
Berlinale 2026: crítica de «Prosecution» («Staatsschutz»), de Faraz Shariat (Panorama)
Tras sobrevivir a un ataque racista, una fiscal decide involucrarse personalmente en la investigación y descubre que detrás del hecho podría haber una red organizada.
Un thriller político de una creciente intensidad y que funciona a mitad de camino entre una seria investigación del tema y un acercamiento más populista y comercial, Prosecution se centra en los ataques raciales y anti-inmigratorios que tienen lugar en la Alemania contemporánea. La particularidad del caso que el film retrata es que la víctima del ataque es una fiscal de estado, por lo que su específica situación la pone en una diferente condición al resto de las habituales víctimas de este tipo de hechos. Y hasta le da la posibilidad de defenderse a sí misma.
La protagonista, Seyo Kim (Chen Emilie Yan), es alemana de ascendencia coreana y eso ya de por sí incomoda a los racistas locales. El conflicto con ella empieza con un juicio previo en el que la vemos acusar y condenar a un neonazi por un similar ataque racial. A partir de allí, Seyo empieza a notar que la siguen, la agreden verbalmente, la molestan casualmente en la calle. Pero una tarde todo empeora: Seyo va en bicicleta cuando otro ciclista se le cruza por delante al atravesar un puente. Ella se cae y desde arriba le lanzan una bomba molotov que prende fuego sus prendas y le quema parte del cuello. La mujer toma de inmediato las riendas del asunto para proteger evidencias primero y preocuparse por su salud después.

A partir de allí empiezan las acusaciones, las investigaciones, las detenciones y el juicio. Pero las cosas son un tanto diferentes a lo usual ya que la víctima en este caso, si bien no debería, puede tener acceso a materiales de la causa, algo que Seyo hace aún sabiendo sus potenciales implicancias éticas. Alrededor suyo el clima se va volviendo intenso y violento, y la mujer va recurriendo a todo lo que tiene a mano para condenar al o los culpables, ya que de a poco Seyo empieza a darse cuenta que no se trata de un acto casual o aislado sino que es algo mucho más organizado o hasta con conexiones políticas.
Prosecution va contando muy bien, al menos durante sus dos primeros actos, lo que sucede en los pasillos del poder, las tensiones en el juicio en sí, la necesidad de Seyo de contratar a otra abogada (Julia Jentsch) y la manera en la que la mujer no le teme a nada, pese a las constantes amenazas que recibe. La realizadora Faraz Shariat construye una heroína que, más allá de sus deslices legales, se comporta casi como una vengadora de película de superhéroes. Vestida siempre de cuero, con un cigarrillo en la mano, actitud muy segura, lesbiana y sin miedo a nada ni a nadie, por momentos parece más una construcción ideal que un personaje real. Es comprensible que Shariat quiera presentar un personaje femenino activo y confiado que no se victimice, pero por momentos exagera la credibilidad de la propuesta.
Entre esos márgenes se mueva esta película alemana premiada en Panorama. Tomada desde su lado más serio, es no solo una crítica a la violencia de la extrema derecha en Alemania sino a cómo muchas veces se la protege desde el poder mismo, sea por afinidad ideológica o por la supuesta «objetividad» del sistema judicial que no considera las opiniones personales de los implicados como un tema relevante. Pero en paralelo a eso, Shariat cede a la tentación de crear un cuento de hadas judicial que recuerda más a thrillers convencionales que a films que reflexionan con profundidad sobre los temas que tratan. En la última parte y a partir de un insólito incidente con la policía, Prosecution deja de tomarse en serio a sí misma y se convierte casi en una película de acción que podría titularse La fiscal vengadora. Quizás la decisión de hacerla así le gane a la película el aplauso de la platea, pero le quita potencia dramática real.



