No-estrenos: crítica de «Twinless», de James Sweeney

No-estrenos: crítica de «Twinless», de James Sweeney

por - cine, Críticas, Online
18 Ene, 2026 11:52 | Sin comentarios

En esta comedia negra, dos mellizos que perdieron a sus respectivos hermanos inician una relación amistosa que tiene sus secretos y complicaciones. Con Dylan O’Brien y James Sweeney.

Antes yo era Nosotros. Ahora soy Yo». La construcción gramatical puede ser incorrecta, pero la emocional es más que adecuada. Twinless, como su título lo indica, trata de un fenómeno llamativo pero real, ligado a las experiencias que atraviesan mellizos cuando pierden a sus hermanos. Esto puede suceder de distintas maneras: antes de nacer, en el parto, de pequeños o –como se la presenta aquí– ya de adultos, cuando la relación es más duradera y consolidada. Para alguien que vivió toda la vida con una suerte de otro yo como compañía, su falta puede ser aún más difícil de manejar que la que tendría cualquier otra persona al perder un hermano.

Twinless, sin embargo, no intenta presentar este problema utilizando los modos tradicionales del drama familiar. Al principio, de hecho, parece que lo manejará como una comedia indie clásica, a mitad de camino entre el humor absurdo y ese tono melancólico y emocional tan propio de ese modelo narrativo patentado décadas atrás en el Festival de Sundance. Pero tampoco es eso. Cuando James Sweeney –director y protagonista del filme– se decida por un formato, lo que elegirá será un combo de film de suspenso y comedia negra, uno que irá primero construyendo y luego intentando desarmar a lo largo de intrigantes y relativamente originales 100 minutos.

La película arranca, en Portland, con una muerte en off: escuchamos la frenada un vehículo motorizado, el fuerte golpe y poco después vemos a un tal Roman (Dylan O’Brien) yendo al funeral de su hermano mellizo, Rocky, quien es el que falleció en ese choque. El funeral es raro y establece el tono cómico del film: muchos amigos de Rocky que no conocían a Roman se conmueven al verlo («estoy saludando a un fantasma«, dirá uno) y es claro que el sobreviviente la pasa especialmente mal ante la situación, por todo lo que su muerte implica y las raras emociones que despierta en los otros. Y es por eso que termina concurriendo a un grupo de ayuda para personas en similar situación a la suya (son reales, como éste), presentado también en un tono entre simpático y absurdo.

Allí conoce a Dennis (interpretado por el propio Sweeney), otro mellizo que está en igual situación a la suya ya que hace unos meses perdió también a su hermano en un accidente de auto. Se entienden, de a poco se hacen amigos y, pese a sus muy evidentes diferencias de personalidad, se ayudan a combatir sus respectivas soledades. La otra coincidencia entre ambos es que el hermano fallecido de Roman era gay y, en el caso de Dennis, es lo opuesto: su hermano Dean, el que murió, era heterosexual y él es gay. Y es por eso que la relación entre ambos se les hace natural, ya que el otro de algún modo reemplaza al hermano faltante. O quizás sea por algo que va más allá de eso…

Cuando parece que el tono irá por ahí, a los 20 minutos Sweeney pone los títulos del film, cambia el punto de vista de Roman por el de Dennis, retrocede en el tiempo para contar hechos previos a la muerte de Rocky y altera buena parte de lo que creíamos haber visto hasta entonces. En función de no spoilear esos giros dramáticos, no diré mucho más respecto a la trama. Solo vale la pena aclarar que, de ahí en adelante, la película empieza a manejarse en un terreno más creepy, con personajes un tanto más problemáticos y en un universo de secretos y engaños que, de todos modos, intentan no dejar de lado el eje central/emocional de la película: el miedo a la soledad, a la falta de amigos, de amor, a no tener ni encontrar ese mellizo –literal o simbólico– que te entienda y con el que puedas compartir secretos que no compartirías con ninguna otra persona.

Sweeney toma un riesgo grande al abandonar la comodidad y accesibilidad dramática de un film más tradicional y abordar otro un tanto más arriesgado y enigmático, uno en el que los personajes –o algunos de ellos– son un tanto más incómodos y más difíciles de empatizar de lo que parecían. Lo que parece ir por el lado de la comedia acerca de una rara amistad entre dos hombres muy distintos entre sí unidos por ser «huérfanos de gemelos» pasa a transformarse en otra cosa más inquietante, ligada a las discutibles cosas que las personas son capaces de hacer por amor, amistad o, simplemente, para sentirse acompañados frente a un mundo en el que no saben manejarse del todo bien solos.

No todas las elecciones de Sweeney son, de ahí en adelante, las mejores. Por momentos se priorizan más los equívocos y los riesgos que los personajes corren en función de las mentiras que se dicen que la relación en sí, llevando a Twinless por momentos a convertirse en un relato de intrigas un tanto más banal. Pero el director lo toma como una suerte de juego, como si aprovechara el núcleo dramático de la historia para crearle a su alrededor una suerte de película de Alfred Hitchcock (o Brian De Palma, a quien parece homenajear con sus pantallas divididas y otros recursos visuales) y dejarla correr, con sus previsibles (y no tanto) consecuencias.

O’Brien encarna al muy básico Roman –un chabón con un limitado manejo del lenguaje, un tipo muy heterosexual y un tanto violento que atraviesa una fuerte crisis– y también a su muy diferente hermano Rocky, mientras que Sweeney se luce haciendo un papel mucho más complejo y oscuro de lo que parece en un principio. Ambos conectan muy bien y le dan credibilidad a una relación entre opuestos que se sostiene, en principio, por esa falta, ese vacío emocional. Y Aisling Franciosi aporta lo suyo com Marcie, una recepcionista del trabajo de Dennis que termina metiéndose en la relación entre ambos. Si uno se adapta a la transformación entre la película esperada y la resultante, seguramente disfrutará Twinless como lo que pretende ser: una incómoda y existencial comedia negra sobre el miedo a la soledad.