Cannes 2025: crítica de «O agente secreto», de Kleber Mendonça Filho (Competición)

Cannes 2025: crítica de «O agente secreto», de Kleber Mendonça Filho (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
18 May, 2025 04:12 | Sin comentarios

Brasil, 1977. Marcelo, un prófugo, llega a Recife durante la semana de carnaval con la esperanza de reencontrarse con su hijo, pero pronto se da cuenta de que la ciudad está lejos de ser el refugio pacífico que busca.

Un película épica que incluye suspenso, acción, comedia y drama pero que, por debajo de sus características de film de género, trabaja complicadas temáticas ligadas a la dictadura brasileña, O AGENTE SECRETO es un ambicioso desafío del que Kleber Mendonça Filho sale más que airoso, creando un fresco de la época (mediados de los años ’70) en un país en el que se vivía, por debajo de una aparente bonhomía, en un estado de permanente simulación y terror.

EL AGENTE SECRETO puede o no ser Marcelo (Wagner Moura) y acaso ese no sea su verdadero nombre. Cuando está llegando a Recife a reencontrarse con su hijo se topa con una señal de lo pesadas que son las cosas. Han matado a alguien en un estacionamiento y el cadáver lleva días tirado, sin que la policía se acerque a investigar con la excusa del carnaval. Eso sí, cuando Marcelo para con su escarabajo de Volkswagen amarillo, la autoridad viene, le revisa todo el coche y le pide coima para poder seguir. Al irse, el cadáver sigue ahí, no hay provecho para sacar ahí.

Durante la primera de las tres partes en las que el film se divide, el director de BACURAU presenta más de una docena de personajes y situaciones que, de entrada, es complicado de relacionar. A modo de subtramas, aparece una pierna comida por un tiburón (justo al mismo tiempo que la película de Steven Spielberg es furor en las salas), hay una mujer desaparecida, sobrevivientes del Holocausto que pululan fastidiosos por la zona (cameo de Udo Kier) y de a poco uno empieza a entender –a través de un flash forward al presente, en el que estudiantes universitarias analizan esa etapa en la vida de Recife vía grabaciones y diarios de la época–, que algo más complejo sucede allí.

Marcelo puede estar buscando informaciones familiares ligadas a su madre, su esposa y tratando de reconectar con su hijo al que no puede ver y que lo espera, pero no es el único que funciona en modelo doble vida. Además de él, son varios los que se van conectando en una red, organizada y sostenida por mujeres, tratando de reencontrarse con gente, averiguar paraderos y, en lo posible, tratar de escapar del país hacia Europa o donde se pueda.

Pero un poco como en BASTARDOS SIN GLORIA, de Quentin Tarantino –una de las tantas filmografías cuyo estilo remeda al combinar lo más pulp de los géneros con tramas densas y oscuras–, las historias que vemos se conectan en el espacio de una gran sala de cine de Recife que funciona a modo de centro neurálgico de esta especie de resistencia. Allí entre proyecciones de PROFECIA, KING KONG y las largas filas para ver TUBARÃO aparecen muchos otros como Marcelo, incluyendo su suegro, quien usa sus oficinas como espacio para resistir.

Con algo de relato de espías a lo John le Carré, un touch de los thrillers políticos de Costa-Gavras (o el Melville de EL EJERCITO EN LAS SOMBRAS) pero con escenas de acción y violencia que beben más del cine de terror (los disparos más que agujeros de bala destrozan a la gente en pedazos en plan John Carpenter), Mendonça Filho va hilando un retrato de la vida en Brasil –más específicamente en la Recife que conoce tan bien y filma espectacularmente– en tiempos de sospechas y suspicacias. Cuando unos mafiosos conectados políticamente ponen un precio en la cabeza de «Marcelo», O AGENTE SECRETO se transforma en un film de gangsters y de acción puro y duro.

Una película con espíritu abarcador, un retrato de época –por un buen rato no queda claro quién está haciendo qué ni cuál es su objetivo– en el que se tratan de integrar momentos de la vida cotidiana y (quizás demasiados) personajes secundarios y subtramas, EL AGENTE SECRETO pone la lupa en las etapas más complicadas y difíciles de nuestros países, pero no tanto desde la perspectiva del drama político clásico –que está, pero en segundo plano– sino contándolo con los recursos y los excesos de los géneros populares: pantallas partidas, gore, secuencias musicales y hasta una «pierna asesina» que persigue a jóvenes díscolos para matarlos.

A la vez, como su anterior RETRATOS DE FANTASMAS, la película es también homenaje al cine que amó (y mamó) de pequeño y a las grandes salas de Recife en las que las vio. El hijo de «Marcelo» bien podría ser Kleber, que era un niño pequeño en esa época, recorriendo los cines de su ciudad fascinado –viendo a la gente morir de miedo con LA PROFECIA o tener pesadillas de por vida por culpa de TIBURON— y, al salir a la calle, dándose cuenta que ese horror cotidiano que se vive subterráneamente en algún momento será también una película. La suya.