Estrenos online: crítica de «Amores compartidos» («Splitsville»), de Michael Angelo Covino (Prime Video)

Estrenos online: crítica de «Amores compartidos» («Splitsville»), de Michael Angelo Covino (Prime Video)

Dos parejas en problemas se entrecruzan en esta peculiar comedia romántica del realizador de «The Climb». Con Dakota Johnson, Adria Arjona y Kyle Marvin.

El sentido del humor es algo difícil de definir en términos de parámetros estéticos universales. Lo que hace reír o divierte a alguien puede dejar helado o hasta irritar a otros. Y viceversa. No hay una construcción que se pueda hacer al respecto que tenga bases confiables. Se puede admirar la arquitectura de una situación cómica –física, verbal, formal, narrativa–, pero no podemos asegurar que eso nos haga reír. Esa es la sensación que tuve a lo largo de los 105 minutos de SPLITSVILLE: una mezcla de fastidio y creciente irritación con los personajes, sus acciones y buena parte de la lógica de la película con una fascinación por el uso de determinados recursos o, si se quiere, por la determinación (o «los cojones») que su director tuvo para salirse con la suya y hacer una comedia por demás inusual dentro, o al menos adyacente, al mainstream hollywoodense.

La nueva comedia dirigida, coescrita e interpretada por Michael Angelo Covino –director de THE CLIMB— lo reúne con su socio y coguionista en ambos films, Kyle Marvin. Acá, interpretan otra vez a dos amigos que actúan como adolescentes aunque rondan los 40 años: caóticos, por momentos agresivos, egocéntricos, irritantes y un poco tontos a la vez. Se trata más de arquetipos cómicos que de personas más o menos reales, y es ahí donde la película se mete en un problema del que no logra nunca salir del todo. Su apuesta fuerte por la comedia física y visual no siempre conecta bien con el costado algo más sincero y relativamente dramático que pretende tener esta historia acerca de dos parejas en crisis. Hay como dos películas conviviendo en una. Y no solo desde ese lugar.

Marvin encarna a Carey, recién casado con Ashley (Adria Arjona), con la que está viajando hacia unas vacaciones. En el auto –y en medio de unas caóticas escenas de sexo oral y certero riesgo automovilístico– se topa con una sorpresa: ella le dice que lo quiere dejar, que quiere «ver otra gente». O, bueno, que ya está viendo otra gente. Carey se escapa corriendo de la situación y termina en la casa de su amigo Paul (Covino), un empresario inmobiliario que vive con Julie (Dakota Johnson), con la que tiene un algo intenso hijo. Tras contarles lo que le pasó, ellos le explican que la suya es una pareja abierta, por lo que no tienen ese tipo de problemas. Pero rápidamente queda claro que las tensiones están y una noche, cuando Paul está «en viaje de trabajo», Julie se fastidia y se acuesta con Carey. Su amigo se entera y las cosas no terminan bien. Ni para ellos ni para la coqueta casa que habitan.

Ese es el inicio para una comedia anti-romántica que llevará a ambos hombres a intentar reconquistar a sus mujeres –o a tolerar sus costumbres–, a uno intentarle «robarle» la mujer al otro, a los dos a meterse en líos o a armar elaborados planes por celos, y todo frente a un niño que ve lo que pasa y no hace más que replicar esa destructiva desorganización familiar. Paul y Carey pueden ser distintos en detalles –el primero más áspero y claramente desagradable; el segundo un tanto más tierno y en apariencia amable–, pero ambos son bastante patéticos: calculadores, infantiles, un tanto huecos. Son, eso sí, ingeniosos y se ven a sí mismos lo suficientemente carismáticos como para creer que mujeres que lucen como Arjona y Johnson pueden prestarle una mínima atención o hasta desvivirse por ellos.

Esa es la otra apuesta rara de AMORES COMPARTIDOS. Estos dos cineastas/intérpretes del indie se cruzan acá con dos actrices mucho más mainstream y el choque es más que evidente. Hay un manejo y un comportamiento distinto ante la cámara de ellas y de ellos que también genera la sensación de que hay acá dos películas distintas funcionando a la par: la comedia áspera y un tanto cringe en la que ellos actúan (similar en su lógica a THE CLIMB) y la un poco más tradicional y romántica en la que están ellas, más que nada Johnson. A lo largo del film unos parecen tolerar o convivir con la película del otro –el humor de los muchachos pasa mucho por desnudarse en situaciones poco apropiadas–, pero salvo en la cabeza de los personajes, ambas nunca se cruzan. Y esa disociación nunca se resuelve del todo. O al menos yo no logro resolverla.

Por momentos SPLITSVILLE es como una película de Adam Sandler pero sin el carisma y la ternura que desprende el comediante, impidiendo que uno pueda establecer una mínima conexión con la supuesta angustia que ambos atraviesan. Cada mínimo intento de poner algo de emoción a una situación romántica se quiebra con una broma pesada o un chiste que aparece sin otra función que la de romper ese clima. Hay otros momentos, sin embargo, en los que uno no puede menos que admirar lo elaborado de su construcción audiovisual. A Covino le gustan los planos secuencia y los usa para todo, tanto para poner en escena peleas brutales y situaciones de caos hogareño como para ir y venir a través de los ambientes de una casa. En los primeros casos –que involucran complicadas coreografías humanas, algunas bastante sorprendentes-, la decisión se entiende y justifica. En los demás, da la sensación de que lo hace desde la misma lógica exhibicionista de sus protagonistas: solo para llamar la atención.

Lo que no hay dudas es que se trata de una película inusual que no se reduce a los modos contemporáneos de la comedia romántica mainstream amable y sensible sino que intenta renovar los códigos del screwball de los años ’40 y hasta de sus relecturas hechas en los años ’70, mezclando acidez verbal con caos físico y un objetivo romántico. Pero clásicos como BRINGING UP BABY u homenajes como WHAT’S UP, DOC? tenían a su favor el carisma de sus estrellas y la química de sus parejas. Y eso acá brilla por su ausencia, salvo cuando la dupla protagónica deja de mirarse su propio «ombligo» y cede algo de espacio a las dos actrices, que sí logran transmitir esa mezcla de confusión, egoísmo y simpatía de sus personajes de un modo que ellos no logran hacer. Al final, SPLITSVILLE termina siendo una película que cree que los dos enemigos íntimos que la protagonizan son mucho más fascinantes –para sus parejas y para los espectadores– de lo que en verdad son: dos idiotas con bastante suerte.