
Estrenos online: crítica de «Lurker», de Alex Russell (MUBI US)
Un admirador de una megaestrella pop consigue ser parte de su círculo íntimo, pero no todo sale como lo planea en este combo de drama y thriller sobre la relación entre los famosos y sus fans. En algunos territorios, disponible en MUBI.
El fandom. Esa rara entelequia vuelta más peligrosa que de costumbre con la aparición de las redes sociales y la excesiva devoción aspiracional de estar en contacto con las celebridades, de ser parte del «círculo íntimo», de pertenecer y de ser admirado y envidiado por los otros, los que «la miran de afuera». Tema complejo, si los hay, que involucra cuestiones que van desde el fanatismo honesto y sensible a problemáticas más ligadas con la salud mental. LURKER se mete, insidiosamente, en ese áspero territorio. El de Alex Russell es un film que no tiene mucho de esperanzador a la hora de hablar de este tema. Es una mezcla de drama personal y thriller psicológico que tensiona hasta el máximo la posible relación entre estrellas y fans. Nada bueno, parece decir, puede salir de todo eso.
Matthew (Théodore Pellerin) trabaja en una tienda de ropa algo hipster de Los Angeles a la que un día entra Oliver (Archie Madewke), una megaestrella pop que viene a ver algo de ropa. Matthew, fingiendo no saber quién es –para personas como Matthew es importante actuar como que nada de todo eso te importa– pone una canción que le gusta de Nile Rodgers. Una breve charla sobre música, un guiño de «vos me entendés», la invitación a un show y pronto Matthew forma parte del círculo íntimo de Oliver. Eso, para los fans del cantante en redes sociales, significa que Matthew llegó, que también es parte del asunto, por lo que él también él crece en números de seguidores y hasta lo paran en la calle. Lo que no saben es que en el mundillo de Oliver lo sobran, un poco se burlan de él y hasta lo humillan.

De entrada el chico lava los platos y prepara la mesa de Oliver y su clique, pero Matthew tiene ingenio, talento y una clara capacidad para el sacrificio por lo que consigue de a poco ser aceptado en el grupo más íntimo de Oliver como artista visual, sacando fotos, haciendo videos y marginando insidiosamente al que antes hacía eso. Todo parecerá ir bien dentro de su sistema de valores hasta que otra persona aparezca en el mapa y le robe parte de su protagonismo. Y allí el edificio estructurado por el chico en torno a su súbita fama se empezará a desmoronar. Y lo mejor que se puede decir es que Matthew no se tomará bien su sutil marginación. Y en medio de un viaje a Londres las cosas escalarán rápidamente y no necesariamente para bien.
Russell (uno de los guionistas de THE BEAR) entiende algo central del fandom, esa mezcla de admiración que puede volverse extraña y hasta peligrosa, especialmente si el que la profesa no sabe manejarse con los límites que el propio sistema de manera un tanto cruel muchas veces impone. En LURKER, Matthew no es simplemente victimario y Oliver su inocente víctima. Es evidente que es un juego de atracción/rechazo con algo también de necesidad de admiración, que él (y muchas estrellas) también tiene, por lo que es el propio ecosistema armado en relación a la fama el problema. Y el realizador logra, durante dos tercios del relato, jugar con esas sutiles microagresiones cotidianas: la estrella que juega con las sensibilidades de sus fans convertidos ocasionalmente en colaboradores sin darse cuenta que las consecuencias pueden ser excesivas.
Russell lleva adelante el relato con un espíritu pseudo-documentalista que coincide con la estética casual de los videoclips de este tipo de estrellas y de las redes sociales que prometen y muestran una calculada y producida intimidad. Oliver se presenta como un cantante indie-pop sensible de los tantos que hay en el mercado (este podría ser una inspiración) y el director construye la película usando ese tipo de registro «casual» y hasta combinando diversos formatos audiovisuales. Pero uno puede notar como íntimamente el clima se va recalentando, volviendo más y más espeso con el correr de los minutos, empezando a coquetear con una situación más propia de EL REY DE LA COMEDIA, de Martin Scorsese.

Donde, tengo la impresión, Russell equivoca el camino es en cómo la trama se transforma en algo más parecido a un thriller de la escuela ATRACCION FATAL. A partir de ciertos hechos, los protagonistas empiezan a actuar más como lo harían personajes de un film de suspenso que como personas más o menos reales y creíbles. Y si bien de ahí en adelante LURKER gana en términos de intensidad dramática clásica –hay varias situaciones enervantes que se producen en la media hora final, con un Matthew cada vez más desafiante–, pierde eso que la volvía incómoda desde la plausibilidad de lo que iba sucediendo entre los protagonistas.
Sí, es cierto que hay fandoms extremos y celebridades crueles y calculadoras, pero la película apuesta a la versión más incómoda y cruenta de ese modelo. Y el extremo pasa a ser una rareza de la que el espectador común puede tomar distancia, separarse. Hasta cierto punto mucha gente puede hasta identificarse con las sensaciones y algunos de los comportamientos (ilusión, celos, fascinación, angustia) de Matthew, pero después de cierto punto es fácil considerarlo un caso raro, un extremo aún dentro de este mundo de fans aspiracionales. Y ahí la película se deja llevar por mecanismos un tanto más trillados del thriller convencional y pierde, en parte al menos, su singularidad. No deja de ser una inquietante mirada sobre el mundo de la fama y lo que genera, pero ya se acerca más a una fórmula.



