
Series: reseña de «Amanda Knox: una historia retorcida» («The Twisted Tale of Amanda Knox»), de K.J. Steinberg (Disney+)
La serie se inspira en la historia de Amanda Knox quien fue condenada injustamente por el trágico asesinato de su compañera de cuarto, Meredith Kercher. Con Grace Van Patten y Sharon Horgan. Desde el 20 de agosto en Disney+
El caso es célebre y la historia, conocida. De hecho, uno de los más famosos documentales de true crime –de los que se adelantaron a la actual moda– contó esta misma historia en 2016, cuando el largo proceso de Amanda Knox empezaba a concluir. A casi 18 años del crimen de Meredith Kercher llega ahora la versión ficcionalizada de la historia de Knox, la joven estadounidense acusada de ser una de las culpables de ese asesinato. Producida por la propia Knox y basada en sus memorias, la serie se propone como su versión de los hechos. Y es importante saber que eso es lo que uno verá acá.
Es raro el caso de un crimen que se conozca por el nombre de una de las acusadas y no por el de la víctima, pero por cuestiones que se verán a lo largo de la serie es hasta entendible que se haya hecho famoso así. Es que Amanda y la cantidad de extrañas circunstancias que rodearon su detención, su juicio y las posteriores cosas que le sucedieron terminaron prácticamente eclipsando a la víctima y a todos los otros participantes del caso. Y eso, que sucedió en la vida real, se replica en la serie, ya que al contarse desde su punto de vista deja muy en segundo plano al resto de los participantes.

El caso que cuenta THE TWISTED TALE OF AMANDA KNOX es, en principio, bastante sencillo. Knox (interpretada aquí por Grace Van Patten, de la serie TELL ME LIES) era una estudiante de intercambio de Seattle que estaba en Perugia, Italia, compartiendo una casa con otras tres chicas, incluyendo Kircher, en 2007. Una mañana, al regresar allí tras haber pasado la noche en lo de su novio, Rafaelle Sollecito (Giuseppe De Domenico), Knox encontró la casa abierta, manchas de sangre y, tras una confusa y nerviosa serie de llamados, terminó apareciendo la policía que derribó la puerta cerrada del cuarto de Kircher y la encontró muerta de una manera brutal.
El crimen rápidamente se volvió mediático y la policía puso el ojo en Amanda de una modo, según se cuenta acá, excesivo y parcial. La acusaban de mentir, de tener una conflictiva relación con la fallecida y, sobre todo, de mostrarse con una actitud en apariencia despreocupada respecto de la muerte de su amiga: por momentos sonreía, se besaba con su novio y no ofrecía la circunspección que el caso ameritaba. Si a eso se le suma la presión mediática y una historia vendida como de rivalidad entre dos chicas –a Knox la pintaban además como una adicta al sexo y a las drogas cuando no lo era particularmente–, todo confluyó para que termine como principal sospechosa.
Y una vez detenida, un poco por su personalidad un tanto naive, Knox no pararía de cometer errores: se contradecía en sus declaraciones a la policía, cedía a sus manejos, firmaba confesiones obtenidas bajo presión y culpaba a personas que nada habían tenido que ver. Y aún cuando el caso parecía enfilar hacia otro lado –pronto se encontró el ADN de otra persona en la casa–, Knox y en menor medida su novio no lograban dejar de ser el centro de atención como supuestos coautores del hecho. Una mezcla de impericia policial y judicial, otro tanto de manipulaciones mediáticas y su propio comportamiento un tanto adolescente terminó por crear un caos perfecto. Y todo lo que debía resolverse fácilmente se complicó cada vez más.

La serie recupera la historia desde el 2022, cuando una Knox ya treintañera vuelve a Perugia contra los deseos de su madre (Sharon Horgan) y va hasta su infancia para ir mostrando cómo su personalidad entre inocente y descontracturada fue haciéndola el centro de atención en muchas oportunidades. Pero en lo esencial seguirá los hechos más conocidos del caso, con la particularidad de mantener su punto de vista a la hora de mostrar los monstruosos comportamientos de casi todos los demás implicados en el caso, desde los investigadores a los jueces, de los medios hasta gran parte del público. Hay, si se quiere, un dejo de autocrítica ligada a la manera en la que Knox ahora reconoce que no supo manejar esa presión, más por su juventud y personalidad que por otra cosa.
La serie es entretenida –lo será más para los que no conocen los detalles del caso– aunque ofrece una perspectiva muy parcial de los hechos, una que no parece ocuparse casi nunca de la víctima. Y si bien es cierto que Amanda lo fue también, no es comparable a lo que sucedió con Meredith. Las buenas actuaciones del elenco sostienen un producto bilingüe que tiene más diálogos en italiano –y más elenco de ese origen– que en inglés. Sin embargo, las caracterizaciones de los personajes italianos son un tanto caricaturescas, mostrando a casi todos los locales con algún nivel de mala intención o impericia, obsesionados por dejar pegada a la chica con el crimen de una manera que –de vuelta, según se muestra acá– parece tan inhumana como cruel.
Ocho episodios pueden ser demasiados para una historia que el documental AMANDA KNOX resolvió en tal solo uno. Y si bien es cierto que los detalles enriquecen la historia, las largas sesiones del juicio y otras situaciones similares (interrogatorios bajo presión, incómodas situaciones en la cárcel, las malas artes de los investigadores) se vuelven finalmente bastante repetitivas. Más allá de eso, la historia que recupera AMANDA KNOX: UNA HISTORIA RETORCIDA es lo suficientemente rica como para generar curiosidad. Lo importante, de vuelta, es no olvidar que se trata de un punto de vista entre muchos.




FLOR DE SPOILER en la bajada del título!
Espero que no me hayas arruinado la serie.