Berlinale 2026: crítica de «The Ballad of Judas Priest», de Sam Dunn y Tom Morello (Special Midnight)

Berlinale 2026: crítica de «The Ballad of Judas Priest», de Sam Dunn y Tom Morello (Special Midnight)

por - cine, Críticas, Festivales
15 Feb, 2026 03:15 | Sin comentarios

Este documental se ocupa de contar la larga y complicada historia de la banda clave del heavy metal británico, con más de 50 años de carrera.

Se puede discutir hasta el hartazgo cuáles fueron las bandas fundamentales del heavy metal: las fundadoras, las más relevantes, las que fueron clave en su desarrollo. Pero ninguno de los debates podrá evitar centrarse en Judas Priest. Quizás no fue la fundadora del género –esa distinción le cabe a Black Sabbath–, pero la banda fue la que codificó, años después, buena parte de su gramática y estética, tanto en la forma como en la imagen. En el primer caso, dejando cada vez más de lado las conexiones con el blues y el hard rock tradicional para incrementar los tempos, la precisión rítmica, el ataque percusivo y aportar el sonido de dos guitarras armonizando en paralelo. Y, en lo visual, creando esa estética ligada al cuero negro que los caracteriza, especialmente a su cantante, Rob Halford.

Pero además del cuero, Judas Priest aportó una estética industrial, marcial y fetichista que rompió con el look un tanto más hippie del hard rock setentista: tachuelas, pinchos, gafas espejadas, botas, gorras militares y una silueta rígida y amenazante que traducía visualmente la agresividad del sonido. Al incorporar elementos de la cultura biker y del imaginario BDSM, ayudaron a codificar una iconografía metal reconocible que luego adoptarían centenares de bandas en todo el mundo, entre fines de los años ’70 y principios de los ’80.

Esa historia se inició en los West Midlands británicos, más precisamente en Birmingham –zona industrial, contaminada, cuna de incontables bandas de metal incluyendo también a Sabbath– y estuvo atravesada por cambios, complicaciones y penurias hasta llegar a la masividad casi una década después. De ahí en adelante volvieron a sufrir una serie de problemas (algunos entre ellos y otros ligados a juicios y acusaciones) y todo ese combo es lo que se cuenta en The Ballad of Judas Priest, un documental sencillo y directo codirigido por Tom Morello, fan acérrimo de la banda que, además de hablar con todos sus miembros -Halford sigue igual de lúcido y está en gran estado a sus 74 años– se reúne para conversar con otros fans, incluyendo a Dave Grohl, Jack Black, Billy Corgan (Smashing Pumpkins), Kirk Hammett (Metallica), Darryl McDaniels (de Run DMC), Scott Ian (Anthrax), Lzzy Hale (Halestorm) y el gran Ozzy Osbourne, suerte de hermano mayor de todos ellos.

El documental en sí es cronológico, directo, con mucho material de todas sus épocas, destacando sus cambios estéticos, sus difíciles primeros años y su éxito fulgurante en los ’80 gracias a adoptar la estética del cuero y a éxitos pegadizos y popularizados por MTV como lo fueron Breaking the Law, Painkiller, Living after Midnight y muchísimos otros. El cambio de look, primero, los problemas que tuvieron cuando los acusaron de haber sido responsables –por sus letras– de la muerte de un joven y el consecuente juicio, las crisis y separaciones de los ’90 y la posterior salida del closet de Halford son algunos de los ejes que irán mechando un relato clásico que, como ellos mismos bromean, por momentos se asemeja al de la banda Spinal Tap, especialmente por sus constantes cambios de bateristas.

Entre lo más interesante está el análisis musical específico ligado al uso de la voz de Halford, al trabajo con las dos guitarras de K.K. Downing y Glenn Tipton –el primero dejó la banda en 2011 y solo apareció con ellos esporádicamente desde entonces, y el segundo hoy participa poco ya que sufre Parkinsons–, a la relación con sus fans, a la lógica teatral de sus presentaciones escénicas, al uso operático de la voz de Halford y a otros detalles de la carrera de una de las pocas bandas de metal que, con 50 años de historia, sigue manteniendo a casi todos sus miembros vivos y activos.

Seguramente los devotos fans de Priest tendrán toda esta información de memoria, pero verlos recordar sus pasos, mirar sus viejos videos y explicar sus cambios, sus idas y vueltas vale la pena para ellos también. Para que no somos tan cercanos a la estética y a la música de la banda –o los que tenemos una conexión más atravesada por la mirada de Beavis & Butthead–, la devoción que expresan los músicos para con ellos (Hammett llora cada vez que los menciona) es conmovedora e invita a explorar una discografía que, como explica Grohl, está llena de los vaivenes propios de la gran historia del rock and roll.