Series: crítica de «Agatha Christie: Las siete esferas» («Seven Dials»), de Chris Chibnall (Netflix)

Series: crítica de «Agatha Christie: Las siete esferas» («Seven Dials»), de Chris Chibnall (Netflix)

Un misterio de época en el que una muerte sospechosa y un reloj desaparecido arrastran a una heroína inesperada a una investigación peligrosa. Con Mia McKenna-Bruce, Helena Bonham Carter y Martin Freeman. Desde el 15 de enero por Netflix.

No son muy claros los motivos por los que los misterios basados en, o inspirados por, la obra de Agatha Christie se han vuelto a poner de moda. Una posibilidad es que, como no lo fueron durante mucho tiempo, era hora de que regresaran, adecuados a los gustos de una nueva generación de espectadores. Otra es más económica y tiene que ver con la idea de que este tipo de whodunits –historias cuyo eje central consiste en descubrir quién o quiénes son los asesinos– funcionan muy bien con el formato serial, ya que generan en el espectador la necesidad de terminarlas y saber la respuesta. De esa manera, se supone, nadie abandonará el barco (perdón, la serie) por la mitad. Y otra es, simplemente, casual. A Kenneth Branagh se le dio por retomar los clásicos de la escritora, le fue bien y renació un subgénero.

Están los que creen que la lógica de los investigadores de Christie es parecida a la de los que husmean y se enredan en búsquedas similares por internet, los «sabuesos» de las redes, los que exploran en detalle tramas criminales y hacen de cada true crime un éxito en las plataformas. Nadie sabe, en realidad, cuál es el motivo del éxito. Lo cierto es que, desde Asesinato en el Expreso de Oriente, de Branagh, a la saga Knives Out, de Rian Johnson, estas historias no han hecho más que acumularse hasta crear una mini-industria. Y aquí es el británico Chris Chibnall (Broadchurch) el que recupera una novela de Christie que no está entre las más conocidas ni tiene al detective Hércules Poirot o a Miss Marple tratando de resolver un caso.

El misterio de las siete esferas se publicó en 1929 y no fue de las novelas mejor recibidas de la autora británica. Continuación de El secreto de Chimneys (1925), tiene como protagonista principal a Lady Eileen Brent (apodada «Bundle») quien funciona a la vez como la protagonista de la historia y quien investiga los crímenes que en ella se producen. Interpretada por Mia McKenna-Bruce, Bundle es una joven de la aristocracia británica que participa en una fiesta que dan en su lujosa mansión de Chimneys en 1925, fiesta llena de personas de la alta sociedad haciendo negocios. A la mañana siguiente, se encuentran con que Gerry Wade –un «pretendiente» de Bundle– está muerto en su cama. A su alrededor hay siete relojes sonando que habían sido puestos para despertarlo, algo que al final no sucedió. En realidad habían puesto ocho relojes, pero uno no está ahí.

¿Se trató de un suicidio, un accidente por ingesta de somníferos o un asesinato? Todo parece indicar que es esto último y la perturbada Bundle se pondrá a investigar entre los que pasaron la noche en la casa, incluyendo personas del Ministerio de Asuntos Extranjeros (George Lomax, Ronny Devereux y Bill Eversleigh), los millonarios Sir Oswald y Lady Coote, el joven ambicioso Jimmy Thesiger (Edward Bluemel), mucamas, mayordomos y –cambiando algunos personajes de la novela–, la madre de Bundle (Helena Bonham Carter) en lugar del padre, quien en esta versión está muerto al igual que el hermano de la chica. En su investigación, Bundle se topará con que no es la única que está haciendo eso, sino que el evasivo Superintendente Battle (Martin Freeman) hace lo propio para Scotland Yard.

Cuando en medio de la investigación aparezca una segunda muerte –y por arma de fuego– todos se darán cuenta que la cosa va en serio. Lo que nadie sabe bien son los motivos de los crímenes, más allá de que las últimas y enigmáticas palabras de uno de los fallecidos hagan mención a algo llamado «las siete esferas«. ¿A qué se refiere con eso? ¿A un barrio? ¿A un club nocturno? ¿O a algo aún más misterioso? Como queda claro en los inicios de cada episodio, en 1920 han sucedido algunas cosas raras en España (en la bella ciudad andaluza de Ronda y más precisamente en su espectacular plaza de toros) que, tarde o temprano, se conectarán con la trama central. Y en torno a esa conexión habrá que ir resolviendo los misterios, esta vez con dos «detectives» a cargo de desentrañarlos.

Agatha Christie: Las siete esferas modifica varias cosas de la novela, empezando por algunos hechos concretos pero, más que nada, intentando sacar a la trama de las tradiciones implementadas por Christie, especialmente las ligadas a las resolución de los casos en salones con todos los implicados presentes. Eso, que en cierto modo existe en esta novela, acá se reconvierte en una persecución urbana, con autos y trenes presentes, intentando darle algo más de acción y tensión a un relato que, más allá de tratar de descifrar la persona y los motivos de su crimen, no va mucho más lejos que eso. Hay, si se quiere, una ligera crítica al rol de Gran Bretaña en algunos asuntos de política internacional, pero son muy secundarios y no tienen peso alguno. Lo que sí es claro es que, de funcionar, está todo pensado para que haya secuelas. Que no haya más novelas con Bundle como protagonista es secundario.

Si bien está dividida en tres episodios de poco más de 50 minutos, Las siete esferas tiene la estructura de una película y podía haber sido una de dos horas y media o un poco menos. Pero el consumo audiovisual actual está virado a las series y es por eso, estimo, que se decidió presentarla de esta manera, con los cliffhangers o «ganchos narrativos» del caso. Pero en lo esencial nada cambia. La serie (o película) es un ameno entretenimiento que tiene la ligereza de una novela de misterio y el mismo nulo peso específico. Y quizás eso –además de bellos paisajes, casas lujosas y vestuario de época– sea lo que muchos espectadores buscan como pasatiempo de fin de semana para ver en casa.