Estrenos: crítica de «¡Ayuda!» («Send Help»), de Sam Raimi

Estrenos: crítica de «¡Ayuda!» («Send Help»), de Sam Raimi

por - cine, Críticas, Estrenos
26 Ene, 2026 01:00 | Sin comentarios

Una empleada y su jefe quedan varados en una isla desierta tras un accidente aéreo y tratan de sobrevivir mientras la tensión entre ellos va en aumento. Con Rachel McAdams y Dylan O’Brien. Estreno: 29 de enero.

Tras un cuarto de siglo en el que se dedicó más que nada a realizar películas de superhéroes y sus respectivas secuelas –además de un par de superproducciones de cine fantástico–, Sam Raimi regresa a sus orígenes con esta mezcla de comedia negra y relato de suspenso de bajo presupuesto, dos actores y una sola –amplia, pero única– locación. ¡Ayuda! recupera lo bueno, lo áspero y parte también de lo incómodo del cine que el realizador de Evil Dead supo hacer en los años ’80 y ’90: relatos de tensión psicológica que pueden tomar la forma de un western, una película de terror, una de aventuras o, como en este caso, una de supervivencia.

Linda Liddle (Rachel McAdams) es una empleada de una multinacional que suele ser pasada por alto por sus superiores e ignorada por sus colegas. Muy buena para los números y para resolver problemas de ese tipo, es bastante torpe en casi todo lo demás: trato social, cuidado estético y alimentación. Vive sola con un pajarito y se ilusiona con la llegada de Bradley Preston (Dylan O’Brien) al puesto de CEO. Bradley es el hijo del fundador de la compañía que le había prometido un ascenso y ella confía que él cumplirá con la palabra empeñada de su fallecido padre. Pero el hombre demuestra ser un patán de aquellos: la humilla y se ríe de ella a sus espaldas. Si bien algunos de sus comentarios son certeros, la manera en la que la maltrata es degradante.

Finalmente, el hombre le hace una propuesta: llevarla a la oficina de Bangkok, donde ella podrá demostrar sus capacidades para un puesto dirigencial. Pero el vuelo en el avión privado en el que ambos viajan –en compañía de un grupo de desagradabes ejecutivos amigos de Bradley– sufre desperfectos y, tras un terrible accidente en el que cada uno intenta salvarse solo, Linda termina cayendo en una isla desierta. Pronto descubre que Bradley, malherido, sobrevivió también. Y allí la relación de poder cambia y no solo por sus dificultades iniciales para moverse sino porque Linda –una fanática del show Survivor y una chica que ha pasado mucho tiempo entrenando para situaciones de este tipo– tiene recursos y conocimiento para arreglárselas muy bien. Y él no sabe hacer absolutamente nada.

Esta dinámica de poder será el tema central y el eje narrativo de Send Help, film que va contando los acercamientos y enfrentamientos entre ambos a lo largo del tiempo que pasan allí. Linda, capaz de manejar la situación, quiere quedarse y no tiene ningún apuro por volver a la sociedad mientras que Bradley, desesperado, solo desea regresar a su lugar de poder y comodidad. Pero la necesidad lo obliga a depender de ella. De a poco, sin embargo, algunos conflictos y tensiones los llevarán a tensar la relación hasta lo insoportable. Ya no será solo cuestión de sobrevivir a la isla –a sus vientos, sus tormentas, sus animales salvajes– sino de sobrevivirse uno a otro.

Con su habitual arsenal de recursos visuales –zooms velocísimos, llamativos ángulos de cámara y constante movimiento–, Raimi logra crear un constante clima de tensión entre ambos, tensión que aparece en sus conversaciones pero también en distintos hechos que van sucediendo en la isla, desde frutos potencialmente venenosos hasta el ataque de peligrosos animales, pasando por otros peligros y sorpresas que irán surgiendo con el paso del tiempo y el desgaste físico y psicológico de ambos. Y ese traspaso del poder hará también estragos desde otro lugar: ayudando a sacar lo peor de cada uno de ellos.

Es en esa zona –que aparece con todo en la segunda mitad del relato– en la que Ayuda! pierde un poco el rumbo y entra en un formato relativamente similar al de El triángulo de la tristeza, de Ruben Östlund, tanto en específicos desarrollos narrativos como en la crueldad desatada entre los protagonistas. Si bien Raimi presenta lo que sucede como una crítica a lo que el poder hace con la mente de las personas, hay un punto clave de la película en la que se sueltan las amarras de la lógica. De allí en adelante, lo que sigue tiene más que ver con el impacto en términos de acción que con cierto realismo psicológico que el guión sostenía hasta ese momento.

Aunque inicialmente –por la manera en la que maltratan todos a Linda– lo parezca, la película no es una crítica sobre la crueldad y la inutilidad de los multimillonarios y de sus obsecuentes seguidores sino, más bien, una que analiza la lógica del poder y los comportamientos que eso puede generar, sin distinción de clases sociales o situación económica. Pesimista y ácida, violenta y entretenida, Ayuda! refleja de una manera no necesariamente agradable, casi como una cápsula metafórica, el «sálvese quien pueda» del mundo contemporáneo. Y para Raimi es, también, una forma de darle un reboot a su carrera como realizador. Eso sí: lo que en los ’90 eran cínicas y absurdas comedias negras, hoy se parece bastante más a la realidad.