Berlinale 2026: crítica de «Iván & Hadoum», de Ian de la Rosa (Panorama)

Berlinale 2026: crítica de «Iván & Hadoum», de Ian de la Rosa (Panorama)

por - cine, Críticas, Festivales
13 Feb, 2026 08:07 | Sin comentarios

Iván se enamora de Hadoum en el invernadero donde trabajan. Sin embargo, su tan esperado ascenso interfiere en la relación y lo obliga a decidir qué clase de hombre quiere ser.

Hay varios ángulos desde los cuales intentar pensar esta historia que, a su modo, combina temas de identidad de género, de inmigración y de maltrato empresarial. Lo menos esperable quizás sea el de una historia de amor. Pero eso es, en definitiva, lo que narra Iván & Hadoum, la opera prima como realizador de cine del guionista y director de series de TV, Ian de la Rosa (Veneno). Tal vez la comparación con esa serie –por más diferencias que existen entre ambos universos– no sea descabellada. Después de todo Veneno contaba una historia de identidad sexual que abría el territorio hacia muchos más temas. Acá, en ese sentido al menos, es similar: la historia de amor entre un hombre trans y una mujer de raíces marroquíes en Almería funciona como un motor que sirve para hacer foco en un mundo en conflicto.

De la Rosa se quita de encima dos problemas de entrada. Iván & Hadoum no es un film sobre el cambio de género ni sobre los conflictos que eso despierta. Ese puente ya se cruzó hace rato. Cuando conocemos a Iván (Silver Chicón) ya es un hombre trans al que todos tratan como tal y, salvo por un par de episodios en el contexto menores, no parece haber problema con eso. El trabaja en un invernadero que es propiedad de un familiar y lo hace en un puesto bajo, de laburante como casi todos los demás.

Entre las que están allí aparece Hadoum (Herminia Loh), que sufre un accidente en la fábrica pero sigue adelante, ya que no la llevan a ser revisada. Pronto Iván y Hadoum reconectan –se conocían pero de lejos– y nace entre ellos una suerte de romance que no se ve, en principio al menos, afectado ni por su tema de género ni por el hecho de que sea inmigrante. A la familia de Iván le complica más que ella trabaje en la empresa que cualquier otro asunto –la chica es una empleada un tanto combativa– y tampoco la familia de Hadoum parece poner reparos respecto al tema, quizás porque están con sus propios problemas.

Lo cierto es que en un momento Iván tendrá que asumir mayores responsabilidades en la fábrica, recibirá la presión de los dueños y, en ese sentido, no le será muy conveniente que Hadoum esté entre las cabecillas de los reclamos de los empleados. Tomando en cuenta, encima, que existe la posibilidad de poner en venta la empresa, aparece otra sombra sobre el horizonte. De a poco, lo que parecía una historia de amor muy actual en un invernadero del sur español pasa a transformarse en un reflejo de muchos de los temas que complican la vida de los trabajadores en ese país… y en muchos otros.

Quizás uno de los ángulos más interesantes por el que De la Rosa encara su propuesta tiene que ver con que, al menos como punto de partida, no estamos hablando de familias tradicionalistas, racistas o que no acepten a personas como Iván y Hadoum. Eso hubiera facilitado mucho las oposiciones y hasta el drama, pero a la vez lo habría tornado más obvio y predecible. Acá, la afabilidad, el buen trato con el otro y el cariño que se desprende de uno y otro lado hacia ambos hace pensar en que las cosas pueden ser distintas. Pero en el fondo no lo son. O no lo son tanto. La diferencia entre los que tienen y los que no, los patrones y los empleados, los «españoles» y los inmigrantes se hace notar, especialmente, cuando se trata de dinero y de poder. Allí, el inmigrante será aceptado siempre y cuando se quede en su lugar. Y el hombre trans será valorado de modo masculino en tanto tome decisiones fuertes e impiadosas.

Otra decisión inteligente del realizador pasa por apostar a contar la historia de amor en sí, con sus vaivenes y desvíos narrativos, sin la imperiosa necesidad de ir al drama de entrada. De la Rosa prefiere documentar ese universo de una manera un tanto más observacional que la mayoría de los dramas sociales de este tipo, aunque sin perder del todo la urgencia de lo que está contando. Pero sobre todo, lo que le otorga al film la nobleza que necesita para separarse de otros retratos similares pasa por el respeto y la humanidad que le otorga a sus personajes. Aún en los momentos más difíciles, ásperos y contradictorios, el realizador no los juzga, los entiende y se pone a su lado en esta batalla que les toca atravesar.