Berlinale 2026: crítica de «Wolfram», de Warwick Thornton (Competición)

Berlinale 2026: crítica de «Wolfram», de Warwick Thornton (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
17 Feb, 2026 11:43 | Sin comentarios

En la Australia de los años 30, dos hermanos indígenas escapan de la explotación en un pueblo minero y atraviesan el desierto en busca de hogar, libertad y su verdadera historia familiar.

El realizador australiano Warwick Thornton es un fiel heredero de la tradición del western y aquí regresa al universo de su película más conocida, Sweet Country (2017) para contar otra historia que tiene similares elementos de violencia, racismo y crueldad contra los habitantes originarios de la zona. Todo transcurre en la frontera colonial de Australia en la década de 1930 y la historia se va desarrollando a través de un grupo diverso de personajes. Por un lado están dos chicos aborígenes –Max (Hazel Jackson) y Kid (Eli Hart)– que trabajan para los dueños blancos que se escapan a través de desierto cuando un par de forajidos –Casey (Erroll Shand) y Frank (Joe Bird)– llegan al pueblo con las peores intenciones imaginables. Mientras se madre se escapa por su cuenta y los busca, otro joven del mismo origen es igualmente maltratado y avasallado por este par de violentos lúmpenes.

De a poco, Wolfram va armando una estructura que funciona casi como espejo de la sociedad contemporánea, encontrando lazos de solidaridad entre los pueblos originarios que van siendo atacados y violentados por los terratenientes. A su manera, no es muy distinto a lo que se ve en las noticias todos los días. Mientras los jóvenes escapan y tratan de sobrevivir en un ámbito áspero en el que no tienen muchas posibilidades de avanzar y crecer más que trabajar para algún master menos cruel y violento que otro, aparecen también los inmigrantes chinos, que tratan de desarrollar sus tareas siendo también víctimas de similar racismo, aunque con más elementos para defenderse.

En un escenario de película del Oeste sin ley –pero en Australia–, lo que Thornton cuenta no es demasiado distinto, en el fondo, a lo que narra Una batalla tras otra, de Paul Thomas Anderson, ya que se trata de un film en el que sus protagonistas jóvenes se mueven tratando de sobrevivir gracias a una suerte de red de contención que les permite no quedar solos ni abandonados a la suerte de los criminales de turno o de una justicia que mira para otro lado. Thornton no subraya la comparación con la situación actual pero, a medida que avanza el relato, se va haciendo más evidente.

Pese a los interesantes temas que analiza, Wolfram no termina de ser del todo convincente como relato: confuso, distribuido en varios escenarios a la vez, con personajes difusos y actitudes por lo menos caprichosas, la película de Thornton no tiene la misma potencia dramática que Sweet Country ni una lógica narrativa consistente. Como la reciente Eddington, esta película es una idea que se apoya en la lógica y la metodología del western, pero que no llega –salvo por algunos momentos y escenas– a funcionar como tal.