Berlinale 2026: crítica de «Forest High» («Forêt Ivre»), de Manon Coubia (Perspectives)

Berlinale 2026: crítica de «Forest High» («Forêt Ivre»), de Manon Coubia (Perspectives)

por - cine, Críticas, Festivales
21 Feb, 2026 01:55 | Sin comentarios

En los Alpes del Norte, Anne, Hélène y Suzanne se turnan para cuidar un refugio de montaña. Con el cambio de las estaciones, los excursionistas van y vienen. Y ellas se quedan.

Una cabaña en las alturas de los Alpes es el centro desde donde contemplar el universo y la soledad en Forêt Ivre, delicada opera prima de la realizadora belga que compite en la sección Perspectives. Esta película narrada en tono bajo, entre silenciosa y susurrada, son en realidad tres historias que se cuentan una detrás de la otra, solo separadas por un plano negro y un corte. Las protagonistas son tres mujeres –Anne, Hélène y Suzanne– que, en distintos momentos del año, se ocupan de la cabaña en cuestión y son las que reciben a los visitantes, muchos de los cuales son hikers que hacen excursiones de alta montaña, paran allí brevemente y continúan sus respectivos caminos.

Si uno ha parado alguna vez en lugares similares –en la Patagonia argentina hay muchísimos– podrá imaginar la soledad, el silencio y el espacio para la reflexión que pueden aparecer estando largo tiempo allí, especialmente en temporadas bajas o sin muchos visitantes. Y el film refleja ambos estadíos: el de la contemplación y el silencio, pero también el de la conversación y la compañía. Son tres mujeres que, por distintas circunstancias de sus propias vidas, eligieron vivir esta experiencia, esta soledad, aclimatarse a este espacio que es más de trabajo que de lujos.

Entre la ficción y el documental, incorporando historias de personas que verdaderamente pasan o pasaron por ahí, Forêt Ivre va dando a conocer a sus personajes, cada una en su tiempo. Una de ellas, Anne (interpretada por Salomé Richard) está con su hija y es una mujer bastante reservada, de pocas palabras. Hélène (Aurélie Petit), en cambio, está en una temporada más alta y veraniega, por lo que toma más contacto con los huéspedes y se integra en actividades con ellos. Y Suzanne (Anne Coesens) solo tiene la nieve del invierno, un huésped con un sugerente objetivo, vino y queso como compañías. Y la conversación, que va dando a conocer sus deseos, miedos e historias.

Quizás porque ya tiene en su haber tres cortos que participaron en grandes festivales como Cannes y Locarno, Coubia parece tener en su primer largometraje la sabiduría, la confianza en sí misma y la paciencia de una cineasta mucho más experimentada. Filma sin apresuramientos, respetando los tiempos del lugar y de los personajes, y sin engolosinarse en la belleza de los escenarios montañosos. Al contrario, hay una modestia en los escenarios, un grano en la imagen y una potencia expresiva en el sonido que dejan entrever que no es necesariamente un paraíso sobre la tierra ni nada parecido. Y que hay historias en ese lugar que remiten a un pasado lejano que en cierto modo sigue estando presente.

Inspirada en los diez años en los que la realizadora hizo, de forma voluntaria, ese trabajo de cuidadora, Forest High puede verse como un film de ficción inspirado en experiencias reales, ya que las tres protagonistas son las verdaderas guardianas de ese refugio, y las interacciones son en algunos casos reconstrucciones de las reales. Eso logra darle al film una sensación de verdad aún mayor, ya que nadie parece exagerar ni en sus acciones ni en la manera en la que se relacionan con el mundo. Están conectadas con él y es el cine el intermediario que trae todo eso hacia nosotros.