
Berlinale 2026: crítica de «Lust», de Ralitza Petrova (Forum)
Cuando Lilian es llamada de regreso a su pueblo natal para resolver la muerte de su padre ausente, lo que debería ser un breve trámite administrativo se convierte en un limbo burocrático y personal.
La muerte de un padre puede generar todo tipo de emociones, reflexiones, cambios. En el caso de Lilian (Snejanka Mihaylova), sin embargo, el asunto parece ser más que nada un incordio, un problema burocrático a resolver. La mujer de origen búlgaro trabaja como psicóloga con criminales peligrosos en una carcel de los Estados Unidos. Y el aviso de la muerte de su padre en su país natal no le llega, necesariamente, como un drama. Por un lado porque tenía una nula relación con él y casi no lo conocía. Por el otro, porque Lilian parece una mujer fría, desapegada de sus emociones, una especie de robot humano que no tiene –o no muestra– sentimientos.
Al llegar a su pueblo natal entenderemos algunas cosas más. No todas, porque Petrova no busca construir un drama narrativo convencional a partir de la vida y de las experiencias de Lilian sino, más bien, usarlo como disparador de una serie de conflictos y cambios en la vida de su protagonista. Lilian está haciendo un tratamiento que incluye el celibato. Se da a entender que la mujer sufre algún tipo de adicción sexual y la mejor manera que encontró para resolverlo es alejarse por completo de toda tentación. Pero tener que ir a resolver este asunto familiar le está complicando el panorama y la contención.

El resto es más mundano: su padre ha muerto con deudas y a ella le corresponde pagarlas. Y no es poco dinero. Pero Lilian no quiere saber nada con eso ya que, asegura, solo vio a su padre una vez en su vida y no tiene porqué hacerse cargo del asunto. De todos modos, con la ayuda de un conocido, se meterá en procesos burocráticos y otros contratiempos de ese tipo para tratar de salir lo mejor parada de ese entuerto. Algo que, claramente, no será fácil. Y entre esos dos mundos se mueve esta singular y rigurosa película de la realizadora de Godless, premiada en Locarno en 2016.
Una película austera con un personaje gélido como protagonista no invita necesariamente a un melodrama lleno de emociones. Y Petrova se mantiene consecuente a su elegida estética: Lilian se irá acercando, o volviendo a acercar, a la muerte, al sexo, a pulsiones de ese tipo que la sacarán de esa especie de estupor sombrío que parece rodearla. No necesariamente en el buen sentido ya que, con sus emociones un poco más descolocadas, no parece una persona del todo confiable. En ese sentido, su reconexión con algunas prácticas sexuales pondrán en evidencia esa complicada zona de cruces.
Compleja, confusa, por momentos inquietante y en otros francamente inexpugnable, Lust es una película acerca de la soledad, del miedo a enfrentarse a las emociones y sobre cómo ciertos rasgos familiares se reflejan y pasan de generación en generación aún cuando no nos demos cuenta o querramos negarnos a reconocernos en ellos. Lilian quiere estar todo el tiempo en control y cuando no pueda hacerlo se le moverán algunos cajones en su sala de operaciones. No será algo notorio para el espectador, pero para ella será soltarse a sensaciones desconocidas.



