
Berlinale 2026: crítica de «Home Stories» («Etwas ganz Besonderes»), de Eva Trobisch (Competición)
La oportunidad de una adolescente de participar en un reality musical obliga a su familia, silenciosamente fracturada, a inventar una historia sobre sí misma, sea cierta o no.
El título en inglés es bastante elocuente a la hora de definir que tipo de película Home Stories. El alemán, en cambio, es un tanto más irónico y podría traducirse como «algo muy especial». El de Eva Trobisch es un film que, a pesar de tener un eje narrativo que parece central, en realidad lo usa como excusa para retratar la complicada vida de una familia que está atravesando varias crisis a la vez. El disparador dramático le pertenece a Lea (Frida Hornemann), la hija adolescente de Matze (Max Riemelt) y Rieke (Gina Henkel), a quien han anotado para un concurso de televisión tipo «La Voz» y pronto audicionará ante millones de espectadores. Pero la cosa no pasará solo por ahí.
Más allá de la competencia, lo que parece despertar el drama son las preguntas que los entrevistadores le hacen a Lea acerca de su vida, su personalidad, sobre quién es y cómo se define. La chica no encuentra demasiadas palabras para explicarse y de a poco iremos viendo los motivos. El problema es que este tipo de shows de TV necesitan una historia, una narrativa clásica de la que agarrarse para presentar a sus personajes, y Lea no tiene mucha idea de qué contar. No es que su familia sea necesariamente caótica –nada es del todo caótico en este discreto y tranquilo drama–, pero sí es un compilado de personalidades y situaciones en constante fluctuación.
Así, mientras Lea se prepara para cantar en vivo ese clásico moderno de toda competencia vocal que es Fix You, de Coldplay, las diversas idas y vueltas familiares se gestionan y litigan, un poco con el objetivo de dar una imagen más o menos sólida a la TV. Y no es fácil porque Matze y Rieke están separándose ya que ella quedó embarazada de otro hombre, sus abuelos mantienen un hotel en la campiña venido a menos y a punto de quebrar –tampoco tienen una gran relación entre ellos, dicho sea de paso–, una tía Kati (Eva Löbau), que se ocupa de un museo de la ex Alemania Oriental, se mete en problemas políticos y su mejor amiga Bonny (Ida Fischer), con la que suele cantar en fiestas y bares, parece un poco molesta por el éxito de Lea.

Estas historias irán entrando y saliendo del foco narrativo de Trobisch, que parece que pondrá el eje en el concurso televisivo pero pronto lo va dejando de lado para lidiar con las diversas situaciones familiares, la mayoría de las cuales tienen un nivel de tensión ínfimo, que ni siquiera califica como dramático. Lo más fuerte e intrigante que se ve tiene que ver con la relación entre sus padres que, pese a estar separados, reconectan en más de un sentido mientras acompañan a Lea en este proceso de potencial fama como cantante. El resto de las subtramas son mucho menos ricas e interesantes de lo que Trobisch cree que son.
Hay un ángulo interesante que Home Stories no termina por aprovechar del todo y que tiene que ver con cómo las personas se cuentan a sí mismas: en redes sociales, en sus versiones públicas y, en este caso, al tener que presentar la historia de Lea para un programa televisivo. Un personaje público que participa en un show debe –o eso parece– tener una buena y sólida historia para contar sobre sí mismo. Y acaso es más eso lo que le puede dar fama que el talento en sí. Para Lea es difícil ponerlo en palabras o entenderlo: su vida no se define por una narrativa clara y lo que la rodea es la confusión típica de la adolescencia y una familia con problemas.
Home Stories no termina de crecer dramáticamente, salvo en específicos momentos. Parece más una colección de escenas, diálogos, discusiones y situaciones en clave menor o en voz baja que van surgiendo entre los distintos integrantes de esa extendida familia. Con sus 112 minutos se termina extendiendo de una manera excesiva, especialmente cuando uno se da cuenta que el concurso de canto en sí ha pasado no a un segundo sino a un tercer plano. Hay tela para cortar en el drama familiar de Lea, pero la realizadora de Ivo no hace más que presentarlo de un modo elegante, estudiado, cuidadoso, sin transmitir al espectador casi ninguna vibración emocional. Para ser un film que no es experimental ni busca ex profeso ese tipo de relación con la audiencia, esa falta de vida propia, de respiración y de verdad termina por achatar hasta sus mejores ideas.



