Series: reseña de «De Polo a Polo con Will Smith» («Pole to Pole»), de National Geographic (Disney+)

Series: reseña de «De Polo a Polo con Will Smith» («Pole to Pole»), de National Geographic (Disney+)

Esta serie documental protagonizada y producida por el actor se centra en un viaje por todo el mundo a través de los paisajes más extremos del planeta, donde el asombro ambiental se cruza con un ajuste de cuentas personal. Desde el 14 de enero, por Disney+.

Series como Pole to Pole ponen en conflicto un tipo de documental que funciona a mitad de camino como un celebrity video y algo que podría definirse como vagamente «ambientalista». Tiempo después de su caída en desgracia tras el incidente que protagonizó en los premios Oscar –y casi sin haber vuelto a trabajar en ficción, más allá de una secuela de Bad Boys y poco más–, Will Smith se embarcó en un viaje de cien días a través del mundo que funciona, o debería funcionarle, a tres puntas. Por un lado, como un viaje de reencuentro consigo mismo, una suerte de terapia pública que consiste en recorrer el mundo casi a modo de peregrino religioso. Por otro, para poder volver a presentar una imagen amable y simpática suya, alejada de eso que se vio aquella aciaga noche. Y, por último, por las intenciones si se quiere más nobles de hablar del estado crítico del planeta Tierra.

Pole to Pole parece organizarse, más que nada, en función de las dos primeras premisas, ya que las aventuras del actor de Soy leyenda de viaje por los polos, el Amazonas y el Himalaya –entre otros parajes recónditos del globo– parecen encaminarse más a título personal que otra cosa, como si Will Smith nos invitara a acompañarlo en un viaje de purgación y redescubrimiento personal en torno a entender los fascinantes secretos del planeta. Esta serie de National Geographic parte del carisma de esa celebridad para mezclar terapia personal con una búsqueda si se quiere más universal ligada a conocer esas zonas del mundo poco exploradas pero que son fundamentales para mantenerlo vivo en una etapa de creciente crisis climática.

En lo central, cada episodio nos muestra a Smith en una zona diferente del mundo a la que se acerca con dudas y miedos con los que deberá lidiar. En el primero, que tiene lugar en el Polo Sur, descubrirá los secretos que guarda la zona y se pondrá en contacto con gente (un grupo de científicos brasileños y un explorador galés) que armó su vida en torno a vivir en esa áspera y violenta región del planeta. Más tarde irá al Amazonas, en un viaje dividido en dos episodios: uno centrado en la búsqueda de animales cuyos venenos puedan aportar a la cura de enfermedades (algo que hace subiéndose a inmensos árboles o internándose en cuevas) y otro ligado a hallar una anaconda gigante involucrándose con la tribu Waorani, del amazonas ecuatoriano.

Ya más en plan terapéutico, el hombre se internará en templos del Himalaya, donde en compañía de monjes budistas tratará de encontrar el secreto de la felicidad y se verá forzado a lidiar con esos momentos críticos de su vida que todos conocemos, además de algunos otros. En otros episodios –que no fueron adelantados para esta crítica–, Smith viajará al Polo norte, al desierto del Kalahari y a una remota isla del Pacífico Sur.

Imágenes espectaculares, personajes excéntricos (de esos que Werner Herzog suele presentarnos en sus documentales centrados en este tipo de universos y profesiones) y la atención al cuidado y protección del planeta están más que nada al servicio de un intento personal y profesional de parte de Smith de dar un giro a su carrera, uno que le permita reencontrarse con el público que supo tener mientras les habla de un modo más personal de lo que podría hacerlo en una ficción. Pole to Pole podrá ser una serie documental, pero el modo en el que está armada revela un guión férreo que sigue los lineamientos trazados de entrada: utilizar el planeta y la búsqueda de sus secretos como una forma de superar sus miedos y recuperar esa intimidad perdida con los espectadores. Se trata, sin dudas, de una forma digna y seguramente muy entretenida de hacerlo, pero no deja de ser una elegante operación de marketing.