Streaming: crítica de “Demasiado cerca”, de Kantemir Balagov (Mubi)

Streaming: crítica de “Demasiado cerca”, de Kantemir Balagov (Mubi)

La opera prima del realizador ruso, que se vio en Cannes 2017 se centra en las experiencias de una familia judía en un pequeño pueblo del norte de Rusia cuando su hijo es secuestrado. Un debut sorprendente.

La opera prima del realizador ruso sorprendió hace dos años en Cannes, cuando se presentó en la sección Un Certain Regard. Alumno de Aleksandre Sokurov, Balagov crea en DEMASIADO CERCA (CLOSENESS en inglés, TECHOTA o TESNOTA, en ruso, depende la traducción) una casi literal transposición del título al armar un universo en el que los personajes están pegados entre sí y la cámara –y por ende el espectador– pegados también a ellos en una experiencia que bordea lo asfixiante. Filmada en un formato clásico 4:3 que acentúa aún más esa cercanía, con los personajes moviéndose en espacios pequeños y tapados por objetos, y filmados desde una distancia que acentúa esa intimidad, Balagov es capaz de comunicar casi sensorialmente la experiencia de vivir en una pequeña, pobre y complicada comunidad en una zona de Rusia cercana a Chechenia a fines de los años ’90. La película está disponible en la plataforma MUBI hasta el 15 de junio.

Los protagonistas del film son los miembos de una familia judía que, más allá de estar relativamente integrados al resto de la colectividad que habita en ese lugar desde mucho antes que ellos, se sienten un poco apartados. No solo de ellos sino del pueblo en general, que no se caracteriza por su tolerancia a los distintos. Y aquí ellos lo son. Fundamentalmente los dos hijos, Ilana y David, dos adolescentes bastante rebeldes que tratan de vivir sus vidas lo más libremente posible dentro de esa ciudad pobre y racista. El está en pareja con una chica judía pero ella se ha enchanchado con un chico local, que la oculta de sus amigos por eso y por no ser nacida en la zona.

Hasta que sucede lo impensado: David y su nova Lea son secuestrados y a su familia no le queda otra que pagar el rescate. Pero no tienen dinero, la ayuda que reciben es mínima (lo que se recauda en la sinagoga local va primero a pagar el rescate de Lea) y las únicas opciones que les quedan son vender el taller en el que trabajan y/o casar a Ilana con un prominente y serio chico judío. Ella, obviamente, no quiere saber nada con el asunto y allí estará el conflicto principal –o uno de los principales– de CLOSENESS: la necesidad y el deseo de Ilana de vivir su vida a su manera y la de sus padres de buscar cualquier manera posible de rescatar a su otro hijo y, a la vez, encauzarla dentro de una comunidad que no ve con buenos ojos su manera de actuar.

A Ilana todo esto le importa muy poco y la película toma, básicamente, su punto de vista y experiencia para armar el relato. Con reminiscencias de la Rosetta de los hermanos Dardenne, nuestra intensa heroina se termina mezclando con los amigos de su novio, una bandita un tanto complicada, ve con ellos videos de matanzas y decapitaciones reales, va a fiestas, consume todo lo que puede y quiere consumir, y desafía a sus padres (especialmente a su madre, con la que tiene una relación más tirante) ante cada oportunidad. Es el clásico espíritu indomable que no se reprime ante nada y que uno, como espectador, mira con una mezcla de admiración y rechazo.

Balagov prefiere apostar al retrato de ella y de su familia a partir de las experiencias cotidianas que atraviesan, dejando el comentario sociopolítico y religioso por detrás. Y es el mejor camino que podía elegir. Las condiciones de vida y los problemas de integración suyos y de su familia son más que evidentes por lo que la elección de mostrar el día a día es perfecta, deteniéndose en situaciones como un algo agresivo acto sexual de ella con su novio, la incómoda cercanía que los hermanos tienen entre sí y –en un largo plano– ser testigo de cómo Ilana, lentamente, cae bajo los efectos de una droga. La única larga escena que es discutible es la que miran los snuff videos, especialmente porque Balagov decide compartir, innecesariamente, esas imágenes con los espectadores. Borrosas y difusas, sí, pero extremadamente desagradables.

Más allá de ese error de concepto, DEMASIADO CERCA es una opera prima que se adivinaba promisoria. Este año, también en la misma sección de Cannes, se pudo ver su segundo film, BEANPOLE, que tuvo reacciones no tan apasionadas de parte de los críticos que se fascinaron con su debut. No tuve la suerte de verlo, pero más allá de eso hay suficientes ideas visuales y narrativas en su opera prima para no desestimar la carrera de este joven cineasta ruso que aún no tiene 30 años.