
Series: reseña de «The Pitt – Temporada 2», de R. Scott Gemmill (HBO Max)
La serie médica vuelve a la guardia con otro turno único y asfixiante, donde afloran nuevas grietas, viejas heridas y el costo personal de sobrevivir al caos. Desde el 8 de enero por HBO Max.
El éxito de la primera temporada de The Pitt no fue sorpresivo. Se notaba, al verla, que su combinación de ritmo frenético, tensos momentos dramáticos y emociones ligadas a situaciones de vida o muerte podían dar como resultado una serie popular. Más aún teniendo a Noah Wyle –una conexión directa con la clásica serie E.R.— como protagonista. Lo que sí sorprendió y sigue sorprendiendo es su reconocimiento crítico. La primera temporada de la serie se viene llevando montañas de premios, incluyendo Mejor Drama y Mejor Actor Protagónico en los Emmy (ganó cinco en total), entre otros galardones que ya le entregaron y le entregarán.
¿Cuál es el secreto o qué es lo que diferencia a The Pitt de la larga tradición de series hospitalarias como M.A.S.H., House, Grey’s Anatomy, Scrubs, St. Elsewhere o la ya citada E.R., entre otras? En principio, su formato horario: cada episodio de la serie cubre una hora en tiempo más o menos real de lo que se vive en un hospital de Pittsburgh. Y los 15 episodios de cada temporada toman de las 7 a las 22 de un día determinado, uno que se caracteriza por una serie de situaciones más intensas y caóticas de lo normal. Una de las críticas que recibió la primera temporada fue que pasaban en ella demasiadas cosas para lo que era, en definitiva, un solo día de trabajo dividido en 15 episodios. En la segunda, en cierto modo, se explica la lógica.
La nueva temporada no arranca al día siguiente ni mucho menos, sino diez meses después. En cierto modo, esa distancia temporal sirve para tomar a los personajes en otra etapa o momento de sus vidas pero, también, para que quede claro que lo que vemos no es necesariamente un día a día sino esas jornadas en las que, por algún motivo particular, pasa de todo. O, al menos, más cosas de lo habitual. Acá el eje inicial pasa por la licencia que está por tomarse el Dr. «Robby» Robinavitch (Wyle) al terminar la jornada que vemos. El abrumado aunque por lo general amable y sensible doctor se irá tres meses en moto para tomarse un tiempo de descanso y desenchufarse. Y eso, como cualquiera que haya visto tres películas en su vida sabe, es una señal de que las cosas se van a complicar.

Si a eso se le suma que es el 4 de Julio, el Día de la Independencia estadounidense, con todas las presiones públicas y privadas que ese tipo de días implican (desde organizar reuniones a falta de personal, incluyendo muchos potenciales accidentes), uno sabe que será un día complicado. Como novedad en el hospital está la llegada de la Dra. Baran Al-Hashimi (Sepideh Moafi), quien viene a reemplazar a Robby durante su ausencia y pasa el día observando y colaborando con el resto del staff. La otra «novedad» de la jornada es el regreso del Dr. Langdon (Patrick Ball), que fue suspendido por robarse medicamentos (ansiolíticos y eso), tema que fue uno de los ejes de la temporada anterior. Por lo demás, salvo la Dra. Collins, el resto del staff sigue allí (doctores, enfermeras, médicos-estudiantes, residentes de distintos años), con el agregado de algunos novatos recién llegados.
Durante la primera mitad de la temporada lo que se atraviesa tiene que ver con el controlado caos del día a día y los literales cientos de casos con los que los protagonistas tienen que lidiar, desde infecciones que crecen a niveles insospechados, heridos, accidentados, alcohólicos, ancianos con diversos problemas de salud, situaciones policiales, personas sin cobertura médica que no pueden pagar la atención (no hay salud pública gratuita en Estados Unidos ni para una emergencia: no olviden eso mientras ven la serie), potenciales situaciones de violencia doméstica, inmigrantes con hábitos diferentes o que no hablan inglés, y así, en una concatenación de casos que atraviesan varios episodios y tienen mayor o menor grado de impacto en las vidas y emociones de los protagonistas.
The Pitt pone su mirada, como casi todas estas series, más en cómo estos casos repercuten en los médicos que en los casos en sí. O cómo la propia presión laboral los va tensionando. En ese sentido, lo principal a tener en cuenta en la second season pasa por la incomodidad de Robby con el regreso de Langdon, la presión burocrática que ejerce Al-Hashimi en algunos miembros del equipo, algún asunto romántico de la Dra. McKay (Fiona Dourif) y las constantes tensiones, amigables pero no siempre, entre los más jóvenes miembros del equipo, como la arrogante pero eficiente Dra. Santos (Isa Briones), la ansiosa y socialmente neurodivergente Dra. King (Taylor Dearden), el ahora más confiado Dr. Whitaker (Gerran Howell) y la «acomodada» Victoria Javadi (Shabana Azeez), estudiante de medicina e hija de dos doctores que trabajan en ese mismo hospital.
No conviene spoilear nada pero promediando la temporada –que hasta ese momento viene lidiando con distintos casos, sin que haya un caos mayor que una prometida llegada de pacientes derivados desde otro hospital– sucederán un par de hechos que, como en la primera, intensificará lo que resta de esa jornada y, seguramente (Nota: se adelantaron a la prensa nueve de los quince episodios) afectará los planes y hasta las vidas personales de muchos de los protagonistas. Pero, como The Pitt estrena sus episodios en el viejo y querido formato semanal, para eso todavía falta mucho. La temporada debuta el 8 de enero con su capítulo titulado «7am» y recién llegará a las «10pm» el 16 de abril. Así, ese 4 de Julio será el Día de la Independencia más extenso de la historia. Un largo viaje del día hacia la noche.



