Berlinale 2026: crítica de «In a Whisper» («À voix basse»), de Leyla Bouzid (Competición)

Berlinale 2026: crítica de «In a Whisper» («À voix basse»), de Leyla Bouzid (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
13 Feb, 2026 11:41 | Sin comentarios

Al regresar a Túnez para el funeral de su tío, una joven se ve arrastrada a una incómoda investigación que expone su vida secreta y la obliga a enfrentar los riesgos de revelar la suya propia.

Lilia regresa a Túnez, su país natal, desde Francia debido a la muerte de su tío. Llega con Alice, su «amiga» francesa, que se queda en un hotel y no va al velorio ni al funeral. Una vez allí, reunida con su abuela, su madre (Hiam Abbas) y su tía, empiezan a salir a la luz algunos secretos de la vida de su tío. Primero vemos a un hombre llegar y ser echado por la abuela. Luego, sale a la luz que a su tío lo encontraron muerto desnudo. Y, más tarde, cuando llega la policía a investigar, empieza a quedar más claro no tanto lo que sucedió con su muerte, sino de qué se está realmente hablando.

In a Whisper En voz baja» sería la traducción más natural al castellano del original francés À voix basse) deja ahí también en evidencia que el film tratará de analizar los prejuicios culturales, sociales, familiares y legales que existen en Túnez respecto a la homosexualidad. Por un lado –y a partir de una incómoda investigación policial que la familia no quiere que se haga– se husmeará en la vida del tío, un hombre homosexual de otra generación, cuya vida (no tan) secreta siempre generó diferentes reacciones familiares. Y esa mirada a la vida del tío pondrá el foco en Lilia (Eya Bouteraa), quien se cuestiona qué hacer respecto a su propia situación: ¿seguir fingiendo que nada pasa y que Alice (Marion Barbeau) es su roommate? ¿O enfrentarse a la familia, los amigos y hasta las autoridades respecto a su sexualidad?

La primera mitad del film –discreta, elegante, si se quiere hasta sutil– va presentando a los personajes, sus relaciones y los secretos que hay entre todos ellos. Lilia parece entenderse bien con su tía Hayet (Feriel Chamari), pero duda acerca de qué pensarán de su sexualidad su abuela o su madre. Hay una zona gris que para muchos es común pero a la vez resulta enigmática: una suerte de doble discurso en el que, públicamente, se condena o critica la homosexualidad, pero puertas adentro la cosa es distinta. Una suerte de hipocresía vivida a sabiendas de todos, que siguen como si nada pasara.

Las reminiscencias de la vida del tío se van integrando con la pesquisa que hace la propia Lilia para saber qué le pasó. Y eso la hace entrar en mundillos más o menos secretos de la vida gay en Túnez, empujándola a una situación más de corte policial. A partir de cierto punto del relato Bouzid abandona la sutileza, somete a sus protagonistas a enfrentamientos más obvios y directos, pero lo que supuestamente gana en tensión lo pierde en intriga y, si se quiere, misterio. Y eso se ve especialmente en la relación entre ella y Alice, que se enreda por motivos en exceso forzados, puestos para generar un choque a resolver en el tercer acto del film.

Es una pena que la directora de A Tale of Love and Desire se vea obligada a recaer en esa clásica «cuarta marcha» de un guión que hasta ese momento venía manejando su temática con llamativa ambigüedad, sumando conflictos más evidentes y directos, que aparecen en encuentros entre amigos, detenciones policiales y así. Previo a eso, uno de los más encantadores y tristes encuentros tiene lugar entre Lilia y una ex pareja de su tío. Son pocas palabras, algunas cartas nunca entregadas y la tristeza humana de saber que, por el temor y la crueldad de los otros, nunca pudieron ser felices.