
Berlinale 2026: crítica de «The Weight», de Padraic McKinley (Special Gala)
Un convicto en el interior de Oregón durante la Gran Depresión de los años 30 debe contrabandear una fortuna en oro a través de un territorio peligroso para salvar a su hija. Con Ethan Hawke y Russell Crowe.
Qué año extraordinario el de Ethan Hawke! Actor querido por todos, visto en centenares de películas, pero nunca del todo reconocido por su talento, este año lo culmina con una trifecta impecable, una que empezó en la Berlinale 2025 con Blue Moon, por la que ahora está nominado al Oscar, siguió con su espectacular personificación de un periodista rebelde en la serie The Lowdown y ahora lo cierra como el presidiario rebelde de The Weight. Son, además, tres películas muy distintas que demandan cosas muy diferentes del actor, que pasa de una caracterización llamativa a un rol –como el de la serie– que parece hecho a medida, a esta suerte de fallido antihéroe de acción de los ’70 en una película que homenajea a ese tipo de relato. Y en todas está fantástico. Y en todas es el centro de las miradas.
The Weight es un thriller de supervivencia puro y duro, de esos que se hacían mucho en los años ’70 (Deliverance, Sorcerer, Perros de paja), además de beber mucho del cine de cineastas como John Carpenter y Walter Hill. Es, en un sentido estricto, lo que se llama una mission movie: un film en el que un personaje –o, como en este caso, un grupo– tiene que completar una compleja misión en la que deben lidiar con enemigos conocidos y no tanto, con la naturaleza en sí y con las autoridades, y además entre ellos mismos. Todo en packaging intenso, con pocos diálogos que no sean funcionales a la acción y con un respeto absoluto a las reglas minimalistas de la Clase B. Por algunas debilidades estructurales no llega a ser la obra maestra que podía haber sido, pero es de esas películas populares, accesibles, inteligentes y adultas que ya casi no se hacen.

En plena época de la Depresión, Murphy (Hawke) cae preso porque queda en la calle y, mientras busca un piso donde poder alojarse con su hija, tiene una violenta pelea con policías de civil. El hombre va a la cárcel pero su hija queda sola en un hogar y Murphy necesita salir pronto para que la chica no entre al sistema de adopción y la separen definitivamente de él. Detenido, se suma a un grupo que trabaja duro con intenciones de que les reduzcan la sentencia. Estando allí, Murphy –que es muy hábil como mecánico– impresiona a Clancy (Russell Crowe), que comanda la operación. Y pronto el hombre lo enlista para una tarea peligrosa.
Sin entrar en detalles, lo que necesita es que Murphy y un equipo trasladen cuatro bolsas con lingotes de oro a través de los bosques de Oregon (la película fue en realidad filmada en bosques de la zona de Bavaria, en Alemania) para que evitar que el estado nacional los requise en esa época de crisis y necesidad. Es una operación un tanto ilegal, pero Murphy y los suyos deben hacerla igual si quieren negociar sentencias más cortas o hasta la libertad. El grupo que lo acompaña es variopinto –algunos más amables, otros más politizados, unos más un tanto violentos, a los que se les une luego una indígena– y está a la vez supervisado por un par de agresivos guardias.
Y de eso va The Weight. De los inhóspitos recorridos, los desafíos físicos, las luchas contra la naturaleza (un punte que no resiste todo el peso que necesitan, un río que se los lleva para donde quiere), contra la gente que los persigue y, sobre todo, la que va generándose entre ellos mismos, ya que todos sospechan del de al lado y de sus intenciones. De todos los daños físicos que los personajes acumulan a lo largo del film, la mayoría proviene de golpizas y peleas entre los presidiarios a bordo de la misión. Además de eso, tomando en cuenta las características un tanto sospechosas de la misión, ninguno está seguro si las autoridades cumplirán con lo que les prometieron.

El rol de Crowe es breve –aparece en la primera y en la última parte del film– pero le otorga un peso y una seriedad al desafío que se siente a lo largo de sus dos horas. La película de Padraic McKinley (que pese a ese nombre no es irlandés sino estadounidense) no intenta cambiar la lógica ni el formato de un tipo de películas que ya se hacían de más o menos similar manera en tiempos de El tesoro de Sierra Madre, de John Huston, otra fundamental referencia. Cada personaje representa una «tipología» distinta, hay monólogos íntimos, algún conato de romance, escenas de abuso sexual y solo faltan los acentos de cada estado que distingue a los miembros del pelotón.
Pero dentro de ese paquete standard de película de cuerpos en movimiento y en riesgo, The Weight funciona muy bien. Uno puede agregarle una lectura social ligada al origen humilde de la mayoría de los personajes en relación a la cantidad de oro que manejan en esas peripecias, pero McKinley no pone allí el acento sino en crear un relato de aventuras y suspenso de alta tensión que transcurre casi un siglo atrás. La persecución automovilística que tiene lugar en un momento clave entre dos antiguos autos Ford Modelo 18 tiene la misma o mayor intensidad de la que tendrían hoy los coches de una secuela de Rápido y furioso. Y el efecto de la película pasa por ahí: un thriller de supervivencia en el que el dinero funciona como «el conejo» al que todos persiguen. Algunos, para quedárselos. Otros, como el bueno de Hawke (perdón, de Murphy), para recuperar a su querida hija.



