Festivales/Estrenos online: crítica de «Old Henry», de Potsy Ponciroli (Venecia)

Festivales/Estrenos online: crítica de «Old Henry», de Potsy Ponciroli (Venecia)

Este western, que homenajea a los clásicos del género, cuenta la historia de un padre y su hijo que recogen a un hombre herido, lo llevan a curar a su casa y deben enfrentar, violentamente, a quienes vienen a buscarlo. Con Tim Blake Nelson y Stephen Dorff.


Un western minimalista, old school, que narra un tipo de historia que hemos visto mil veces y volveríamos a ver mil veces más si está tan bien contada como aquí, OLD HENRY no intenta reinventar el género ni resignificarlo. Se trata de un film de «asedio», en la mejor tradición de RIO BRAVO, con elementos narrativos que la acercan a LOS IMPERDONABLES y un estilo, ejecución y hasta una ética no lejana a la de los films que Clint Eastwood hizo después de lidiar con su propio pasado –y el del género– en aquel clásico de 1992.

Filmada en plena pandemia –nada mejor que un western de un para de locaciones y muy pocos personajes para lidiar con las limitaciones de ese tipo de rodaje– y con un presupuesto que no paga el catering de un día de una película de Marvel, la película dirigida por el tal Ponciroli, cuyo máximo crédito era el de ser el creador de STILL THE KING, una serie sobre un imitador de Elvis Presley interpretado por el cantante country Billy Ray Cyrus, se trata de un western que transcurre a principios del siglo XX en Oklahoma, una zona rural completamente alejada de cualquier atisbo de civilización.

El film arranque en medio de un tiroteo. Un trío de agentes de la ley –o eso parecen, llevan uniforme– persiguen, disparan y atrapan a un tipo y le preguntan por otro, que escapó. Ahí la película se moverá hacia la que será la locación principal: la granja del Henry del título (interpretado por ese gran actor, usualmente de reparto, y también director que es Tim Blake Nelson), un hombre viudo con un hijo adolescente que vive una vida tranquila dedicada a sus caballos, cerdos y sus ocupaciones como granjero. Con él colabora su cuñado (el cantante country Trace Adkins) que se lleva mejor que él con su hijo, Wyatt (Gavin Lewis). El problema del chico es que sueña con una vida con más acción y emociones pero su padre se niega hasta a enseñarle a usar un arma.


Cuando ve un caballo solo pasando a lo lejos el tipo descubre que algo ha sucedido. Es ahí que se topa con un tipo ensangrentado (claramente, el otro que buscaban al principio) y, a unos metros, un saco lleno de dinero. Lejos de liquidarlo y quedarse con la plata, Henry primero opta por dejar todo como está, pero finalmente decide llevarse al hombre a su casa y tratar de curarlo. Y la plata, bueno, al final la plata la agarra también. De ahí en adelante quedará planteado el conflicto: los agentes de la ley, encabezados por el Sheriff Ketchum (Stephen Dorff), vendrán en la búsqueda del tal Curry (Scott Haze) y Henry primero negará conocerlo, mentira que no le durará mucho tiempo. Y todo estará preparado para un enfrentamiento final.

Pero en paralelo a este relato corre otro que le agrega una capa de interés aún mayor y complica el destino de los personajes. A partir de su manera de lidiar con el hombre herido –al que salva la vida– y por cómo enfrenta el primer acecho de Ketchum, es claro que Henry tiene un pasado que no es el de granjero. Y su hijo es el que descubre un baúl en su casa que tiene armas, municiones y otras cosas que se develarán después. ¿Quién es Henry y porqué no quiere saber nada con que su hijo se meta en la vida más violenta del Oeste? A la vez, no sabemos muy bien quién es Curry y cómo actuará con quienes lo rescataron, si Ketchum es o no sheriff (no lo parece) y de dónde viene esa pila de dinero que todos buscan.

Con sus 93 minutos de duración, OLD HENRY va armando con calma (sin prisas pero sin pausa, dirían) lo que todos sabemos que se vendrá: un enfrentamiento sangriento entre los de adentro y los de afuera. Pero quizás lo más interesante esté en descubrir el pasado de Henry y saber a qué se debe su deseo de que Wyatt ni siquiera tome un arma, aún a costa de que su hijo lo odie por eso. Es obvio que el tipo tiene un historial difícil que quiere dejar atrás por una vida pacífica –aquí el costado LOS IMPERDONABLES–, pero las circunstancias lo llevan a tener que hacerse cargo de la situación, aunque él claramente preferiría no hacerlo. Y lo que para Henry es un problema, para el chico es una revelación.

Ponciroli irá develando detalles de la trama de a poco, mientras mantiene más que nada la tensión en función del inevitable enfrentamiento entre los que vienen a buscar a Curry (bah, al dinero) y el tal Henry, que sabe que si no se defiende, no saldrá ninguno vivo de ahí. Eso de «ríndete y tendrás un juicio justo», acá no corre. Hay un giro inesperado más cerca del final que, en otras manos, podría haber echado por tierra la potencia del relato. Pero aquí no solo está bien manejado sino que se trata de una de esas revelaciones que, retrospectivamente, notamos que están muy bien construidas a lo largo del film. Solo hay que saber prestar atención.

OLD HENRY trabaja muy bien estas dicotomías, especialmente el conflicto interno de un hombre que odia tener que regresar a la etapa más salvaje de su vida pero que al final se da cuenta que no le queda otra opción. Y que sabe, además, que los resultados no serán tan limpios, claros y heroicos como su hijo imagina. Para eso, Ponciroli cuenta con una carta fuerte: Tim Blake Nelson. El actor de LINCOLN, SYRIANA y la reciente WATCHMEN, entre muchos otros títulos, es uno de esos intérpretes cuyo rostro deja entrever mil vidas vividas y que aquí está utilizado de una manera casi estoica, muy alejado de las actuaciones un tanto más «expansivas» que ha hecho en películas de los hermanos Coen. En la mirada del hoy viejo Henry, que alguna vez fue joven, uno puede advertir toda esa historia de violencia que no se puede dejar tan fácilmente atrás.