Estrenos: crítica de «Hasta los huesos», de Luca Guadagnino

Estrenos: crítica de «Hasta los huesos», de Luca Guadagnino

por - cine, Críticas, Estrenos
28 Nov, 2022 10:28 | Sin comentarios

Este drama con elementos de suspenso y terror sigue a una pareja de jóvenes que necesitan alimentarse de carne humana para sobrevivir. Con Timothée Chalamet y Taylor Russell. Estreno en cines: 1 de diciembre.

Más una tragedia romántica con algunas escenas un tanto gore que un film de horror propiamente dicho, HASTA LOS HUESOS es una suerte de road movie existencial que le debe más al cine norteamericano de los ’70 –la influencia de BADLANDS, de Terrence Malick, es notoria– que el terror más cruento de los clásicos de esa misma época. Filmada con el poético romanticismo que acostumbra el realizador italiano de LLAMAME POR TU NOMBRE, este por momentos angustiante drama que transcurre en un punto indeterminado de los años ’80 se centra en una pareja de jóvenes a los que, a falta de mejor término, habría que definirlos como caníbales.

Desde pequeña, Maren (Taylor Russell) ha convivido con esta enfermedad, que la lleva a alimentarse compulsivamente de carne humana. Ahora está por cumplir 18 años y gracias a los esfuerzos un tanto extremos de su padre (André Holland), que la encierra con llave todas las noches en su cuarto en el trailer en el que ambos viven, se ha tenido que contener. Pero una noche no puede evitar responder a la invitación de una compañera de su nuevo colegio que quiere incorporarla a su grupo de amigas y termina comiéndole un dedo. Esto obliga a su padre a hacer algo que, claramente, ya ha hecho antes: literalmente, levantar campamento. Agarrar unas pocas cosas y escapar hacia un nuevo destino, algo que parece ser su única posibilidad de sobrevivir.

Pero cuando la chica cumple 18 años el padre se agota y se va, dejándola sola. Le deja dinero, su partida de nacimiento con info acerca de su nombre real y el de su madre –a la que no recuerda– y un casete en el que le va contando cosas de su pasado que la chica no recuerda y que sirve, a la vez, para que el espectador conozca la historia de los carnívoros hábitos de Maren. Y con esos pocos dineros en el bolsillo la chica se sube a un micro a cruzar el país a buscar a su madre. Pero lo que encuentra, en realidad, es que ella no es la única caníbal suelta en los Estados Unidos.


En su recorrido se topará con dos figuras que serán fundamentales en su recorrido por esa rara «escuela de vida» del canibalismo. En la primera parada de su bus conocerá a Sully (Mark Rylance, en una personificación un tanto pasada de excentricidad), un veterano del «gremio» que la descubre por su olor (los caníbales se huelen entre sí a muchísima distancia o eso parece) y que le enseña algunos trucos para alimentarse, algo que lleva a Maren a atravesar su primera y consciente «comilona» ya en plan atraco, algo que termina resultándole un tanto, bueno, indigesto.

Luego, mientras roba algo para comer en un supermercado, la chica se topa con Lee (Timothée Chalamet, con el pelo teñido), un joven un tanto más grande que ella y más experimentado en esto del canibalismo. Tras un par de malentendidos y situaciones un tanto extrañas (allí tiene un breve rol Michael Stuhlbarg, uno de los muchos actores de otras películas de Guadagnino que tienen papeles secundarios aquí), ambos empiezan a vivir casi como una pareja en la ruta, huyendo tras algún inevitable festín como tantos antihéroes del cine y la literatura de ese país, una dupla en fuga no tanto de las autoridades sino de sus propias e incontrolables pulsiones asesinas.

Pensada como un retrato más lírico que intenso ya desde la bucólica fotografía de Arseni Khatchaturan y la música de Trent Reznor y Atticus Ross, HASTA LOS HUESOS no abandona del todo la búsqueda de producir un impacto, ejem, visceral. Si bien el eje pasa más por la relación entre ambos y por los traumas familiares que cargan debido a la condición hereditaria de su enfermedad –el motor de buena parte del relato pasa por la necesidad de Maren de encontrar a su madre–, Guadagnino no le escapa a los momentos de crudeza (ok, basta) y de violencia física ligada a sus hábitos y a los de algunas de las personas con las que se cruzan en su camino.

Más cerca de la Claire Denis de TROUBLE EVERY DAY que de cualquiera de esas sagas de vampiros, hombres lobos u otras criaturas que solían plagar las pantallas hace unos años (si bien la novela podría haber sido adaptada de ese modo), BONES AND ALL funciona como una triste y melancólica reflexión sobre la violencia familiar, sobre los límites del deseo –Maren lucha constantemente contra su condición mientras que Lee parece ya resignado a aceptarla– y hasta como una metáfora sobre las adicciones. Mirados de cierto modo, Maren y Lee bien podrían ser una pareja de adictos tratando de lidiar con sus muchas veces incontrolables necesidades.

Guadagnino filma con planos largos, dejando las escenas correr (incluyendo «errores» de los actores, momentos que se pisan y escenas de ese tipo que le dan aún más naturalismo al asunto), en un tono que tiene ciertas reminiscencias de las primeras películas de David Gordon Green, quien quizás no casualmente tiene un breve papel aquí, lo mismo que Chloë Sevigny y Jessica Harper, dos actrices del «repertorio» de Luca. Pero si bien la carrera del italiano parece circular por distintos temas y estilos, hay algo que transmite la película que se observa en sus obras anteriores, especialmente en la miniserie WE ARE WHO WE ARE, cuyo universo y pareja protagónica tienen bastantes similitudes con esta, aunque sin usar brazos humanos como antipasto. Es algo, conceptualmente, un tanto retro y que se refleja también en la selección de canciones de Joy Division y New Order en la banda sonora. Una mirada poética, desgarrada y bastante dark de la existencia. Y una celebración de la voracidad del amor como último bastión frente a todos los males del mundo.