Berlinale 2026: crítica de «17», de Kosara Mitic (Perspectives)

Berlinale 2026: crítica de «17», de Kosara Mitic (Perspectives)

por - cine, Críticas, Festivales
18 Feb, 2026 03:31 | Sin comentarios

Una adolescente participa de un viaje escolar guardando un importante secreto que no puede confesar a nadie. Hasta que una situación de abuso sexual dispara todo por los aires. En la competencia Perspectives.

Los cineastas del Este de Europa suele apostar al realismo de una manera bastante más cruda de la que lo hacen sus pares más occidentales. No es una ley ni mucho menos, pero uno muchas veces espera de las películas de esta parte del mundo algún tipo de honestidad brutal que bordee lo shockeante, al menos en las películas que apuestan a este tipo de registro, si se quiere, naturalista. En ese sentido, 17 no defrauda. O, digamos, no lo hace si uno puede tolerar bien esos extremos del comportamiento humano. En cambio, si a uno le incomoda o le resulta éticamente reprobable ese nivel de crudeza, su mirada será muy distinta.

La película empieza, engañosamente, con lo que parece ser una escena normal de sexo adolescente. Pronto el plano se abre y nos damos cuenta, primero, que no es un chico y una chica, sino dos chicos con una chica. Hasta ahí no sería problemático, pero unos segundos después notamos que la situación no es tan amable ni consensuada como parecía sino un tanto más ríspida y violenta. Conoceremos mejor a Sara (Eva Kostic), la chica que atravesó esa situación, ya en un plano entero mientras se prepara para un viaje escolar que la llevará de Macedonia, donde vive, a Grecia. Ensimismada, arma su bolso y no participa de la conversación de la casa. Y cuando su padre le da sus típicos consejos de cuidados y llamados, ella asiente como si tal cosa.

La chica no cambia mucho el gesto ensimismado al encontrarse con sus amigos. Parca, silenciosa, se sienta sola y parece tolerar a disgusto la conversación que le da Lina (Martina Danilovska), una compañera de escuela a la que nadie le presta atención. Los chicos y las chicas se suben al micro a los gritos, cantando, bebiendo, desafiando a los docentes y cruzando miradas y comentarios. Pero Sara no participa más que para observar a otra amiga suya, Nina (Eva Stojchevska) que no parece prestarle atención. Y así seguirá el viaje cada vez más descontrolado y con los chicos comportándose de modos que resultan inmanejables para los docentes a cargo, tanto en el micro como en el hotel en el que paran.

Allí, a su pesar (la chica había pagado más para estar sola), a Sara la juntan con Lina y Nina en el mismo cuarto, pero ella sigue en su tesitura. Hasta que, habiendo bebido unas cuantas copas, Lina sube a a fiesta que organizan en un cuarto los otros chicos y Sara le implora que no lo haga. Lina, borracha, no le prestará atención y subirá. Sara la seguirá. Y allí las cosas se volverán más intensas, dramáticas y llevarán a Sara no solo a actuar en consecuencia sino a confesarle a Lina el secreto que guarda. A partir de eso, su drama cobrará otra dimensión. Y las dos chicas se darán cuenta que han quedado enfrentadas a una situación difícil por donde se la mire.

Un film denso, agobiante y por momentos desolador, 17 es una pintura bastante amarga de la adolescencia. Si bien no hay intentos aquí de generalizar –hay algunos compañeros amables en el grupo–, la sensación que el film transmite es la de un grupo de chicos agresivos, violentos, desafiantes y, sobre todo, incontrolables, a los que ni las docentes pueden frenar. Como sucedía en Adolescencia, lo que la película macedonia tiene para narrar es ese mundo de presiones, traiciones, abusos y maltratos que se dan a esa edad, mayormente (pero no siempre) de parte de los varones hacia las chicas. Sara y Lina saben que no hay espacio para que levanten la voz o se quejen, ya que parece haber un pacto de silencio respecto a ciertas cosas. Y si lo rompen, tendrán que atenerse a las consecuencias.

En su segunda mitad, tras revelarse ciertas cuestiones, el foco de Mitic cambiará y la película pasará a ocuparse fundamentalmente de ese tema. Para esos momentos la directora reserva las escenas más fuertes y desafiantes de la película –algunas de las cuales obligarán a algunos a taparse ojos y oídos, de ser posible– en una serie de situaciones que van mostrando las consecuencias de esa cultura del abuso, de la violencia y del maltrato. En medio de ese clima de desesperanza, lo que salva a 17 de caer en el nihilismo puro y duro es la relación de apoyo y sostén mutuo que se genera entre las dos recientes amigas. Y la posibilidad que ambas se otorgan de pensar que, a pesar de las circunstancias, otra vida es posible.