Estrenos online: crítica de «Ella McCay: imperfectamente perfecta» («Ella McCay»), de James L. Brooks (Disney+)

Estrenos online: crítica de «Ella McCay: imperfectamente perfecta» («Ella McCay»), de James L. Brooks (Disney+)

En este comedia del realizador de «Mejor, imposible», una joven mujer qye se convierte en gobernadora debe lidiar con las complicadas relaciones que tiene con su esposo, su padre y su hermano. Con Emma Mackey, Woody Harrelson y Jamie Lee Curtis. Desde el 5 de febrero en Disney+

La carrera de James L. Brooks incluye algunas de las producciones más significativas del último medio siglo del cine y la televisión de los Estados Unidos. Películas como La fuerza del cariño, Detrás de las noticias y Mejor, imposible se volvieron clásicas gracias a un estilo propio que bebía de la mejor tradición de la comedia dramática. Como el recientemente fallecido Rob Reiner –que manejaba un similar estilo–, Brooks llegó al cine desde la televisión, habiendo co-creado allí clásicos como The Mary Tyler Moore Show, Taxi y, más adelante, nada menos que Los Simpsons. Su larga carrera tuvo una buena serie de fracasos (como I’ll Do Anything o How Do You Know?) y, sobre todo, un largo silencio. Si bien su nombre sigue apareciendo como productor de algunos films, no dirigía una película desde 2010.

Ella McCay marca su regreso al cine y a la comedia clásica con un elenco que envidiaría cualquier otro realizador. Estrenada a fin de año en los Estados Unidos, el film tuvo un flojo recibimiento crítico, pasó inadvertida en los cines y prácticamente desapareció de las pantallas en pocos días. Ahora llega gracias al streaming, quizás el tipo de estreno más apropiado para lo que –más allá de los nombres propios– es una comedia dramática un tanto fallida, una curiosidad simpática que no estará a la altura de sus mejores films pero tampoco es el horror que sus bajísimas calificaciones de la crítica parecen aseverar.

Interpretada por la actriz británica Emma Mackey (Sex Education), la tal Ella McCay no es la protagonista de una metacomedia que juega con ser un alter ego de la actriz ni ningún ejercicio posmoderno de ese estilo. La película cuenta, de un modo entre anárquico y panorámico, una serie de situaciones en la vida de esta mujer que, en el presente del film (2008), es la «mano derecha» del gobernador Bill (Albert Brooks, otra leyenda de la comedia y coprotagonista del clásico Broadcast News), quien de entrada le anuncia que lo han llamado para ser miembro del gabinete nacional y le dejará su cargo hasta las siguientes elecciones.

Pero Ella no está en su mejor momento personal como para aceptarlo. Si bien es un «animal político» dedicado y obsesivo respecto a la labor –al punto que muchos la consideran aburrida por sus largos y detallados discursos y aseguran que le falta de carisma popular–, la treintañera mujer tiene problemas en varios frentes. Su asistente y narradora de la historia, Estelle (Julie Kavner, otra leyenda de la comedia y la voz de Marge Simpson en la versión original), nos cuenta que sus traumas vienen de la adolescencia, cuando su padre (Woody Harrelson) engañaba a su madre (Rebecca Hall) y complicaba su vida y la de su hermano (Spike Fearn de adulto) con problemáticas decisiones personales.

Ese flashback explica en parte su caos anímico del presente. Ella no ve a su padre pero él quiere reconciliarse a toda costa, su hermano tiene algunas complicaciones personales y románticas, y sobre todo, la chica tiene problemas con su marido (Jack Lowden, Slow Horses) desde que una intimidad personal de ambos tomó estado público y puede, potencialmente, causar un escándalo que arruinaría su carrera política. Sus únicos sostenes emocionales en este baile son su asistente Estelle, su chofer y guardaespaldas Nash (un muy poco utilizado Kumail Nanjiani) y, especialmente, su tía Helen, peculiar dueña de un bar local que Jamie Lee Curtis interpreta con la intensidad que parece haber adoptado como modus operandi en esta etapa de su carrera.

La película incorpora de un modo un tanto caprichoso todas esas subtramas para presentarse como una versión un tanto retro de aquellas comedias de Frank Capra de los años ’30, como Mr. Smith Goes to Washington, o de otras más recientes (como Dave o The American President) que jugaban con los conflictos entre la vida personal y la pública de figuras políticas. Situada en una época en la que, dice la narradora, «pese a la crisis todavía nos llevábamos bien», la comedia juega con un tono más simpático que cínico, más tierno que ácido, con los juegos sucios de la política, criticando a los gobernantes y legisladores que trabajan más para no meterse en líos, recaudar dinero y así ser reelectos que para resolver los problemas y las necesidades reales de la gente.

Pero Brooks pone más el peso en el lado personal de la vida de McCay, dándole un buen tiempo a una subtrama sobre la vida romántica de su hermano (allí aparece Ayo Edebiri, de The Bear) que bien podría haberse dejado en la sala de montaje, y yendo y viniendo con los problemas que tiene con su padre y su marido, dos personajes en exceso caricaturescos y que estiran al límite la credibilidad de la propuesta. La actriz protagónica –que se parece mucho a Margot Robbie– le pone todo su empuje y carisma a un personaje sacado también de la comedia clásica, y con eso logra sacar a flote una trama que hace agua a cada rato.

Ella McCay: imperfectamente perfecta (ese es el título completo con el que se estrena en Disney+) es un film amable, menor, con problemas narrativos y desajustes actorales pero de un desarrollo simpático y un clasicismo formal que hace recordar a un tipo de comedia para adultos que solía ser habitual ver en cines en los años ’80 y ’90 y que fue lenta y lamentablemente desapareciendo. La coincidencia en el tiempo del fracaso comercial del film de Brooks y de la inesperada y triste muerte de Reiner parece ser una señal de que se trata de un tipo de cine que ya no veremos más.