Estrenos online: crítica de «Un viaje pesado», de Kitao Sakurai (Netflix)

Estrenos online: crítica de «Un viaje pesado», de Kitao Sakurai (Netflix)

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08 Abr, 2021 01:11 | comentarios

Esta comedia realizada con actores haciendo absurdas escenas de ficción en medio de personas comunes que no saben que están siendo filmadas logra ser muy divertida a costa de sus propios protagonistas. Con Eric André y Tiffany Haddish.


No soy demasiado fanático de las películas hechas con las llamadas cámaras ocultas. De hecho hasta podría decir que estoy en contra de ellas, desde un lugar que –si quieren– pueden llamarlo ético. Tienen algo de abuso de poder que me fastidia y funcionan en general a partir de burlarse de la gente. Algunas, como BORAT, tienen pese a eso una enorme potencia porque funcionan casi como películas de denuncia: su «misión» pasa por desnudar ciertos comportamientos horribles de personas desagradables. Así y todo, me incomodan, porque están construidas desde el engaño y la trampa. Me generan muchísimas dudas.

Hay una escena al principio de UN VIAJE PESADO que me hizo pensar que esta película podía ser diferente. En ella, el protagonista Chris le cuenta a un tipo que está sentado en un banco de una plaza que está enamorado de una chica y le pide consejos de si tiene que ir o no a buscarla a Nueva York para declararle su amor. El tipo le dice que lo haga y nuestro héroe empieza a cantar. Y sigue cantando mientras camina hacia un mall, se lleva un auto por delante, entra al shopping en cuestión y sigue cantando mientras la música suena (nosotros la escuchamos, no ellos). Cuando todos lo miran azorados –recuerden, salvo él todos son personas comunes que no saben que están en una película–, un grupo de mozos se pone a bailar y a cantar a su alrededor. Y se arma una perfecta escena de un musical rodeada del caos que va generando Chris a su paso.

No conocía a Eric André más que de nombre y no sabía que su universo era el de este tipo de bromas. Rápidamente, en UN VIAJE PESADO quedan claro dos cosas. Por un lado, el sistema: Eric y algunos pocos más son actores, los demás solo pasaban por ahí y les tocó en suerte aparecer en la película. Y, por otro, que no hay intención de humillar o burlarse de nadie. La gente simplemente será testigo azorado de una suerte de comedia absurda de enredos que se filma adelante de ellos. No siempre el humor funcionará y en algún que otro momento ese límite se romperá de maneras no necesariamente adorables (a juzgar por escenas que se ven en los créditos finales, no todas salieron bien), pero el espíritu de André y su equipo es hasta noble: hacer partícipe a la gente de una comedia que se filma, literalmente, en sus caras.


La trama es lo de menos, apenas la excusa narrativa para ir de una escena grotesca a otra salvaje, de una simpática a otra de acción. Chris es un tipo de Florida que se reencuentra en su trabajo con una chica que le gustaba durante sus años de escuela y, tras confundir las señales de la tal María (Michaela Conlin), se decide a ir a buscarla a Nueva York, donde ella vive y trabaja como curadora de arte. Chris convence a su amigo Bud (Lil Rel Howery) de usar el auto de su hermana, Trina (Tiffany Haddish, cuyo aspecto está muy bien alterado para que no la reconozcan), una mujer violenta y agresiva que está en la cárcel. Lo que no sabe es que la chica se ha escapado y, al ver que se han llevado su auto, sale a perseguirlos.

Ese es el sistema ficcional que organiza las escenas de UN VIAJE PESADO. Las demás son las que llamaríamos set pieces. Algunas de ellas, pequeños cruces, encuentros, situaciones inesperadas. Pero la mayoría son elaborados trucos armados para descolocar a los desprevenidos participantes. Chris y Bud se drogan y entran a un supermercado en ese estado, Chris se mete en la jaula de un gorila de un zoológico o se emborracha en un bar de música country (los dos protagonistas son afroamericanos), ambos tienen bizarros accidentes personales o de tránsito, mientras que ella tiene intercambios bastante tensos con personas en cada lugar que para. El mejor de todos ellos, en el que se cruzan los tres en distintos momentos, tiene lugar en otro bar en medio del camino.

El sistema funciona casi siempre. Y si bien es el tipo de comedia cringe que a no todos fascina ni interesa, la mayoría de las secuencias son verdaderamente graciosas, más que nada por cómo muestran la forma en la que la gente reacciona o se ve forzada a interactuar con los protagonistas en esas relativamente guionadas situaciones. Nunca son –y esto es fundamental–, las víctimas de las bromas. La película no está hecha para reírse de la gente sino para compartir su sorpresa, su nerviosismo ante el caos que se les presenta de golpe y mostrar, por lo general, las simpáticas y solidarias salidas que tienen para tratar de ayudar a estos amigos que suponen en problemas.


Hay otra escena a bordo de un ómnibus que tiene una lógica casi tan cinematográfica como la del musical. En ella, Chris va a buscar a Bud para tratar de reconciliarse con él tras una pelea. Y le hace, adelante de una veintena de personas que no tienen idea que están siendo filmadas, una declaración de afecto de esas que serían poco creíbles en cualquier ficción. Y todos la compran, aplauden y algunos se emocionan. No todas las escenas son así de tiernas. Como muchos de los cultores de este tipo de pranks, Eric Andre tiene un especial gusto por el grotesco y el ridículo (hay vómitos, semen, zoofilia, lo que sea), pero es algo que se reserva para él mismo. Las escenas pueden dar vergüenza ajena y ser definitivamente incómodas, pero la broma siempre cae en él. Y esa diferencia no es para nada menor. Es central al éxito de la propuesta.

La película ya lleva casi un mes Netflix y si me tomó tanto tiempo verla fue por las reservas que comenté al principio respecto a este tipo de formatos. Por cada propuesta ingeniosa que hay dentro del género de las prank movies (toda la línea JACKASS, digamos) hay muchas otras –especialmente muchos programas de televisión– que suelen servir para poner a sus creadores en un pedestal de ingenio usando a la gente de idiota útil, apostando también al deseo de esa misma gente de aparecer en una película de cualquier modo. UN VIAJE PESADO no va por ese lado. Aprovechando seguramente la manera en la que hoy una o varias cámaras pasan completamente desapercibidas entre tantos celulares que filman, Eric Andre y compañía encontraron la manera de hacer una comedia brutal y salvaje, pero curiosamente respetuosa y hasta generosa. Filmada antes de la pandemia, a su manera parece hablar de un tiempo en el que todavía se podía creer en la amistad, en la solidaridad y en algo así como la confianza en el otro. Quizás, de un modo impensado, la película no solo termine siendo un clásico de culto sino un recordatorio de cómo podían ser las cosas hace no tanto tiempo, una época en la que el vecino o el extraño no era mirado como posible enemigo sino como alguien por quien sentir algún tipo de empatía.