Caparrós), hay un policía intenso y con pinta de chanta (Alberto Ajaka) y por ahí circula Leticia Bredice, como otra lobista, haciendo sus acostumbrados (y a esta altura ya simpáticos) mohínes a lo Gloria Swanson. ¿Era posible que algo así no desbarrancara de ahí en adelante?

Al tiempo volví y, para mí sorpresa me encontré con que no lo hacía. Que a lo largo de diez episodios, la serie dirigida por Daniel Barone conseguía construir una ficción bastante sólida y creíble que se transformaba en una inteligente y bastante astuta mirada sobre un universo en el que conviven políticos, empresarios, jueces y otros personajes del “robo de guante blanco” a la Argentina. Tal vez me ayudó haberla visto a la par de las denuncias periodísticas sobre circulación de bolsos con dinero entre gente similar a la de la ficción, pero lo cierto es que de golpe todo pareció volverse más realista.

A favor de EL LOBISTA hay que decir que, superando lo que parecía bastante obvio a partir de su episodio inicial, sus creadores tienen algunos ases escondidos bajo la manga. Vega tiene la costumbre de trabajar con esquemas que incluyen trampas sobre trampas (a la SIMULADORES, claro, pero también tipo MISION: IMPOSIBLE) donde mucho de lo que vemos y creemos cierto tal vez no sea tan así. Desde la lógica e intenciones de algunos personajes (como el de Luis Machín) hasta la manera en la que, de a poco, Matías se va convirtiendo en una especie de espía de enormes e inesperados recursos y talentos. Hay varios giros narrativos sorprendentes más que no adelantaré pero que logran sacar a la serie de lo que aparentaba ser previsible en ese primer episodio. No por completo, pero sí para tener al espectador casi siempre a la expectativa de una sorpresa.

EL LOBISTA tiene algunos elementos que, de todos modos, no terminan de encajar. Muchas subtramas quedan casi abandonadas y personajes que parecen importantes desaparecen sin dejar rastro. Las actuaciones son bastante desparejas y si bien Grandinetti termina estando mucho más sobrio y contenido de lo esperable por su caracterización, no se puede decir lo mismo en todos los casos. Reitero acá lo que decía antes sobre Brédice: ya a esta altura sus personificaciones de diva de cine mudo me resultan simpáticas y escenas que antes me podían parecer irritantes ahora se me volvieron casi momentos de bienvenido humor.

Pero el problema principal, acaso, es que los personajes son demasiado desagradables como para interesarnos por su suerte. Y, sin eso, es difícil que la trama apasione. Franco, lo más parecido a un (anti)héroe que tiene la serie, no es un sujeto demasiado simpático ni posee muchas cualidades que lo vuelvan redimible, aunque la serie parece creer que sí lo es y De la Serna consigue vendernos esas cualidades porque, como actor, maneja tan bien el engaño como lo hace su personaje. Y Lourdes (Nair Calvo), ella sí un “alma pura” dentro de tanto chanta, ladrón, corrupto y tramposo, tal vez sea demasiado inocente para ser del todo creible en ese contexto. De hecho, un muy buen personaje que no está del todo explorado (ojalá lo esté en la segunda temporada, si es que esto sigue) es el de la asistente de Franco, que encarna Malena Villa. Allí hay un personaje que se mueve muy bien en medio de la mugre y logra generar empatía con el espectador.

En las últimas décadas las series sobre hombres tóxicos y hasta peligrosos (de Tony Soprano a Don Draper pasando por Walter White) se han vuelto referencia y modelo. Y, en ese sentido, EL LOBISTA atraviesa una ruta similar. Franco tiene un hermano ex presidiario que él intenta ayudar y cuyos problemas le habilitan una posibilidad de redención. Y su rara devoción por Lourdes debería ser otro elemento que lo redima. Eso y el carisma del protagonista ayudan a que la serie funcione, pese a sus trabas y caminos sin salida. Eso sí, si me cuentan otra vez la fábula de la rana y el escorpión –o similares– me bajo en la próxima…