
Berlinale 2026: crítica de «Yellow Letters» («Gelbe Briefe»), de Ilker Çatak (Competición)
La vida de una pareja del mundo de la cultura en Turquía –él, autor; ella, actriz– se desarma de golpe cuando empiezan a ser perseguidos políticamente y perdiendo sus trabajos. Ganadora del Oso de Oro del Festival de Berlín.
En una de esas situaciones un tanto irónicas de las que están llenos los festivales de cine, el mismo jurado presidido por Wim Wenders que dijo algo así como que «el arte y la política no deberían mezclarse» terminó dándole el Oso de Oro del Festival de Berlín a Yellow Letters, una película en la que, más que cualquier otra cosa, arte y política se mezclan constantemente. Quizás para escapar de las acusaciones que recibieron de casi todo el mundo, el jurado se sintió con la necesidad de dar una sutil marcha atrás premiando esta coproducción turco-alemana.
En el fondo el giro no fue tan radical, ya que la película del realizador de la nominada al Oscar El salón de profesores (The Teachers’ Lounge), si bien es un film que pone a la situación política de Turquía en el centro, lo hace de una manera tan poco específica y generalista que bien podría ser un país en el que se toman medidas un tanto dictatoriales, que está en «varias guerras» y que ataca y censura a los que se oponen, inclusive en redes sociales. Pero no hay nombres ni caras ni datos concretos, más allá de alguna bandera ucraniana u otra palestina dando vueltas en manifestaciones. Todo es más una cáscara que otra cosa.
İlker Çatak usa esta situación de tensión política como contexto y disparador del drama que atraviesa de la familia que la protagoniza. La película fue filmada en Alemania, con Berlín y Hamburgo haciendo las veces de Ankara y Estambul –el film no disimula su «trampa», sino que lo anuncia con carteles–, y empieza con el estreno de una obra política creada y dirigida por Aziz (Tansu Biçer) y protagonizada por su esposa Derya (Özgü Namal), suerte de estrellas del teatro oficial turco. Al terminar la función, Derya va a su camarín y no tiene ganas de salir a posar en una foto con un importante funcionario. Y ese detalle que puede parecer menor es una compuerta que se abre a algo parecido al horror.

Aziz es docente universitario –ese es su trabajo principal, el mejor remunerado– y es suspendido junto a un grupo de colegas considerados críticos y rebeldes. Y de a poco empiezan a caer otras fichas: el teatro oficial en el que se daba la obra se ve obligado a cancelarla, luego la despiden de ahí a Derya, en el edificio en el que viven les hacen notar que su presencia los incomoda, la oficina de Aziz es violentada, hay gente que parece seguirlos y hasta vigilarlos en la puerta de su casa, y así… Sin trabajo ni dinero, no les queda otra opción que mudarse a Estambul con la madre de Aziz, lo cual implica también sacar a Ezgi (Leyla Smyrna Cabas), su hija adolescente, del colegio. Y llevarla a vivir con su abuela, quien parece muy simpática y amable, pero con la que la chica –esto es algo que se dice, pero jamás se ve ni se siente– no tiene una gran relación.
Preocupados por el futuro de su hija (si podrá ir a un colegio privado o seguir con sus clases de guitarra), Aziz y Derya se van acomodando a la nueva realidad: él acepta un trabajo como taxista y ella trata de conseguir un papel en alguna serie o telenovela, algo que nunca estuvo en sus planes ya que se la considera una actriz seria. Y en el medio tratan de recuperar sus antiguos trabajos o de generar alguno nuevo ligado al teatro independiente. Nada les será fácil y eso, de a poco, irá haciendo mella en la estabilidad familiar: entre la pareja y con la independiente Ezgi.
Çatak comienza el film de un modo cercano al thriller político. Mientras caen las malas noticias y uno no entiende realmente el motivo –más allá de declaraciones públicas, críticas a las autoridades en redes sociales y no mucho más–, la sensación de tensión y peligro crecen. Pero en el fondo el interés del realizador pasa por otro lado: tomar este tipo de situación y de experiencia para mostrar cómo va talando la vida de los que la sufren. La mejor parte del film está en su primera hora, cuando esta pareja burguesa y refinada se ve forzada a pedir dinero, tomar trabajos que ellos no consideran a su altura y lidiar con personas que no suelen ser parte de su universo burgués y del mundo de la cultura.

Como sucede en muchos films recientes –pienso en la también alemana Prosecution o también en otras que utilizan los comportamientos impulsivos de adolescentes como excusas narrativas–, Gelbe Briefe en un momento decide levantar la apuesta en términos de tensión y de suspenso de una manera completamente fuera de contexto, forzada y caprichosa. A partir de ahí, lo que parece ser un mesurado, sutil y por momentos inteligente drama sobre una familia que debe cambiar de vida por las presiones políticas intenta volverse un thriller y hasta un caprichoso e injustificado drama matrimonial. Y lo hace de manera torpe, saltando etapas dramáticas y creando situaciones inverosímiles solo para poder intensificar el ritmo. Hasta cierto punto el carisma de los protagonistas (especialmente Namal, muy parecida acá a Dolores Fonzi) lo sostiene todo. Pero llegado cierto momento ni con eso alcanza.
No solo eso. Si bien el clima político es clave, en un momento queda en un segundo o tercer plano, como si en el fondo no fuera tan importante. Hay una escena clave en ese sentido –allí, Aziz abandona un juicio que se le hace en Ankara y se vuelve a Estambul porque su hija tuvo una pelea menor e intrascendente con su abuela– que deja en claro por dónde pasan las prioridades de la película. Y el tema de los secretos, de ocultarse mutuamente informaciones entre los miembros de la familia, se utiliza del mismo modo caprichoso: no tiene lógica narrativa pero empuja las crisis. Cuando un realizador decide tirar la credibilidad por la borda para generar efectos dramáticos, todo el andamiaje creado se descompone. No arruina por completo a Yellow Letters, pero la banaliza, la vuelve pedestre, manipuladora y falsa. Y es una lástima, porque claramente hay una mejor película que se pierde adentro de esta otra.



