Berlinale 2020: crítica de «First Cow», de Kelly Reichardt (Competencia)

Berlinale 2020: crítica de «First Cow», de Kelly Reichardt (Competencia)

por - cine, Críticas, Festivales
23 Feb, 2020 06:39 | 1 comentario

Esta suerte de melancólico western se centra en la amistad entre dos hombres de extracciones muy distintas que tratan de sobrevivir (económica y humanamente) en un mundo brutal y agresivo en el que se sienten fuera de lugar

Dos siglos antes de que Joaquin Phoenix despotricara en su discurso de agradecimiento en los premios Oscar por el consumo de lecha de vaca, el alimento era esencial para los pioneros que trataban de sobrevivir en algunos parajes remotos y alejados de los Estados Unidos en 1820. Muy lejos en el tiempo y en el espíritu de esas declaraciones (aunque similares a la hora de pensar su lugar en el mundo), la nueva película de la directora de OLD JOY se centra en dos de esos «sobrevivientes» que encontraron en ese hoy discutido producto una forma de salir adelante en medio de una situación complicada.

La película de Reichardt –basada en la novela THE HALF LIFE, de Jon Raymond– comienza en tiempo presente con una joven descubriendo dos cadáveres juntos en un bosque y luego, via flashback, se centra en la inusual relación que se establece entre dos personas de orígenes muy distintos en la boscosa región de Oregon a principios del siglo XIX. Por un lado está Figowitz, un hombre que forma parte de un grupo de traperos que recorren la zona. Es un tipo amable y tranquilo, al que le gusta cocinar, muy diferente al resto de los rudos cazadores que lo acompañan. En un recorrido por la zona juntando hongos se topa con un hombre extraño, escondido, al que confunde con un nativo indígena. Pero no. Se trata de King Lu, un hombre chino que está en plena fuga. Los dos irán entablando una amistad que se desarrollará a lo largo de una película que tiene sutiles puntos de contacto con BROKEBACK MOUNTAIN.

En el modo típicamente pausado de los relatos de la directora de WENDY & LUCY iremos viendo cómo estos hombres se acercan, conviven y descubren un pequeño negocio «alimenticio» para sobrevivir que tiene que ver con la vaca en cuestión que da título al film y que pertenece a un poderoso «empresario» británico del desolado paraje. El asunto les da inesperados recursos económicos pero, a la vez, los mete en problemas ya que, bueno, la leche que produce el animal en cuestión, y que ellos usan, no les pertenece.


FIRST COW usa este «negocio» y hasta el propio cuerpo y rostro del animal de mirada inquisidora como eje narrativo y metáfora central, pero la historia que cuenta tiene que ver más que nada con la relación entre estos dos outsiders (hombres amables, considerados, tranquilos) en medio de un territorio salvaje y bastante brutal, aunque bellamente fotografiado, en el que ese tipo de comportamientos y personalidades no siempre permiten salir adelante fácilmente.

Es un retrato de la época –y de la zona en la que Reichardt habitualmente trabaja y filma con detenimiento– pero también se puede pensar a FIRST COW como una película cuyos temas alcanzan a los Estados Unidos de hoy, que parece manejarse –al menos desde su principal figura política– con modos y recursos similares a los de los «conquistadores» de la época, marginando minorías y, más que nada, transformando la amabilidad y la empatía en extraños y poco usuales sentimientos.

En ese sentido, se trata de una película que pone en disputa ciertas tradiciones de la masculinidad, de esas que hoy se denominan «tóxicas», a las que sus dos «cocineros» protagonistas no responden. Es fascinante ver cómo una cineasta elige hacer una película en la que casi no hay mujeres pero en la que pinta a sus protagonistas dueños de una rara gentileza, muy poco vista en el western y en géneros similares. FIRST COW, un poco también como OLD JOY, es una película sobre la amistad masculina contada desde una perspectiva inusual y un tono lánguido, cariñoso y poco común. Es la historia de un bromance mucho antes que existiera la palabra que hoy parece definir este tipo de relación.