Festivales: crítica de «A.I. At War», de Florent Marcie (DocBuenosAires)

Festivales: crítica de «A.I. At War», de Florent Marcie (DocBuenosAires)

Este documental francés que inaugura el festival tiene como protagonistas al realizador y a un robot que él lleva a zonas de conflicto bélico para que su algoritmo se empape de la realidad y… aprenda.


Es muy difícil tomarse los grandes conflictos y problemas internacionales –guerras, violencia, invasiones, matanzas, crímenes de lesa humanidad– de manera liviana. Sin embargo, de una forma inteligente y ácida, el cineasta francés Florent Marcie logra hacerlo en A.I. AT WAR. Su punto de partida es original porque ese costado, si se quiere humorístico, está intervenido por otro, de características críticas. Marcie, que protagoniza la película, viaja por zonas de conflicto cargando consigo un pequeño robotito de inteligencia artificial llamado Sota, una mezcla de Siri y Alexa pero con el aspecto y el tamaño de una mascota digital que compró en Malasia. ¿Para qué lo hace? ¿Cuál es su intención? «Para que aprenda», diríamos, simplificando.

Dicho de otro modo, el desafío de Marcie es ver si la inteligencia artificial y los algoritmos que van «aprendiendo» a partir de la información que reciben de sus usuarios y sus «experiencias» pueden comprender algo de la vida real que exceda lo programado. Sota tiene una cámara que le permite «ver» lo que sucede y tomar esos datos como referencias para ir complejizando su análisis de la realidad. Marcie a veces usa una cámara que imita el punto de vista de Sota, que trata de posicionarse en el lugar y la manera en la que el «aparatito» captura la demoledora realidad que aparece adelante suyo. En otras ocasiones, utiliza drones que capturan impactantes escenas como la destruida Mosul en Siria o los violentos incidentes en París en las manifestaciones de los «chalecos amarillos», mostrando esa otra zona de conflicto que suele estar controlada por algún tipo de inteligencia artificial.

Sin ponerlo en palabras directamente, Marcie parece intentar «humanizar» a la inteligencia artificial. Uno de los mayores problemas actuales que aparecen en conflictos bélicos tienen que ver con esta manera «virtual» de atacar poblaciones, sin tantos ejércitos en Tierra sino mediante ataques dirigidos y controlados digitalmente (drones, misiles, etc.) que muchas veces confunden objetivos y atacan «involuntariamente» zonas y edificios equivocados. Hay algo simbólico en la misión de Marcie de llevar a su robotito al campo de batalla y hacerle reconocer rostros, nombres, lugares, situaciones, saber lo que es la sangre, los huesos, tratar de que entienda conceptos como el dolor, el sufrimiento y la muerte.


Eso da, curiosamente, para muchos momentos divertidos, ya que el extrovertido Marcie carga con su robot a cuestas y todo el mundo los mira como si fueran extraterrestres. Acreditado como periodista en zonas de conflicto, el cineasta cuestiona, investiga, pregunta y trata de que Sota aprenda de las experiencias, que su algoritmo se empape de la realidad. Claro que para los entrevistados, tener a esa simpática criaturita que habla y que parece un personaje de WALL-E resulta por momentos gracioso y sus respuestas dan momentos de mucha hilaridad. En otros, no tanto, ya que Marcie y su «compinche», se enfrentan a situaciones muy duras de las que solo queda escapar.

Ver a Marcie, Sota y sus entrevistados conversar sobre la guerra, Dios, los conflictos políticos, ver cómo el robot va de a poco reconociendo más y más lo que su cámara ve como «guerra» (Marcie le pide siempre que le diga que es lo que está viendo y la robótica y femenina voz de Sota le da probabilidades numéricas) le va dando un carácter enrarecido y curiosamente emotivo a un film distinto, que se atreve a meterse en esa zona de conflicto paralela que existe entre lo real y lo virtual, lo que sucede «en el terreno» y los relatos o construcciones que se arman virtualmente, a partir de patrones insertados en una computadora. Si es cierto, como dicen algunos especialistas, que la Inteligencia Artificial «aprende» a partir de procesar la información que recibe de los usuarios, hacerla participar del mundo real y en conflicto es una gran idea. ¿Quién sabe? Quizás en breve tendremos el primer cyborg revolucionario.