Estrenos online: crítica de «En un abrir y cerrar de ojos» («In the Blink of an Eye»), de Andrew Stanton (Disney+)

Estrenos online: crítica de «En un abrir y cerrar de ojos» («In the Blink of an Eye»), de Andrew Stanton (Disney+)

por - cine, Críticas, Estrenos
27 Feb, 2026 07:44 | Sin comentarios

Tres historias interconectadas que van desde la Tierra prehistórica hasta el espacio profundo exploran los frágiles vínculos entre padres, hijos y el concepto del tiempo.

Mientras veía En un abrir y cerrar de ojos pensaba en el muy diferente conjunto de habilidades que se requiere para dirigir una película con actores en el mundo real y otra de animación. Andrew Stanton, un realizador de excelentes films animados como Buscando a Nemo y WALL-E –probablemente dos de las mejores producciones de la historia de Pixar–, hace un segundo intento aquí de llevar esos talentos al mundo real después del fracaso de John Carter. Y vuelve a fallar. ¿Hay alguna explicación para que esos talentos no se muevan de un formato a otro? ¿Dónde se produce el quiebre?

De hecho, In the Blink of an Eye podría –al menos dos de sus tres historias– haber sido un film de animación. Y si uno se toma el trabajo, al verlas, de imaginarlas en ese formato, se daría cuenta que podrían funcionar mucho mejor que lo que lo hacen aquí. Hay algo en ese tono entre recargado y sentimental que bordea lo empalagoso que es más tolerable en películas para un público infantil. Y sus diálogos bien podrían ser dichos por un personaje animado pero que, en la boca de un ser humano, suenan entre blandos e inanes. Pero Stanton filmó este supuestamente celebrado guión de Colby Day (figuraba en la llamada «Black List» que compila los mejores que circulan por la industria) con actores en vivo. Y el pequeño encanto que podría tener se esfuma casi por completo.

La película narra tres historias separadas en el tiempo pero interconectadas por lazos que se irán descubriendo con el paso del tiempo. Una de ellas transcurre al final de la era de los Neandertales y se centra en una familia solitaria –se da a entender que son los últimos de esa especie– que trata de sobrevivir a las inclemencias del tiempo y la naturaleza. Sin subtítulos y hablado en algún idioma inventado para la ocasión, es una suerte de cuento familiar de supervivencia y –a partir de algunos eventos– inesperadas conexiones.

La segunda, que se entrecruza todo el tiempo con las otras dos, transcurre en el presente y bien podría ser la película entera, con las otras dos partes como introducción y coda. En ella, Rashida Jones encarna a Claire, una antropóloga que investiga restos fósiles que, es claro de entrada por un detalle que los conecta, son de aquellos seres del Paleolítico. La mujer inicia una relación con un colega llamado Greg (Daveed Diggs) mientras se ocupa de su madre enferma y lidia con el dolor que le produce no poder hacer nada para ayudarla.

La tercera historia –la más parecida a WALL-E de todas– tiene como protagonista a la comediante Kate McKinnon en un rol inusualmente serio. Es Coakley, una mujer astronauta un tanto especial que, en el siglo XXV, viaja en una nave interestelar a habitar un nuevo planeta en compañía de plantas, embriones humanos y una IA llamada ROSCO (con la voz de Rhona Rees), que es como una mezcla sensible entre el HAL de 2001: Odisea del espacio y un avanzado ChatGPT. En la nave comienzan a haber algunos problemas y hay que tomar algunas decisiones drásticas.

Stanton va y viene entre estas tres historias que parecen haber sido re-editadas dejando afuera muchísimo material dramático, por lo que cada una de ellas no es otra cosa que un apresurado cortometraje que intenta tornar en drama algunas decisiones que tienen que tomar los personajes. La mayoría de estas decisiones están ligadas a padres, madre, hijos y una descendencia no convencional que atraviesa generaciones y miles de años. La última parte de cada una de estas historias es tan apresurada y tan sobregirada respecto a su súbito interés en el tema del tiempo –asunto que no parecía central hasta ahí– que hasta parece pertenecer a una secuela o segunda temporada.

La estética publicitaria del film no ayuda mucho y menos aún cuando en un momento aparece un CEO de una compañía dando un discurso ante un público efusivo mientras presenta clips de un invento supuestamente revolucionario. No diremos quién es ni qué representa, pero de golpe el film entero pasa a parecerse a ese infomercial que podría verse sobre el escenario mientras esa persona da sus anuncios. Y eso, de golpe, transforma a En un abrir y cerrar de ojos de una película blanda y algo ñoña en una especie de publicidad extraña para alguna siniestra corporación de aparentes buenas intenciones. Tomando en cuenta cómo viene este presente controlado por estos grandes billonarios que acumulan más y más poder, la aparente amabilidad de la película de Stanton se transforma en la más amarga de las medicinas. Y eso no lo salva ni siquiera la animación.