
Series: reseña de «All Her Fault», de Megan Gallagher (Prime Video)
El secuestro de un niño saca a la luz una inquietante serie de intrigas y misterios en este drama policial protagonizado por Sarah Sook, Dakota Fanning y Jake Lacy. En Prime Video.
Un muy buen elenco y una efectiva narración –al menos inicialmente– permiten pensar que All Her Fault va a ser una serie diferente a los policiales habituales que involucran secuestros de niños. Pero más allá de una interesante línea de análisis que pasa por las brutales presiones que las madres sienten para ser perfectas en todo, la serie basada en la novela de 2021 de Andrea Mara termina no siendo muy diferente a cualquier otra enredada trama policial con casos de este tipo. En el transcurso de sus ocho episodios, lo que podía parecer una inquietante mirada a las presiones sociales y psicológicas entre madres y padres, y entre patrones y empleados, acaba siendo una increíble concatenación de hechos un tanto absurdos.
La serie, creada por Megan Gallagher y filmada más que nada en Australia (por momentos es obvio que no se trata de Chicago), va al grano de entrada. La primera escena muestra a Marissa Irvine (Sarah Snook, de Succession) yendo a buscar a su hijo Milo, de cinco años, a la casa en la que supuestamente está jugando con un amigo de la escuela. Al llegar allí se topa con Esther (Linda Cropper), una mujer que no entiende de qué le está hablando y, tras inicialmente pensar que se trata de un error, Marissa se da cuenta que su hijo ha desaparecido o fue secuestrado. Supuestamente se había ido a jugar a la casa del hijo de Jenny (Dakota Fanning), una madre del colegio a la que apenas conocía, y todo parece indicar que la niñera de Jenny, Carrie (Sophia Lillis, de It), es la que se raptó al niño, ya que ella tampoco aparece por ningún lado.

Desde ese punto de partida All Her Fault abre líneas de posibles implicados por todos los frentes. Si bien hay una sospechosa clara en la tal Carrie, al desconocerse sus motivos el mapa de posibles cómplices o participantes activos de abre como un abanico. En la nómina está el marido de Marissa, Peter (Jake Lacy), un hombre que de entrada se nos presenta como lleno de secretos; los dos hermanos de él –una mujer con pasado alcohólico (Abby Elliott, «Sugar» en The Bear) y un joven con problemas motrices (Daniel Monks)–; el socio de Marissa (Jay Ellis, de Insecure), la niñera de la pareja (Kartiah Vergara), que conocía a Carrie; y por supuesto la mismísima Jenny, su marido Richie (Thomas Cocquerel) y hasta la mujer que recibió de entrada a Marissa. Todo esto –aclaración importante– transcurre en un mundo de mucho dinero: empresarios y gente acomodada que lidia con millones de dólares a diario.
Durante sus primeros y mejores episodios, la serie apunta más a las tensiones dramáticas internas que se producen por el secuestro que al costado más estrictamente policial, uno que crecerá con la aparición del Detective Alcaras (Michael Peña), un clásico sabueso que parece saber todo siempre. Gallagher y sus directores ponen el acento en las presiones que reciben las madres, quienes tienen que poder conjugar trabajos demandantes con el cuidado de sus hijos, ya que sus maridos –por lo menos los dos un tanto impresentables que se muestran aquí, Peter y Richie– se desentienden casi por completo de esta parte de la vida familiar. No solo eso sino que osan enojarse con ellas cuando hay algún inconveniente. Pero de a poco eso va tomando ribetes policíacos también y todo se mezcla con todo.
A Shiv –perdón, a Marissa–, la situación la deja en estado de absoluta indefensión. Desesperada, busca e intenta encontrar respuestas, pero no logra ni encontrar a Carrie ni entender qué la llevó a secuestrar a su hijo, más aún porque no hay demanda de dinero de por medio. De a poco –muy de a poco– tirar de esa cuerda empezará a dar algunas respuestas. Más que nada porque la serie, en paralelo a ir mostrando las vidas de esta decena de personajes al cambiar constantemente el punto de vista, va yendo todo el tiempo al pasado, llevando al espectador a suponer que alguna de esas tantas puertas que se abren puede contener la respuesta al misterio. Y hay tantas como personajes, por lo que cualquier cosa puede haber sucedido. O estar sucediendo.

Promediando el cuarto episodio el hilo no solo se enreda sino que todo empieza a conducir hacia una zona más propia de una telenovela, abandonando los ejes temáticos más inquietantes del inicio. De todos modos, al centrarse en familias millonarias, en ningún momento All Her Fault supone estar hablando de la problemática de la mayoría de las madres (estas tienen niñeras, mucamas y dinero de sobra), sino de un muy específico segmento, de esos que pueblan los best seller como el que se basa la historia y series como Big Little Lies, cuyo éxito, en más de un sentido, es responsable de esta interminable saga de imitadoras.
Lo que le permite a All Her Fault disimular sus evidentes fallas pasa por su elenco. Snook es una gran actriz con un papel que le calza a la perfección y en el que puede sacar para afuera todo su rango interpretativo. Lo de Fanning es un tanto más limitado –el peso de su personaje creció seguramente en la serie por la presencia de la actriz, entre los muchos cambios que hay aquí en relación a la novela–, pero su magnetismo es innegable. Y lo mismo pasa con Lacy, Lillis, Peña, Ellis y Elliott, todos reconocibles actores que pueden darle peso y profundidad a personajes que, en realidad, los tienen a cuentagotas. Pero por fuera de esa mano de pintura de prestigio, la serie es bastante más convencional y mediocre de lo que parece y pretende ser.



