Columnas: Por qué seguimos volviendo a las mismas historias en el cine

Columnas: Por qué seguimos volviendo a las mismas historias en el cine

por - cine, Columnas
03 Ene, 2026 01:14 | Sin comentarios

El cine sigue girando en torno a tramas, personajes y conflictos familiares, no porque se haya quedado sin ideas, sino porque la repetición es una de las herramientas más poderosas del medio para generar sentido, memoria y conexión.

Cada pocos años regresan los mismos debates. Se anuncia otro remake. Un héroe conocido cambia de rostro. Un ciclo de género reaparece con pequeñas variaciones. La reacción suele ser previsible. Surgen quejas sobre la falta de originalidad, el cansancio de la nostalgia o la supuesta bancarrota creativa. Y, sin embargo, el público sigue mirando. La crítica sigue escribiendo. Los cineastas continúan regresando a estas estructuras con una intención clara, ya sea en el contexto de un gran estreno de estudio, una película independiente de festival o incluso en la lógica algorítmica que impulsa plataformas capaces de recomendar desde cine de autor hasta entretenimiento de marca como Onlyspins.

El cine siempre ha sido repetitivo. Desde los mitos y los cuentos de hadas hasta los westerns, los melodramas y las comedias románticas, la narración se apoya en patrones. Lo que cambia no es el esqueleto de la historia, sino el momento cultural que la reconfigura. La pregunta no es por qué el cine se repite, sino por qué estas repeticiones siguen resultando necesarias.

Las historias como memoria cultural

Una de las razones por las que el cine vuelve a las mismas historias es que las películas funcionan como una forma de memoria cultural compartida. Las narrativas familiares permiten al espectador situarse dentro de un pasado colectivo, incluso cuando ese pasado es imaginado o profundamente estilizado. La repetición genera reconocimiento, y el reconocimiento genera comodidad.

Los géneros desempeñan aquí un papel central. El relato criminal, el triángulo amoroso, el ascenso y caída de la ambición, el monstruo como miedo exteriorizado. No se trata solo de marcos de entretenimiento, sino de contenedores culturales. Cada generación los vuelve a llenar con nuevas ansiedades, valores y contradicciones. Un western hecho en la década de 1950 no significa lo mismo que un western realizado hoy, aunque ambos sigan pasos narrativos similares.

Volver a contar historias también permite al cine revisar su propia historia. Las nuevas versiones pueden corregir aquello que las anteriores ignoraron o silenciaron. Quién puede ser el héroe, desde qué punto de vista se cuenta la historia, qué conflictos se presentan como morales o políticos. La repetición se convierte así en una forma de negociar el cambio en lugar de negarlo.

La familiaridad como atajo emocional

El cine es un medio emocional y la familiaridad funciona como un atajo eficaz. Cuando el público ya comprende la estructura básica de una historia, los cineastas pueden concentrarse en el tono, la atmósfera, las interpretaciones o el subtexto. La base emocional ya está establecida.

Por eso los géneros siguen siendo resistentes incluso cuando películas individuales fracasan. Una comedia romántica no necesita explicar por qué importa que dos personas se enamoren. Una película deportiva no tiene que justificar por qué ganar o perder tiene peso. El espectador llega con expectativas emocionales que la película puede cumplir o subvertir.

La repetición también crea espacio para la variación. Las pequeñas desviaciones se vuelven más visibles cuando la estructura es conocida. Un final aplazado, un cambio inesperado de perspectiva, una negativa a resolver el conflicto. Estas decisiones resuenan con mayor fuerza porque empujan contra algo familiar. Sin repetición, la subversión perdería impacto.

La ilusión de la originalidad

La exigencia de originalidad en el cine suele ignorar cómo funciona realmente la narración. Las historias verdaderamente nuevas son poco frecuentes. Lo que cambia es el contexto, la forma y el énfasis. El cine recombina constantemente elementos existentes de maneras que parecen nuevas porque el mundo que las rodea ha cambiado.

Los cambios tecnológicos influyen, pero no son el motor principal. Mucho más importante es la evolución de las realidades sociales. Una historia sobre vigilancia significa algo distinto después de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Un drama familiar cambia de tono según la presión económica o las divisiones generacionales. La narrativa puede repetirse, pero sus implicaciones no.

Calificar las historias repetidas como perezosas pierde de vista el punto central. El verdadero desafío creativo no consiste en inventar tramas nuevas, sino en lograr que las antiguas vuelvan a resonar. Cuando la repetición falla, generalmente no es porque la historia ya se haya contado antes, sino porque la película no tiene nada nuevo que decir a través de ella.