
Berlinale 2026: crítica de «Dao», de Alain Gomis (Competición)
Una madre y su hija se reencuentran con sus raíces compartidas entre un funeral en Guinea-Bissau y una boda en Francia, en un film híbrido que difumina los límites entre ritual, actuación y experiencia vivida.
En lo que parece ser una moda del festival –o acaso haya sido solo una casualidad–, Dao es la segunda película consecutiva que veo que comienza con una sesión de casting. Al igual que Un hijo propio, de la chilena Maite Alberdi, la película utiliza este recurso para poner en cuestionamiento, una y otra vez, su estatus de documental y su conexión entre la ficción, la realidad y todo aquello híbrido que está en el medio. Alain Gomis empieza Dao entrevistando a muchas mujeres para distintos papeles en su film y, entre todas, parece enfocarse más que nada en Katy Correa, que interpretará el papel de Gloria. No se aclara pero suponemos que la historia que se contará de aquí de adelante no será la de la propia Katy sino la de este personaje que interpreta, por más que los cruces entre documental y ficción sean permanentes.
Más allá de ese ancla, lo que cuenta la película del director de Rewind & Play son dos eventos que atraviesa Gloria junto a su hija Nour (D’Johé Kouadio), eventos que se presentan en paralelo si bien, claramente, suceden en tiempos distintos. Uno es un funeral en una aldea en Guinea-Bissau, de donde Gloria es oriunda; y otro es la boda de Nour en la campiña francesa. En ambos casos lo hacen rodeados de un centenar de familiares y amigos, solo que de diferentes extracciones de esos mundos. En Africa, Gloria le presentará sus ancestros, parientes y conocidos a su hija veinteañera, que jamás ha visitado el lugar y a la que casi ninguno (con excepción de los que viajaron a Francia) conocen. En Francia, en cambio, ambas comparten la fiesta con gran mayoría de inmigrantes africanos que viven allí, entre los que se cuelan algunos de otras razas y orígenes étnicos o nacionales.
Difícil es resumir qué es lo que pasa en ambas. Montadas en paralelo, yendo y viniendo de una a otra, lo que Gomis presenta es casi un inmersión cultural a través de la mirada de dos mujeres con distintas historias y conexiones con esos mundos a través de eventos con muchas similitudes y algunas diferencias. El funeral africano, que dura varios días, está lleno de específicos rituales, ceremonias espirituales, danzas y tradiciones ancestrales. La boda francesa, a su modo un tanto más «occidentalizado», también es un compendio de ritos y costumbres particulares. En medio de todo eso hay encuentros, principalmente de Gloria, con familiares, ex parejas, seres queridos y viejos amigos con los que va teniendo breves (y en algún caso no tan breve) conversaciones.

De tanto en tanto Gomis vuelve a esas sesiones de casting en la que introduce a otros miembros de su elenco y en la que los actores aprovechan para hablar de ellos, de los roles que quieren interpretar y lo que eso significa para sus vidas. De algún modo, Dao funciona como una puesta en escena de esos deseos, conflictos y situaciones de la vida real que director e intérpretes armaron de un modo comunitario. Cada discusión, situación, ritual o celebración que se ve en ambos eventos funciona como un recorrido cultural por la vida de una comunidad africana tanto en su lugar de origen como en el adoptivo.
Las sensaciones y vivencias de madre e hija en esos encuentros con parientes y amigos le van dando a la película sus climas festivos, dramáticos o emotivos. Miles de abrazos, bailes, alcohol por doquier, gritos y el clásico colorido de las vestimentas –especialmente en la parte africana, ya que en la francesa el dress code parece mucho más «cool»– van conformando una película que se siente más como una experiencia que como una narración tradicional, con Gomis llevando de las narices a los espectadores a una inmersión cultural profunda en la vida de esta dividida comunidad. Es cierto que ninguno de los dos son eventos de la vida cotidiana sino momentos importantes y especialmente llamativos, pero igualmente logran transmitir la sensación de algo vivido y real que sucede frente a nuestras narices aunque uno sabe, o supone, que hay bastante de ficción por detrás.
Con una banda sonora de afro-jazz que pasa de lo sutil y melancólico a lo más festivo –allí se cuela la música que tocan en vivo, especialmente en el funeral–, Dao va colando pequeñas tensiones personales, entre los que se destacan la relación de Gloria con Slimane (Samir Guesmi), el padre de Nour de origen marroquí, o con una nueva pareja (blanca) que ella tiene, dando a entender que pese al clima festivo de ambos eventos existen diversos conflictos. En Guinea-Bissau hay disputas por dinero y algunos reclamos familiares, todos ellos de público conocimiento. En Francia, las peleas tienen más que ver con secretos personales y cosas que no se dicen en público. Si hay una diferencia esencial en ambos lados de esta comunidad, pasa por ahí: lo privado y lo público, lo íntimo y lo social. En conjunto, todo eso –con sus pros y sus contras– representa la amplitud de la experiencia de esa comunidad.



