Estrenos online: crítica de «La hermanastra fea» («The Ugly Stepsister»), de Emilie Blichfeldt (MUBI)

Estrenos online: crítica de «La hermanastra fea» («The Ugly Stepsister»), de Emilie Blichfeldt (MUBI)

La poco llamativa pero ambiciosa Elvira es presionada por su madre para conquistar a un príncipe y salvar a su familia en esta reversión de «Cenicienta». Estreno de MUBI: 23 de. enero.

Todos los villanos de las historias de otros son los héroes de las propias. No hace falta irse muy lejos para darse cuenta: sucede todos los días, se ve en las noticias. Los que uno ve como seres horribles, siniestros e impresentables –villanos casi de película– para otros son personajes heroicos, nobles y valientes. Y viceversa. El punto de vista define las características, le da forma a esos personajes. En los cuentos de hadas –o en las historias clásicas que funcionan con ese tipo de estructura, con esa división del mundo entre buenos y malos– los roles son claros. Pero, ¿qué pasa si el que cuenta la historia es el villano? ¿O un personaje secundario que solo hemos visto de una manera y ahora se nos muestra de otra?

La hermanastra fea es un acercamiento lateral al clásico La cenicienta. No es la dulce, amable y sufrida protagonista de aquella historia a la que seguiremos en esta sino a su hermanastra, la mayor de las dos hijas de la nueva esposa de su padre, las que pasaron a manejar su casa y someterla a la servidumbre. Todo comienza con un encuentro equivocado. Rebekka (Ane Dahl Torp) es una viuda que se casa con otro viudo, Otto. Los dos suponen que el otro tiene dinero pero en realidad ninguno de los dos tiene. Y cuando Otto muere sorpresivamente, Rebekka entiende que sus hijas deberían ahora «salvarla» económicamente a ella. Pero no será sencillo ya que ninguna de las dos parece tener lo que, en esa época al menos, se requiere para esas tareas.

La menor, Alma (Flo Fagerli), todavía sigue siendo niña, y la mayor, Elvira (Lea Myren), es para los estándares de la época una joven no muy agraciada en términos estéticos: una nariz prominente, enormes brackets en la boca, exceso de peso, poquísima gracia. Elvira no es lo que podría considerarse bella, pero está obsesionada con casarse con el rubio y vanidoso Príncipe Julian (Isac Calmroth). Y hará lo que sea necesario para conquistarlo. Y si eso requiere una mezcla de esfuerzo físico y operaciones estéticas, que así sea. Todo por conseguir el deseado premio.

En el medio queda Agnes (Thea Sofie Loch Næss), la Cenicienta de esta versión de la historia, que queda marginada a labores de sirvienta y que, a diferencia del cuento clásico, no es tan atenta y modosita. Más bien al contrario: deja en claro su fastidio con su madrastra y hermanastra y, además, tiene un romance bastante tórrido con el chico que trabaja en el establo. Cuando llega la invitación del rey al baile en el que el príncipe buscará novia, las dos se anotan. Y la película no sigue a Agnes sino a Elvira, quien empieza una serie de «tratamientos» que incluyen operaciones estéticas, arriesgadas alteraciones alimenticias y otras yerbas para poder ser bonita a los ojos del príncipe. Algo que no será tan sencillo ni de hacer ni de ver.

Mezclando esa mirada original al clásico cuento e insertándole un conflicto más parecido al de La sustancia –la presión del «mercado» por verse bella y lo que una mujer está dispuesto a hacer para lograrlo–, esta película de origen noruego irá virando del drama al suspenso y de ahí al terror gótico puro y duro. Elvira va poniéndose, con sacrificios personales y «ayudas» de su madre, más clásicamente bonita, por más que llegar a eso implique alteraciones estéticas de alto riesgo. Pero la amenaza de la más obviamente agraciada Agnes seguirá ahí.

Blichfeldt no hace girar a los personajes 180 grados respecto a la clásica historia. No transforma a Elvira en heroína y a la Cenicienta en villana, pero pone un baño de grises en el medio. Ambas son personas complicadas, con sus deseos y contradicciones. Y muchos de ellos son entendibles dentro de su lógica y del contexto en el que viven. Quizás Rebekka, la madre/madrasta, sea la única que retiene unas características más brutales, pero seguramente hay una película para contar desde su punto de vista en la que podremos entender mejor su lógica y qué es lo que la lleva a actuar cómo actúa.

Hay también una lectura feminista en Den stygge stesøsteren (así se llama el film en el original noruego), pero no solamente la obvia, la que «hermana» a todas estas mujeres como víctimas, si se quiere, de un brutal patriarcado que las pone a competir entre sí, sino uno que critica la propia lógica del cuento original y la crueldad que este ejerce con las hermanastras de la Cenicienta. Blichfeldt pone a todas estas mujeres en igualdad de condiciones, las muestra atravesadas por los mismos deseos, necesidades y presiones que surgen del contexto en el que viven. Y cada una, a su manera, reacciona como sabe o como puede.

La hermanastra fea puede no tener las características clásicas de un film de terror, pero sin que nos demos cuenta Blichfeldt nos ha metido dentro de una casa –y de una lógica– plagada de comportamientos y actitudes horrorosas, la mayoría de las cuales están ligadas a cuestiones físicas un tanto extremas. Ni Perrault ni los hermanos Grimm ni todos los otros que aportaron sus ideas a las diferentes versiones de Cenicienta imaginaron nada parecido a las torturas físicas a las que se somete la protagonista de esta versión del cuento de hadas. De ahora en adelante, me temo, será imposible volver a leer las viejas versiones de la misma manera que antes.