Series: crítica de «Reservation Dogs – Temporada 2», de Sterling Harjo y Taika Waititi (Star+)

Series: crítica de «Reservation Dogs – Temporada 2», de Sterling Harjo y Taika Waititi (Star+)

Esta extraordinaria serie –elegida por muchos medios como una de las mejores del año– retrata a una comunidad indígena de los Estados Unidos a través de las desventuras de cuatro adolescentes que viven allí. Las dos temporadas están disponibles en Star+.

Empecé a ver RESERVATION DOGS un año tarde, cuando la primera temporada ya había terminado y estaba por comenzar la segunda, que se estrenó en los Estados Unidos en agosto y llegó acá a fines de noviembre. Si bien había leído todas las encuestas de 2021 que la daban como una de las mejores, sino la mejor, de las series nuevas de ese año, el primer episodio no me interesó. Pensé, al ver la combinación del título, el look de los protagonistas y cierto humor absurdo de ese piloto que la serie era una especie de bizarro remedo de PERROS DE LA CALLE (el título es un juego de palabras con el original de esa película de Quentin Tarantino, RESERVOIR DOGS) pero con personajes adolescentes y de una reservación nativa de los Estados Unidos. Todo teñido por el humor de uno de sus dos creadores, Taika Waititi, alguien que para entonces había dejado de caerme simpático tras JOJO RABBIT, una película que me pareció directamente insoportable.

Pero eran tantas las buenas críticas acumuladas, más aún por la segunda temporada, que me decidí a darle una segunda oportunidad. Y rápidamente, tras atravesar esa frontera inicial en la cual uno imagina que solo verá las andanzas cool de un cuarteto de adolescentes nacidos y criados en una reservación, no es difícil darse cuenta que la serie propone otra cosa, mucho más humana, sensible y emotiva, mucho más realista y cercana, y que si bien esas capas de ironía y humor absurdo se mantendrán, siempre estarán «protegidas» bajo el paraguas del enorme cariño que existe por los personajes de esta serie que es, en realidad, un mundo.

El verdadero creador de la serie es Sterling Harjo, un cineasta con un par de largometrajes independientes previos nacido en una comunidad indígena de Oklahoma similar a la que se ve aquí. Y esas experiencias, actualizadas, son las que se reflejan en este retrato de un pequeño pueblo en el que se unen y a veces colisionan la cultura tradicional de la comunidad con los deseos más típicos de los adolescentes estadounidenses. En ese combo de influencias viven los cuatro amigos que protagonizan la serie, cuyo punto de conexión y también de ciertas tensiones es el suicidio de uno de ellos, Daniel, que sucede un año antes del inicio de la historia.


A lo largo de las dos temporadas –las dos están disponibles en América Latina vía StarPlus– veremos cómo la relación entre los cuatro va evolucionando y cambiando, los veremos meterse en algunas aventuras y problemas, e ir tomando amarga distancia unos de otros. Acaso lo más rico de la serie tenga que ver con las vidas de cada uno de ellos por separado, incluyendo las relaciones con sus padres, tíos, abuelos y otros personajes curiosos de la reservación que los rodean. Es un retrato coral, divertido por momentos y muy emotivo en otros, que se va expandiendo para contener a cada vez más gente y transformarse, finalmente, en el retrato de una comunidad entera.

El disparador dramático de la serie está puesto en el deseo de los amigos de cumplir el sueño de Daniel y viajar a California. Cansados de la vida en lo que finalmente es un pueblo chico en el que la mayoría tiene pocas expectativas de salir, los chicos sueñan con ir a Los Angeles y probar suerte allí, sin tener muy claro para hacer qué ni cómo. Y para ese viaje juntan dinero como pueden, a veces robando cosas y en otras, bueno, ya verán. Pero el viaje es la excusa para conocerlos a ellos, uno por uno. Bear (D’Pharoah Woon-A-Tai), Elora (Devery Jacobs), Cheese (Lane Factor) y Willie Jack (Paulina Alexis) son amigos de la infancia y parecen estar dispuestos a darlo todo por el otro. Pero la muerte de Daniel empieza a ensombrecer la relación y a marcar diferencias, las que se irán atravesando episodio por episodio.

La relación central pasa por Bear y Elora, que empiezan a distanciarse entre sí a partir de algunas cosas que suceden, mientras que Cheese y Willie Jack –a mi gusto, los mejores personajes– funcionan un poco más en paralelo. Pero Harjo, Waititi y su equipo de guionistas van dedicando episodios individuales a cada uno de ellos en los que los conocemos mejor, en su intimidad y con la historia familiar que llevan a cuestas. Episodios como los dedicados al padre y a la madre de Bear, el centrado en la relación entre Willie Jack y su padre –o el de ella y la madre de Daniel–, el de Cheese detenido en un reformatorio y algunos, como el último de la segunda temporada, en el que todos tienen que hacerse cargo de los problemas que fueron acumulando a lo largo del tiempo, son particularmente fuertes y, en algunos casos, muy emotivos. Otros optan más por desventuras graciosas y absurdas, algunos de los cuales funcionan muy bien y otros, no tanto.

A la vez, la serie integra a un grupo cada vez más amplio de la comunidad (y de intérpretes nativos, algunos de ellos conocidos como Wes Studi, Gary Farmer o Lily Gladstone y otros nóveles) a la historia. Al principio, quizás, casi a manera de comic relief (un simpático dúo de raperos de baja estatura, algún tío hippie y fumador de marihuana, un gracioso «policía» de la comunidad al que nadie presta atención, el fantasma de un antiguo jefe tribal y así), pero luego permitiendo que conozcamos más a cada uno de ellos y, especialmente, a los que se conectan familiarmente con los protagonistas. Convengamos, de todos modos, que en esta comunidad el concepto de «familia» es bastante amplio y, en cierto punto, cualquiera de los que viven allí puede integrarla. La reservación es la familia.

La influencia de Waititi se siente, por lo general, más en los episodios cómicos y absurdos, pero esa sensibilidad humanista en la que esas situaciones ridículas se integran ya estaba presentes en su filmografía. Una de las mejores características de la serie es la manera en la que, a la vez, los personajes se burlan y se toman en serio las tradiciones locales, que incluyen espíritus, visiones y ceremonias tradicionales. Es cierto que ese sistema puede funcionar un poco como una fórmula a lo largo de las dos temporadas, pero casi siempre el efecto buscado se logra y los momentos ligados a las tradiciones pasan rápidamente de ser algo curioso, raro y gracioso a convertirse en emotivos.

RESERVATION DOGS es un coming of age grupal, el de cuatro adolescentes que lidian con tener que crecer un tanto apresuradamente, a partir del dolor y de la tragedia pero también en función a algunas obligaciones con las que se topan, quizás inesperadamente. Y es, a su vez, un inclusivo, generoso y tierno retrato de una comunidad contado desde adentro, alejado de la mirada condescendiente o piadosa con el que habitualmente se la retrata desde afuera. Aquello de ir ampliando las voces de quienes son los que cuentan las historias –y qué historias son las que se cuentan– cobra el más absoluto de los sentidos cuando uno ve esta serie, que no solo le regala al espectador casual un mundo entero para descubrir sino que lo invita a mirarlo con otros ojos.