Berlinale 2020: crítica de «Las mil y una», de Clarisa Navas (Panorama)

Berlinale 2020: crítica de «Las mil y una», de Clarisa Navas (Panorama)

por - cine, Críticas, Festivales
20 Feb, 2020 09:09 | Sin comentarios

La segunda película de la directora de «Hoy partido a las 3» es una notable mirada al mundo del sexo y el deseo que circula entre los adolescentes de un barrio popular de Corrientes. El film fue la apertura de la sección Panorama del Festival de Berlín.

La segunda película de la directora de HOY PARTIDO A LAS 3 quizás termine siendo fundacional –o, al menos, clave– en la historia del cine argentino realizado por mujeres. Si la memoria no me falla (o me quedé sin ver alguna película clave en estos años) se trata de un relato, una descripción, un mundo y unos personajes equiparables, en cierto punto, a lo que fueron los de PIZZA, BIRRA, FASO en el cine nacional allá a fines de los ’90. La película cuenta una serie de historias, sí, pero se destaca más que nada como retrato directo, crudo y realista del mundo de los adolescentes de un barrio popular en Corrientes.

Se podría resumir diciendo que LAS MIL Y UNA es una historia de amor entre chicas que tiene lugar en ese escenario (un barrio obrero conocido como «Las mil casas»). Pero es mucho más que eso. Al escaparse todo el tiempo de la historia central que narra y desviar la atención del espectador hacia personajes supuestamente secundarios, lo que hace Navas –que también había ensayado un tipo de narración sutilmente coral en su opera prima– es salirse un tanto de los condimentos acaso previsibles de ese complicado romance adolescente y hacer una pintura más amplia de la sexualidad en ese marco.

La protagonista es Iris, una adolescente que juega al basquet y que ronda los 16, 17 años. Tímida y solitaria, parece estar recién empezando a descubrir que le interesan más las chicas que los chicos. Junto a ella, en ese verano caluroso correntino, están sus primos, enfrascados en sus propios asuntos sexuales con otros chicos (o no tan chicos), familiares, amigos y conocidos del barrio en una comunidad en la que el deseo parece circular a toda velocidad. La película encuentra su eje narrativo más tradicional cuando Iris conoce a Renata, una chica con más experiencia y un pasado que la hace receptora de todo tipo de rumores en el barrio. Iris la sigue. Renata se da cuenta. Y ahí empieza un amable y tierno romance.


Con largos planos secuencia en los que la cámara sigue a los personajes involucrados en cada escena, Navas va por un lado describiendo los vaivenes de la relación entre la experimentada Renata y la novata Iris, con todos los inconvenientes que eso tiene. Y, a la vez, sigue las desventuras de primos, familiares, amigos y vecinos en sus propias historias, la mayoría de ellas relacionadas con el sexo y aledaños.

Lo que sorprende del film, más que cualquier otra cosa, es su franqueza, esa suerte de realismo popular que la televisión ha vuelto a transformar en costumbrismo en muchas de las series recientes ligadas a figuras populares. Aquí eso desaparece y lo que surge es algo que se podría emparejar con las primeras películas de José Campusano (aunque técnicamente más sofisticadas) o los ya citados clásicos del Nuevo Cine Argentino. Pero a eso hay que sumarle la mirada femenina y LGBT que tiene LAS MIL Y UNA, que logra colar temas centrales a la discusión sobre las identidades sexuales de una manera completamente natural y sin imponer nunca temas desde afuera de la propia lógica del relato.

Con dos horas de duración, la película puede parecer un poco larga de entrada pero cuando uno termina por darse cuenta que el sistema narrativo adoptado por Navas es lateral, sin otorgar prioridades entre escenas importantes y otras «secundarias», LAS MIL Y UNA se siente orgánica y creíble en cada uno de sus planos, sin importar la inexperiencia actoral del elenco (son poquísimas las situaciones en las que eso se nota) ni la extensión de sus escenas. Fluye, en algún punto, como esas largas jornadas veraniegas en las que no hay más nada que hacer que ejercitar la mirada y poner el deseo y el cuerpo en movimiento.