Estrenos online: crítica de «Los malditos» («The Damned»), de Thordur Palsson (HBO Max)

Estrenos online: crítica de «Los malditos» («The Damned»), de Thordur Palsson (HBO Max)

Cuando una remota estación pesquera deja morir a unos náufragos, una antigua leyenda del folclore resurge y convierte el hambre, la culpa y el aislamiento en una pesadilla de combustión lenta. En HBO Max.

El folk horror encuentra su tensión en la combinación entre el paisaje y las creencias populares. Sus mejores películas construyen el miedo a partir del choque entre la modernidad y ciertos rituales arcaicos vigentes en entornos aislados como aldeas, campos, bosques o islas. En esas comunidades cerradas que se rigen por normas propias, el pasado sigue vivo y los cultos paganos y las supersticiones funcionan como leyes no escritas. El draugar es, en ese sentido, una de las criaturas que aportan a este tipo de mitologías ancestrales. Una suerte de zombie, fantasma o no-muerto, existe en la cultura nórdica hace siglos. Y en The Damned, que transcurre en la helada Islandia del siglo XIX, es una amenaza constante. No se sabe si fantástica o psicológica, pero está ahí, acechando.

Que la película del islandés Thordur Palsson estará teñida de un tono de folk horror queda claro de entrada cuando Helga, la cocinera/mucama, cuenta una historia de miedo a los comensales que se dejan llevar por el cuento. No estamos en un restaurante sino en medio de una estación pesquera perdida en medio del frío invierno islandés. Es un pequeño grupo de pescadores liderado por Eva (Odessa Young), la joven viuda de su dueño. Hay tan poca comida disponible que a sus pocos habitantes solo les queda como opción comerse la carnada y beber hasta desmayarse. Lo único que importa es pasar el invierno. Se trata de sobrevivir como sea.

Una mañana ven, en medio del mar, a un barco hundiéndose y escuchan gritos desesperados. Algunos quieren ir a ayudar pero otros consideran que no hay comida suficiente para recoger «diez o veinte personas más». Eva tercia en el debate y toma la decisión más cruda: dejarlos morir. El clima entre ellos a partir de allí cambia y, de ahí en adelante, se agravan los problemas. Tras ver la llegada de un barril de comida a la orilla, toman la decisión de ir hasta el barco a recoger más comida, pero no solo consiguen muy poco sino que terminan enfrentándose con los sobrevivientes, matando a uno y perdiendo a un pescador en la lucha. Cuando los cadáveres llegan a tierra, son enterrados también.

Pronto, pese a los recaudos, empiezan las visiones, los misterios, la sensación de que hay una suerte de castigo divino que podría ser uno de los draugar que viene a vengarse por lo que hicieron. Y de allí en adelante Eva tendrá una serie de amenazantes visiones, varios pescadores le temerán a la presencia de una figura sombría y fantasmagórica que parece entreverse en medio de la niebla y empezará a crecer la tensión entre todos ellos por lo realizado. La culpa de no haber salvado a los náufragos mezclada con el hambre, el miedo y el alcohol va produciendo una sensación cada vez más angustiante. En ese clima, las apariciones no ayudan. Si es que son reales, esto es. Ya que ninguno de los pescadores, ni Eva, parecen estar del todo en su sano juicio.

Los malditos (en España se conoce como Los condenados) hace ingresar el horror a cuentagotas, como algo que está en el ambiente: se siente, se vibra, se mezcla en la noche iluminada con velas, en las maderas crujientes de pisos, paredes y techos, se vuela con el viento y deja marcas misteriosas en la nieve. ¿Es un draugar lo que los persigue, un sobreviviente o será que los pescadores se dejan llevar por la imaginación y el miedo? Hay muertes, suicidios, cuerpos putrefactos, encuentros inesperados y rituales de protección. ¿Servirán esas tradiciones para mantener al «monstruo» lejos? ¿O será que cuando las cosas llegan a ese estado no hay mucho ya para hacer?

Una película de puro clima (helado), que quizás se deja llevar demasiado por el tono misterioso y silencioso, The Damned se acerca más al horror autoral tan en boga en la última década que al film más clásico de sustos y alto impacto. Se trata de una película más apta para ver en cines que en una plataforma (se recomienda verla en total oscuridad, ya que su iluminación es mínima y hay que distinguir cosas en las sombras) ya que requiere de una enorme atención al detalle, a las miradas y a los sonidos que se pueden perder un poco en la experiencia casera.

Con una vuelta de tuerca no del todo inesperada, este film islandés rodado en remotos parajes de Irlanda es en el fondo un drama de época que habla del miedo a los extranjeros (al inmigrante), de los prejuicios que conllevan esos miedos y del modo en el que todo eso se convierte en un arma letal que afecta psicológicamente a todos los implicados y los hace actuar de maneras irracionales. Las tradiciones folclóricas suelen existir como formas codificadas de hablar del temor a los otros: los diferentes, los distintos, los extranjeros. Y cuando ese miedo se reactiva y se mezcla con el presente —tanto en el siglo XIX como en el XXI—, los resultados pueden ser genuinamente terroríficos.