Berlinale 2026: crítica de «No salgas», de Victoria Linares Villegas (Generation)

Berlinale 2026: crítica de «No salgas», de Victoria Linares Villegas (Generation)

por - cine, Críticas, Festivales
17 Feb, 2026 10:09 | Sin comentarios

Tras la muerte de su novia, Liz oculta su verdadero yo hasta que en un viaje de fin de semana se despiertan algunos deseos prohibidos. Cuando su sexualidad queda al descubierto, la paranoia y la violencia se apoderan del grupo, y su secreto se vuelve mortal.

El raro, extravagante comienzo de No salgas coloca al espectador en un lugar impensado. ¿Estamos viendo la película que vinimos a ver o estamos ante algún tipo de parodia que pronto será aclarada? No, no hay parodia ni nada parecido. No es un film de Brian De Palma en el que nos enteramos que eso que vimos durante sus primeros cinco o diez minutos formaba parte de otra película que sus protagonistas filmaban o algo así. Tampoco es estrictamente un sueño, una pesadilla o una historia que alguien cuenta para asustar a sus oyentes. No. No salgas comienza como una especie de película de zombies que, tras un inquietante plano en negro en el que se escuchan ruidos fuertes, vemos a una madre con los ojos blancos tratando de matar a su hija. Y, finalmente, lográndolo.

No es lo que la escena tiene para contar lo problemático. Miles de películas de zombies empiezan o podrían empezar así. Es la impericia en plan parodia clase B que la escena tiene lo que sorprende. ¿Estamos entonces ante una comedia pop que ironiza sobre este tipo de criaturas? No, tampoco. Es una película que se toma muy en serio lo que cuenta. Y si bien la metáfora puede tener su lógica en el contexto del tema del film, la factura de a escena desacomoda y cuesta recuperarse de ese efecto.

Pronto veremos la lógica de la aparición de zombies matando chicas. Liz (Cecile van Welie) es la protagonista del film, una joven universitaria que es lesbiana pero lo oculta hasta de sus amigas. Esa primera muerte marca la lógica de lo que veremos, ya que todo parece indicar que a esos zombies se les da por matar a lesbianas o salen de su propio closet (se ve que muchos no-muertos no se identifican del todo como tales) para liquidarlas.

A la tal Liz le matan a su novia, Wendy (Mariela Guerrero) y tiene que intentar seguir como si nada pasara, aunque le cueste. Tiene un novio oficial, sus padres no saben nada del asunto y sus dos mejores amigas la invitan a unas vacaciones de unos días para pasarla bien con ellas. El plan es conocer chicos, bailar, beber, esas cosas. Pero en el viaje Liz conoce a otra chica, Jesse (Camila Santana), y es bastante obvio que se gustan. Y, tomando en cuenta lo que ya sucedió, uno puede suponer que, más temprano que tarde, algo tenebroso sucederá con ellas.

Esta película dominicana se toma su buen tiempo para establecer sus personajes, su tono y su ritmo, abandonando por un buen rato cualquier contacto con el cine de género para convertirse en una película sobre un grupo de amigas, su camaradería y lo que pasa con la llegada de esta nueva chica y de otras circunstancias que les toca atravesar a todos ellos, especialmente a Liz. De hecho, narrar ese universo podía haber sido suficiente para hablar de las dificultades del coming out, tema central de No salgas.

Pero Linares no quiso hacer el drama previsible y obvio en el que estas noticias personales se expresan a través de conflictos entre amigas, y peleas con novios y familiares. Y le buscó este giro zombie. Ya desde el título –que sirve para hablar de «salir del closet» pero a la vez funciona para una película de terror, similar a No respires, No hables con extraños o formulaciones de ese tipo– queda en evidencia que su loable intención es la de subvertir las normas y los desarrollos clásicos.

El problema es que hacer una buena película de terror requiere de un muy específico conjunto de habilidades que la cineasta dominicana aún no maneja o que en esta ocasión no supo resolver. Y esa visible impericia complica la credibilidad que aún desde su absurda lógica podía haber tenido la propuesta, haciendo que nunca uno pueda recuperar del todo el interés que tiene la disyuntiva de su consternada protagonista.

Al estar en una sección de la Berlinale como Generation 14plus, que es más que nada para adolescentes, quizás este formato termine siendo apropiado para hablar de esos temas con chicos de esa edad. Y quizás ese público tenga menos pruritos que este crítico respecto al formato elegido. Ojalá sea así y esta película dominicana encuentre espectadores que la puedan apreciar, aún con todas sus fragilidades e inconsistencias.