Estrenos online: crítica «La muerte de un unicornio» («Death of a Unicorn»), de Alex Scharfman (HBO Max)

Estrenos online: crítica «La muerte de un unicornio» («Death of a Unicorn»), de Alex Scharfman (HBO Max)

Un padre y su hija atropellan a un unicornio en una ruta rural, desatando una espiral de violencia que transforma un viaje familiar tenso en una pesadilla de supervivencia mitológica. Con Paul Rudd y Jenna Ortega. Disponible en HBO Max.

Existe siempre la posibilidad de tener un accidente de auto con algún animal que se cruce por una ruta campestre, lo que es bastante más inusual –imposible, convengamos– es que ese animal sea un unicornio. Eso es lo que sucede en el inicio de La muerte de un unicornio, esta mezcla de extravagante comedia indie con película de terror que llega a las plataformas de streaming cortesía de la distribuidora independiente A24 y del productor Ari Aster. El universo del realizador de Midsommar se siente en algunos de los aspectos más mitológicos que aparecen con el paso de los minutos, pero en lo esencial el film de Alex Scharfman funciona como un relato de suspenso que se apoya en un conflicto familiar.

Paul Rudd encarna a Elliot Kintner, abogado de una compañía farmacéutica que viaja a la casa de campo del dueño de la empresa para tener un encuentro importante. El hombre viaja con Ridley (Jenna Ortega), su hija adolescente que vive con él ya que su esposa ha muerto. A la chica no le gusta nada el viaje, no le gusta que se padre se desviva por estos desagradables empresarios y se lo hace saber. Menos le gustará chocarse con un animal en la ruta y darse cuenta que es un extraño y misterioso unicornio.

Al acercarse al moribundo animal, Ridley le toca el cuerno que sale de su frente y siente una conexión, como un viaje místico. Pero todo se interrumpe cuando su padre liquida –o cree liquidar– al sufriente animal. Allí se complicará más la relación entre ambos. Al llegar a la casa con el animal moribundo dentro del auto sus diferencias se acrecentarán. Más que nada porque Elliot se muestra solícito con esta insoportable familia compuesta por el moribundo dueño Odell Leopold (Richard E. Grant), y sus dos hijos –la falsa Belinda (Téa Leoni) y el extravagante nepo-baby Shepard (Will Poulter)– y Ridley los desprecia abiertamente.

Todo lo ligado a la compañía farmacéutica pasa a segundo plano, primero, cuando todos se dan cuenta que el unicornio del auto sigue todavía vivo y que quizás la criatura guarde algún secreto importante. El asunto se pondrá aún más intenso cuando los familiares del agredido «cachorrito» en cuestión vengan a buscarlo y a dejar en claro que los dueños del lugar son ellos, y que los humanos no tienen nada que hacer allí. En el medio, asuntos familiares complicados, deudas pendientes y la intención de tratar de salir vivos de una situación que empieza de a poco a parecerse a la de algún spin-off derivado hacia el terror de Jurassic Park.

Un muy buen elenco –que incluye, además de los citados, a Anthony Carrigan, Sunita Mani y Stephen Park– le da un empujoncito de calidad a una película que quiere ser, a la vez, una crítica a los ultramillonarios y a las empresas farmacéuticas, un drama familiar sobre la relación conflictiva entre un padre y su hija, y –a partir de cierto momento– un film de suspenso y terror sobre un grupo de gente que intenta sobrevivir a una suerte de home invasion conducido por… unicornios. No favorece mucho a la credibilidad del asunto el hecho de que los efectos digitales para darles vida a estas criaturas no están del todo logrados, especialmente en todo lo relacionado al muy poco natural movimiento en el espacio. Al no generarse la sensación de que esas criaturas pueden ser reales, Muerte de un unicornio se resiente. Y, sin esa conexión, lo demás no termina de funcionar por sí solo.

Una película entretenida pero que, claramente, no llega a convertirse en el clásico de culto que su creador pensó que tenía entre manos, Death of a Unicorn es un film que se presenta como una rareza, como algo inusual, pero que con el paso de los minutos termina siendo una monster movie como muchas otras. La sátira social es bastante elemental y, por más divertido que sea ver como estos billonarios que lucran con la salud de la gente son maltratados por estas criaturas mitológicas, el chiste pronto se vuelve repetitivo. Es Poulter, de hecho, quien más se luce aquí. Cada aparición suya es un soplo de aire fresco para recordar que, por detrás de los mecánicos pasos de su trama, hay un grupo pequeño de actores que se está divirtiendo con los curiosos usos que se le puede dar a un unicornio.